Romper el equilibrio de un ecosistema puede ser una tarea sencilla, lo realmente difícil es restaurarlo. Este caso es un claro ejemplo, un pez que fue introducido para fomentar la pesca deportiva terminó alterando por completo el equilibrio de los ríos y embalses.
Introdujeron un pez de Estados Unidos en España hace 70 años y hoy altera la biodiversidad de ríos
Este pez altera las cadenas tróficas y compite con especies nativas, siendo catalogado como una de las invasoras más dañinas del mundo

La historia comenzó en 1955, cuando el entonces Servicio Nacional de Pesca Continental, Caza y Parques Nacionales de España impulsó la introducción de la perca americana o black bass con fines exclusivamente recreativos, es decir para la pesca deportiva.
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El pez que llegó para impulsar la pesca deportiva y acabó amenazando los ecosistemas de agua dulce
Estos peces fueron traídos desde Francia, aunque su origen biológico se encuentra en la cuenca del río Misisipi, en Estados Unidos. Antes de ser liberados, los ejemplares fueron criados y aclimatados en la Piscifactoría de Aranjuez. Sin embargo, lo que parecía una apuesta por la pesca deportiva terminó convirtiéndose en un problema ambiental.
Este pez posee una dieta muy variada: se alimenta de insectos acuáticos, peces, anfibios, pequeños reptiles e incluso mamíferos. Además, los ejemplares jóvenes son especialmente adaptables, lo que favorece su supervivencia y expansión. Desde 2013, esta especie forma parte del Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y también está incluida entre las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo.
¿Por qué este pez representa un peligro?
La perca americana puede superar los 40 centímetros de longitud y prospera en aguas cálidas, tranquilas y con abundante vegetación, como embalses, lagunas y ríos de curso medio y bajo. Su presencia altera las cadenas tróficas, reduce las poblaciones de especies autóctonas y pone en riesgo la biodiversidad de los ecosistemas de agua dulce.
Además, compite por alimento y espacio con las especies nativas y puede transmitir parásitos y enfermedades a la fauna local. Debido a su impacto ecológico, la normativa española establece que, si se captura un ejemplar en un tramo de agua no considerado histórico para la especie, está estrictamente prohibido devolverlo vivo al agua. En esos casos, debe sacrificarse de inmediato para evitar su propagación.