Descubrí a Joan Manuel Serrat por curiosidad, a comienzos de los ´80, a mis trece años, durante un viaje a la Patagonia, mientras pispeaba la extraordinaria colección de música en casettes dispuesta en la casa de Marcos Silva, uno de mis tíos más queridos. Así comenzó mi romance con el catalán nacido en Pueblo Seco en 1943 y que esta semana, a sus 82 años, ya retirado de los escenarios y muy a gusto de esa condición, volvió a Mendoza para recibir el Doctorado Honoris Causa de la UNCuyo y el cariño de tantos.
Joan Manuel Serrat y el eterno retorno de un hombre bueno que emociona
La visita del cantautor catalán Joan Manuel Serrat a Mendoza para recibir el Doctorado de la UNCuyo fue un capítulo más de un romance que traspasa generaciones
A propósito de las vivencias de estos días por la presencia del Nano, pregunto ¿por qué Joan Manuel Serrat emociona hasta las lágrimas no sólo a quienes conocemos sus canciones y poesías sino también a quienes jamás canturrearon Mediterráneo?
¿Será por la sencillez de las letras de sus composiciones? ¿O por su amabilidad, convicción y don de gente para pedir con un broma que apaguen los celulares en una conferencia de prensa y hasta para criticar a los regímenes de turno en Argentina o Estados Unidos? ¿O porque es simplemente un cantante?
Regresé de aquel viaje a la Patagonia, iniciático para mí en varios aspectos -incluso en eso de descubrir a Joan Manuel Serrat- sabiendo casi de memoria no sólo Mediterráneo sino también Fiesta, Lucía y Señora, ésta última dedicada a las suegras por excelencia. Ya sé que no soy un buen yerno, soy casi un beso del infierno pero un beso al fin... señora.
Joan Manuel Serrat, un hombre bueno
Este jueves, al cierre de una conferencia de prensa en La Nave Cultural, me atreví a decirle "Gracias por tu música" obsequiándole un ejemplar de mi novela La Noche del Terremoto. No hallé otra forma más sincera de agradecimiento, que él correspondió con una sonrisa y un breve diálogo acerca de los temblores en Mendoza mientras observaba la tapa del libro.
Joan Manuel Serrat: Quino, el otoño y el mundo de hoy
Se fue Joan Manuel Serrat de Mendoza ¿Puede volver quién nunca se ha ido? Otra duda sin resolver, aunque creo que Serrat nunca se va de Mendoza. Así lo demostró esta semana el brillo de sus ojos cuando habló del amigo Quino -lo recordó refiriéndose a una viñeta compartida por Mafalda y Miguelito- y del vino y el otoño mendocinos.
También habló de la infancia y de la suya propia, pero no todo fue pasado. Hubo presente. Y mucho. Habló del "anarcocapitalismo" y de las tiranías que aprovechan para colarse en las democracias. Y habló de los jubilados, "que cada miércoles reclaman mejoras y sólo encuentran policías y vallas".
Y habló de la reforma de las leyes laborales, "que fijan condiciones muy duras para los obreros y la pérdida de derechos históricos". Y dijo haber visto, desde su arribo al país, "menos coches en las calles" como un indicador de la crisis y del destino que la gente le da a su dinero como prioridad.
Y sin nombrarlos criticó a Javier Milei y a Donald Trump y -ya después de recibir el Doctorado- arengó a cantar "para espantar a los demonios", como una forma de resistencia. A su imagen y semejanza, como desde mediados de los ´60, cuando dejó el ejercicio de la Agronomía para dedicarse a hilar con precisión de orfebre música y poesía con la palabra, la guitarra y la observación sociopolítica como únicas y exclusivas herramientas.
Joan Manuel Serrat también habló del futuro y de la pena que le provoca, pensando en los tiempos que vienen, que su canción Padre (están matando la tierra...) siga tan vigente como cuando la compuso hace más de cincuenta años, ahora frente a un escenario cada vez más acentuado de calentamiento global y de pérdida irrecuperable de recursos naturales para deleite y ganancias del capitalismo.
Y también habló del agua que baja de la montaña y llega al desierto. Y fue uno más en defender el uso de ese recurso indispensable para el desarrollo, como ya lo habían hecho sobre el escenario Ciro, Los Piojos y Las Pelotas, entre otros artistas foráneos.
La sonrisa y el trabalenguas del catalán
Joan Manuel Serrat se fue de Mendoza una vez más. Pero, ¿puede irse quien que se queda entre nosotros y vive a través de su poesía y sus canciones y sus ritmos?
¿Volverá?
Tengo la certeza de que Serrat siempre vuelve y que cada vez nos conmueve con sus letras y acordes. Y con su mirada aguda y su tono amabilísimo.
Y con la sonrisa a flor de labios y sus trabalenguas en catalán.
Y con la palabra justa y propia del hombre sabio, del trotamundos que abrazó para siempre el oficio del artista.
Joan Manuel Serrat siempre está porque más allá del éxito y de sesenta años de vigencia en el mundo más allá de la música, de los vítores y de los aplausos es, a fin de cuentas, un hombre bueno.
De ésos que emocionan. De ésos que no abundan. Y que son indispensables.







