Hace 8 meses, cinco móviles llegaron a la casa de un matrimonio que vive en Rivadavia. El objetivo de tal despliegue policial, era llevarse a AG, la bebé de dos años y medio que el matrimonio y sus dos hijas biológicas cuidaban desde hacía 18 meses.
Hace ocho meses que no ven a su hija, pero siguen peleando por ella

La realidad es que AG iba a ser legalmente adoptada con una de las parejas inscriptas en el Registro Provincial de Adopciones (RPA), y por eso tenían que retirarla de la casa en la que vivía con su familia cuidadora.
Pero, lo que la ley y la justicia no contemplaron, es que no se trataba de un mero trámite judicial: en el medio quedó una bebé desarraigada por quinta vez de una familia y esta vez, de un núcleo que la maternaba con amor. También quedó un matrimonio y dos niñas devastada.
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El matrimonio no se resigna, y sigue apelando y reclamando ser tenidos en cuenta en la etapa de adopción de AG. Es que no solo quiere reclamar por lo que sucedió con su hija pequeña, sino también por lo que ocurre en muchas familias cuidadoras que no son respetadas ni tenidas en cuenta y que crean lazos de amor y cuidados que luego, son arrancados sin la más mínima delicadeza, con el único argumento de cumplir con la ley.
La situación judicial
Actualmente y después de una primera apelación que no fue favorable para ellos, el caso de AG se en la Suprema Corte de Justicia , en espera de que los jueces de la Sala 1, Julio Gómez, Pedro Llorente y Teresa Day, les den una respuesta.
Si bien ha pasado un largo tiempo desde que el caso explotó en los medios locales, la familia no se resigna y seguirá peleando para que el caso de AG se resuelva. Actualmente, ha sido elevado a la Suprema Corte de Justicia, donde han prometido responder a mediados de septiembre.
A la pareja la letra fría de la ley, no lo conforma. Su necesidad de ser escuchado y de que la historia de desarraigos de la pequeña AG se sepa, lo ha llevado a convertirse en un experto de las redes sociales, ya filmar videos contando lo que ha ocurrido en su grupo familiar.
Además, ha comenzado a reunirse con un grupo de familias cuidadoras a las que la Justicia no ha respetado ni en los tiempos , ni en las formas de realizar las vinculaciones con las familias adoptantes. Gente afectada psicológica y hasta físicamente que va a iniciar un reclamo tanto en el ámbito judicial como de cara a la sociedad.
La historia
A principios del 2018, cuando AG llegó a la casa de Rivadavia lo hizo en un estado muy precario. Tenía muy bajo peso, descuidada, con muy pocas pertenencias y menos amor.
Con solo 10 meses, AG venía de transitar por 4 hogares distintos: el de su madre biológica, y el de tres familias cuidadoras , que evidentemente, no cumplieron con esa función.
De esta etapa, el padre tiene un recuerdo muy triste, que le sirve para explicar cómo era la situación de la nena y cómo cambió dentro de su hogar.
En esta familia, AG comenzó a tomar leche "de verdad". Recuperó peso, aprendió a caminar, festejó sus dos primeros cumpleaños, comenzó el jardín y aprendió a decir mamá y papá.
Claramente, alguien tuvo que enseñarle a dar cada uno de esos pasos de nuevo, porque de la noche a la mañana, AG tuvo que entender que para decir las mismas palabras, otras caras. Como en una ficción en la que los guionistas deciden cambiar de actores para interpretar los mismos papeles, ante la mirada atónita de un espectador que no entiende de qué van esos cambios. Solo que en este caso, no se trata de una ficción, ni AG es una espectadora, como tampoco lo son las dos hijitas de la pareja, que también son pequeñas, y que no entienden por qué les quitaron a su hermana.
Si bien ellos sabían que eran su familia cuidadora y no adoptante, el tiempo que la niña pasó en su casa excedió, con creces, los plazos de la ley. Permaneció 18 meses en su hogar, cuando legalmente, ese periodo no puede ser superior a 3 meses.
Por otra parte, la desvinculación de la niña con su familia fue, en palabras del matrimonio, desastrosa.
Sus hijas mayores no tuvieron asistencia psicológica de ningún tipo, y nunca, hasta el momento, fueron escuchados en el juzgado de familia, a pesar de haber pedido audiencias en más de una oportunidad.
Por el momento, no tiene muchas esperanzas de que eso suceda, pero sí asegura que va a seguir insistiendo y luchando . No solo por él, sino por un grupo de gente que se encuentra en las mismas condiciones y que tiene historias similares para contar.
El matrimonio quiere que la ley cambie, que se tenga en cuenta estos vínculos que se forman de manera temprana y que se encuentran en los lazos que sostienen a los niños y las niñas en su primera etapa de vida.
Por el momento, están a la espera de una respuesta del máximo tribunal, pero, sea cual fuere el resultado, su lucha contra un Estado que no tuvo en cuenta el daño afectivo que toda esta situación le trajo a su familia, no se termina.