La historia oficial le fue esquiva por muchos años a este paladín de la libertad de nuestra patria. Y mientras personajes oscuros y contradictorios eran honrados al imponerse sus nombres a calles y plazas, el hombre que liberado a su suerte y pudo contener las invasiones realistas que venían desde el Norte (Perú) a sofocar la Revolución de Mayo y nuestras ideas de libertad. Él era casi un desconocido fuera de su provincia -Salta- donde alcanzó la veneración de un semidios.
Su nombre fue Martín Miguel Juan de Mata Güemes Montero de Goyechea y la Corte, y como su nombre lo indica, era un hijo de ricos hacendados a quien le hubiese quedado cómodo servir al rey de España, pero sin embargo, abrazó el ideal de sus gauchos. Este lunes se recuerda el 198º aniversario de su muerte, prácticamente en combate, como ningún general de nuestra historia.
Militar casi desde la cuna
Martín Güemes, apócope de su nombre, nació en Salta el 8 de febrero de 1.785, pertenecía a una familia noble y adinerada. Cursó sus estudios primarios en su ciudad natal, alternando la enseñanza formal con el aprendizaje de las labores campesinas en las fincas familiares.
Su espíritu combativo lo llevo a los 14 años a incorporarse como cadete de una Compañía del Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires, iniciando una brillante carrera militar. En las Invasiones Inglesas se destacó y realizó una acción heroica e inédita a sus 21 años:¡realizó una carga de caballería a un barco!
Es que una nave inglesa Justine se acercó mucho a la costa, y una bajante en la marea dejó encallado al barco, lo que fue aprovechado por un jovencísimo Güemes que atacó, abordó y tomó la embarcación.
En su tierra natal acompañó a lo generales porteños en sus campañas al Alto Perú, hasta que finalmente, y de acuerdo con José de San Martín -por entonces jefe del Ejército del Norte- para hacerse cargo de la defensa del Norte del país sin otro apoyo que el de sus gauchos. Con ellos desplegó una genial estrategia de guerra de guerrillas y mantuvo a raya a los realistas. Fue gobernador de Salta durante 6 años, y todos los recursos de la provincia norteña se destinaron a la defensa de la frontera. Impuso empréstitos forzosos e impuestos a los más pudientes para ésto, lo que le granjeó la enemistad con este sector de la sociedad.
Dejó este mundo sin saber que su causa triunfaría pocos días después de su deceso, el 17 de junio de 1821, tras haber sido herido en una emboscada diez días antes. Martín Miguel era hemofílico y su herida no pudo curarse y eso le causó la muerte. El enemigo le ofreció los servicios de cirujanos para salvarlo, a cambio de rendirse, y los negó, prefiriendo morir rodeado de sus hombres en el campo a claudicar en su lucha por la libertad.
Sus Infernales, fueron la retaguardia de nuestra patria, mientras la vanguardia era conducida por San Martín, que cruzó la cordillera y liberó a Chile y luego atacó el corazón realista, en Perú.
Pocos días después de su partida, sus lugartenientes derrotaron definitivamente al ejército invasor, que se dio cuenta que era inútil su campaña y se retiró para siempre, vencido por un puñado de gauchos armados en su mayoría con herramientas de trabajo, pero alentados y conducidos a la pelea por un hombres como el indomable Güemes.
