Al heredar la casa, la mujer neoyorquina sabía que tenía muchísima suerte de ser propietaria de esta propiedad, pero la casa tiene 100 años y necesitaba importantes reformas. Sin embargo, nunca imaginó lo que encontraría.
Heredó una casa, notó olor a podrido y al revisar halló algo perturbador
Hace dos años, la abuela de Gia falleció, dejándoles su casa a Gia y a su hermana. Cuando una mujer neoyorquina heredó la casa, sabía que vendrían retos respecto a la nueva reforma, pero no esperaba verse atormentada por un olor en particular.
Con la reforma en marcha, empezaron a derribar las paredes, encontrando mucho más de lo esperado. Si bien hacer cambios en una propiedad centenaria ha llevado a descubrimientos extraños y maravillosos, gran parte de lo que esta mujer ha encontrado está lejos de ser agradable.
Además de tener problemas relacionados con el suministro de gas y el sistema eléctrico, Gia tuvo que pasar mucho tiempo en el interior de la casa. Fue entonces cuando se percató del olor, aunque no le prestó demasiada atención porque una plaga de ratones dejó el sótano con un olor característico.
A partir de ese momento todo empezó a cambiar: el olor la perseguía, empezaba a empeorar incluso con el calor del exterior. Lo describió como olor a carne podrida remojada en leche agria. Un olor nauseabundo, pero no insoportable, sino rancio.
Cansada de no saber de dónde provenía la peste, empezó a investigar un espacio de acceso restringido debajo de la terraza que no había tenido presencia humana en al menos 20 años.
Un día caluroso, al entrar en ese espacio, Gia pronto descubrió que el olor provenía de una ampliación que había hecho su abuelo para guardar cosas. Intrigada, decidió investigar más a fondo. Al principio pensé que el mal olor provenía de un perro, pero lo que vio en ese momento fue una imagen borrosa de órbitas oculares, un hocico de piel correosa y momificada.
El macabro descubrimiento la dejó impactada: se trataba de un mapache. Además, encontró el cráneo de una zarigüeya, un pájaro, algunos huesos de pollo sueltos y, lo peor de todo, un gato momificado.



