La emotiva despedida

Esteban, uno de los cuidadores de Pocha y Guillermina, las siguió hasta el santuario de Brasil

Tiene 71 años y cuidó a Pocha y Guillermina durante más de 12 años en el ex Zoológico de Mendoza. En los últimos 4 años fue uno de los que las adiestró para que entraran en los contenedores en los que viajaron a Brasil. Ahora, pasa sus últimos momentos con las elefantas

En uno de los videos, se ve al cuidador, de 71 años, cómo lentamente se despide de Pocha, a quien le hace los últimos cariños antes que sean liberadas en el predio donde convivirán con otras elefantas. El secretario de Ambiente, Humberto Mingorance, captó ese momento tan emocionante y lo compartió.

Una vez ya en el santuario de Brasil, Pocha tardó poco más de 7 horas de salir del contenedor en el que viajó desde el Ecoparque de Mendoza el pasado sábado en la tarde. En la transmisión en vivo que realizaron por las redes sociales, se pudo observar la curiosidad de la elefanta por el nuevo entorno, pero no se animaba a dejar del todo el lugar donde se sentía segura.

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Esteban Guevara se dedicó los últimos cuatro años a adiestrar a las elefantas Pocha y Guillermina para que pudieran viajar encerradas durante tantas horas hasta Brasil.

Esteban Guevara se dedicó los últimos cuatro años a adiestrar a las elefantas Pocha y Guillermina para que pudieran viajar encerradas durante tantas horas hasta Brasil.

Mientras eso pasaba, Esteban la alentaba, le hablaba y la llamaba con comida para que saliera y explorara el recinto preparado para ella. Cuando finalmente salió, y luego de un baño de tierra, el cuidador y la elefanta tuvieron un momento de mimos y cariños, como parte de su despedida, que fue registrado por Mingorance.

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En las imágenes se ve que Esteban le habla a Pocha y ella se queda a su lado, quieta y tranquila, confiada en que esa persona que estaba allí le dio todo su amor durante más de 12 años, y más especialmente en los últimos cuatro, cuando comenzaron los entrenamientos para que ella y su hija Guillermina aprendieran a entrar en los contenedores en los que finalmente viajaron durante casi cinco días.

Fue inevitable para todos los presentes, y para el propio Esteban, sentir nostalgia, pero al mismo tiempo mucha alegría de saber que ahora Pocha y Guillermina tendrán una nueva vida en la que disfrutarán de mucha vegetación, de tierra fresca, de lluvias, frutas dulces y jugosas, de un clima cálido todo el año, y especialmente, de la libertad.

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La reacción de Pocha y Guillermina en su nuevo hogar

El camión con Pocha y Guillermina llegó al santuario ubicado a 60 kilómetros de la ciudad Cuiabá, en el Mato Grosso, alrededor de las 12 del jueves. De allí se puso en marcha el plan que tenían para que las elefantas salieran de los contenedores y pasaran a un pequeño recinto para contenerlas, donde tienen tierra, vegetación y toda la comida que ellas quieran.

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Pocha fue la que más se resistió a dejar el contenedor para pasar al lugar que le habían preparado en el santuario de elefantes.

Pocha fue la que más se resistió a dejar el contenedor para pasar al lugar que le habían preparado en el santuario de elefantes.

La primera estrategia era que Pocha saliera primero al recinto, pero esto demoró más de lo esperado. No hacía otra cosa que salir, agarrar alguna fruta o planta que tenía al alcance de su trompa, y retroceder hacia el contenedor donde se sentía segura. Luego de cuatro horas notaron que le estaba tomando más tiempo de lo que pensaron, pero que sin dudas debían respetarla.

Por esto, cambiaron de estrategia, ya que su hija Guillermina seguía encerrada. Colocaron el contenedor en el que viajó casi 5 días en la entrada de un recinto al lado del de su madre, para darle la posibilidad a ella también a que saliera a explorar olores, paisajes y comenzar a conocer su nuevo hogar.

No fue fácil la espera. Después de 7 horas, Pocha se animó a abandonar su contenedor, y en ese momento los cuidadores del santuario cerraron la puerta para que ella no retrocediera. El objetivo era que Guillermina viera a su madre y así tomar confianza para salir junto a ella.

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Mientras Pocha conocía el nuevo espacio y avanzaba para recorrerlo, cerraron otra reja para que quedara enfrente de los ojos de Guille y de esta manera alentarla a dejar el contenedor. Esta estrategia se debe a que madre e hija no se separaron jamás durante 23 años.

Cerca de la medianoche, Guillermina se animó a salir en busca de su madre y finalmente volvieron a estar juntas. Esto fue una enorme emoción para todos, tanto para quienes llevan años junto a ellas como para sus nuevos cuidadores, quienes vieron con sus propios ojos el inmenso amor que hay entre Pocha y su hija.

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No fue fácil que Pocha y Guillermina salieran de los contenedores donde viajaron casi 5 días hasta Brasil.

No fue fácil que Pocha y Guillermina salieran de los contenedores donde viajaron casi 5 días hasta Brasil.

El proceso pos Ecoparque

Una vez que estuvieron las dos juntas todo sucedió con más tranquilidad. Durante su primer día permanecieron en ese lugar para ser evaluadas y realizarles estudios. Luego, pasarán a un predio más amplio, donde estarán solo ellas para acostumbrarse al nuevo lugar y observarlas de cerca.

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Una vez que ya estén en condiciones, serán liberadas a las miles de hectáreas que tiene el santuario para las hembras asiáticas, donde podrán moverse con libertad, tendrán vegetación y alimentos de manera permanente, pero sobre todas las cosas podrán estar en libertad en un hábitat que es el mejor para ellas, pero que nunca conocieron, hasta ahora.

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Madre e hija inseparables

Desde que nació Guillermina, en 1998, nunca se separó de su mamá. Llamó mucho la atención de todos en el ex Zoológico de Mendoza cómo Guillermina seguía a Pocha para todos lados.

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Una imagen de Pocha y Guillermina de pequeña, en las instalaciones del ex Zoológico de Mendoza.

Una imagen de Pocha y Guillermina de pequeña, en las instalaciones del ex Zoológico de Mendoza.

Todo lo que su madre hacía, ella lo repetía con confianza. De hecho, eso fue utilizado para el adiestramiento que hicieron para que entraran a los contenedores en los que viajaron hacia Brasil.

En un momento se dieron cuenta que iba a ser muy difícil para ellas viajar separadas, por lo que las entrenaron de manera tal que cada una entrara al recinto hacia atrás, así luego viajaban enfrentadas y podían verse, olerse y tocar sus trompas.

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Durante los 3.600 kilómetros que recorrieron de Mendoza a Brasil, tuvieron permanente contacto.

Durante los 3.600 kilómetros que recorrieron de Mendoza a Brasil, tuvieron permanente contacto.

Una vez Pocha y Guillermina demostraron que nada podrá separar ese fuerte vínculo que las mantendrá unidas hasta el fin de sus días.

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