Cuando la historia de Magdalena Peralta (49) y su madre, Magdalena “Chiquita” Scanio (79), salió publicada la semana pasada en Diario UNO, algo se movió en los corazones de los mendocinos. La vida de esta dupla –una hija que lucha contra una enfermedad crónica, insuficiencia renal, y una madre que, a pesar de sus casi 80 años, amasa y hornea para sostenerla– se volvió viral en cuestión de horas. Y lo que vino después fue una ola de solidaridad que ni ellas mismas podían imaginar.
"Gracias, gracias, gracias": Magdalena y Chiquita, la lucha de madre e hija que conmovió a Mendoza
Agradecidas por la solidaridad recibida tras la nota de Diario UNO, Magdalena y su mamá volverán a estar este sábado en Arenales y Acceso Este, Guaymallén

Magdalena hija y Magdalena madre en una historia viral publicada por UNO la semana pasada.
Archivo UNO“Estoy sorprendida con el alcance de nuestra historia y con la ayuda que seguimos recibiendo. Pudimos comprar una batidora, un fuentón nuevo y, por supuesto, nos stockeamos de materia prima. Gracias, gracias, gracias a todos los que colaboraron”, repite una y otra vez Magdalena hija, conmovida hasta las lágrimas.
Ese “gracias” no es una palabra al aire: es un abrazo a cada persona que aportó, que compartió la publicación o que simplemente se acercó a comprarles una tortita. Porque detrás de cada venta y de cada transferencia al alias magy.23.cuenta, lo que hay es vida. Vida en forma de harina, azúcar, huevos y aceite que se transforman en budines y pastafrolas.
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Una historia que unió a mendocinos solidarios
Magdalena padece insuficiencia renal crónica a causa de una enfermedad hereditaria: poliquistosis renal. Desde noviembre de 2021 se dializa tres veces por semana, un tratamiento que no solo desgasta el cuerpo, sino que también condiciona toda la vida cotidiana.
“Yo tengo una pensión y la cobertura de Incluir Salud, pero no alcanza para cubrir todo lo que implica mi tratamiento. Hasta que llegue el trasplante, mi mamá me ayuda a fabricar y vender”, cuenta.
La rutina es implacable: los miércoles y sábados, madre e hija se juntan de madrugada en la casa de Magdalena hija. Ella mezcla los ingredientes en el fuentón nuevo que pudieron comprar gracias a la ayuda, mientras su mamá termina de amasar y hornear. Luego, cargan el carrito y viajan desde San Martín a Ciudad para vender en estaciones de servicio.
Frío, calor, viento o lluvia: nada las detiene. Porque cada peso que entra ayuda a pagar traslados, medicamentos y los gastos que la enfermedad nunca perdona.
Una madre de corazón gigante que da todo por su hija
Chiquita, la madre, tiene 79 años y un corazón inquebrantable. Perdió a su único hijo varón hace un año, y desde entonces su mundo se achicó a ella y a su hija. Esa pérdida inmensa las unió aún más.
“Mi mamá es la mujer más maravillosa, buena y luchadora del mundo. La elegiría diez millones de veces otra vez. Si supieran el aguante que tiene, no lo podrían creer. Siempre estuvo a mi lado cada vez que me pasó algo”, confiesa Magdalena, con los ojos brillantes.
Quien la vea en la esquina de Arenales y Acceso Este, en Guaymallén, quizás solo perciba a una mujer mayor con un carrito lleno de tortitas. Pero detenerse unos minutos alcanza para descubrir lo esencial: una madre que no conoce la palabra rendirse, una hija que pelea cada día por su vida y una historia que se cocina con amor y coraje.
El 3 de septiembre, Magdalena tiene turno para hacerse los estudios que le permitirán ingresar a la lista de espera para un trasplante. Ese es el horizonte que guía todos sus pasos, el motor silencioso detrás de cada hornada de tortitas y cada viaje en colectivo a Ciudad.
Mientras tanto, la ayuda y solidaridad de la gente sigue marcando la diferencia. Esa batidora que ahora descansa sobre la mesa de la cocina no es un electrodoméstico más: es la prueba de que la empatía mueve montañas. Ese fuentón nuevo en el que se mezclan harina y esperanza es un símbolo de que hay cientos de manos extendidas sosteniéndolas.
Un agradecimiento infinito
La historia de Magdalena y Chiquita no es solo un relato de necesidad, sino un espejo donde la solidaridad se multiplica. Lo que empezó como un video en TikTok de @jkarim14 terminó siendo un movimiento que cruzó pantallas y calles para convertirse en ayuda real.
“Yo quiero agradecer públicamente, porque me emociona hasta el alma lo que está pasando. A cada persona que nos mandó un mensaje, que nos compró una tortita, que compartió el alias, les digo de corazón: ustedes son parte de esta lucha. No están ayudando solo con plata o con cosas, nos están regalando esperanza”, dice Magdalena.
Y vuelve a repetirlo, como un mantra, como un eco que quiere dejar grabado: “Gracias, gracias, gracias”.
Cómo colaborar
Quienes quieran acompañar a Magdalena y su madre en esta lucha, pueden hacerlo a través del alias de Mercado Pago: magy.23.cuenta.