Fueron 5 horas frenéticas. Fueron 235 kilómetros vertiginosos. Fue una mañana absurda, que podría haber sido trágica pero que terminó siendo casi graciosa y que se sumó a las historias más desopilantes de la zona, una historia que recorrió el mundo.
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Fue la mañana del 26 de diciembre de 2007 y quizás haya comenzado como una broma, secuela de algún festejo navideño.
Ese día una locomotora sin maquinista recorrió 235 kilómetros, sin control ninguno. La unidad salió de Palmira a las 9.40 de ayer y logró ser detenida recién en el paraje Los Cazadores, en San Luis, a las 14.40. Atravesó varios centros densamente poblados y más de 50 pasos a nivel sin producir víctimas ni daños.
La locomotora era la número 5557, modelo GA 8, equipada con un motor diesel General Motors y que estaba destinada para realizar tareas en la playa de maniobras de Palmira.
A las 9.40, cuando tenía el motor en marcha y el maquinista L.M. se había bajado, la locomotora comenzó a recorrer la vía principal, con dirección al Este.
Eran las 9.40. Por el equipo VHF se escuchó:
"M., ¿hacia dónde se dirige?".
"A ningún lado – dijo el nombrado- Estoy en el comedor, desayunando"
"¿Y quién está a cargo de la 5557?"
"Yo".
"Le aviso que la máquina está dirigiéndose por la vía principal, hacia el Este y a punto de salir de la playa".
A partir de allí todo el personal entró en alerta. Un maquinista sugirió perseguir inmediatamente a la 5557 con otra locomotora, pero la maniobra fue considerada muy riesgosa y los responsables de la playa no la autorizaron.
A las 9.55, cuando ya el personal de ALL (todavía esta línea no había regresado al Estado) vio que no había posibilidad de resolver en forma inmediata el problema, se decidió llamar a la Policía. "Una locomotora sin conductor salió de playa de Palmira y se dirige hacia el Este. Esta acelerada en punto 2."
Luego vendrían más de cuatro horas de incertidumbre y, finalmente, el efectivo operativo de recaptura de la locomotora, en Cazadores, San Luis.
El maquinista había dejado acelerado el motor diesel de la 5557 en punto 2, en una escala que va de 0 a 8. Esta práctica es común entre los maquinistas y no implica riesgo, siempre que estén en funcionamiento los sistemas de seguridad.
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Estos sistemas son dos: el de frenos y el denominado "hombre muerto",
que habría sido el que falló.
El "hombre muerto" es un pedal ubicado en el lugar donde está el maquinista y que debe ser pisado por el pie derecho del conductor para permitir que la locomotora esté en marcha. El sistema fue diseñando para que, ante cualquier desmayo o descompostura que sufra el
maquinista, el pedal quede liberado y la locomotora se frene.
Los conductores, principalmente en trayectos largos, tienen la costumbre de trabar con una cuña este pedal y así pueden desplazarse libremente por toda la cabina de comandos.
Por algún motivo el "hombre muerto" de la 5557 no funcionó
Cuando salió de la playa, sin vagones enganchados, la máquina comenzó a trepar la leve cuesta que existe entre Palmira y la calle Corvalán, en el límite oeste del casco céntrico de San Martín. Allí desarrolló una velocidad cercana a los 40 kilómetros por hora y ya no pudo ser alcanzada por los operarios de la empresa.
Desde ese punto y durante los 190 kilómetros siguientes, hasta la localidad de Beazley, en el corazón de la provincia de San Luis, una suave pendiente negativa hizo que la locomotora ganara velocidad. En algunos puntos llegó a los 100 kilómetros por hora.
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Ya la máquina era un grave riesgo y las policías de Mendoza y San Luis destinaron personal para custodiar los pasos a nivel más transitados.
En Beazley la locomotora pasó a unos 60 kilómetros por hora. “Yo la vi pasar como a las 13.40 e iba muy rápido”, relató Lidia Quiroga (53) vecina de esa localidad.
A esa altura el plan de los operarios de ALL era aprovechar la cuesta que se inicia en Beazley y que va hasta el sector del distrito de La Zanjita, imaginando que ese desnivel haría que la máquina disminuya su velocidad. Además ya estaba preparada otra locomotora en una vía de maniobras que sería ubicada delante de la máquina sin control. “Antes quisimos treparnos unas tres veces, pero fue imposible porque todavía iba muy rápido y la locomotora no tenía estribos seguros”, dijo Mariano Astudillo, jefe de la Brigada de Incendios Forestales de la provincia de San Luis.
Finalmente, a unos 35 kilómetros de Beazley, en un pequeño pueblo llamado Los Cazadores y en donde viven apenas unas 10 familias, la máquina terminó deteniéndose, gracias a la pérdida de velocidad por la pendiente y ayudada por la otra locomotora.
La historia fue seguida por transmisiones en vivo de canales de Buenos Aires y en los días siguientes la historia se replicó por los medios del mundo.
Hoy es una anécdota curiosa.
