Este país plantó millones de árboles y ahora gasta una fortuna para talarlos

El gobierno de Japón destina una fortuna a la tala de árboles plantados décadas atrás, ante el impacto de las alergias estacionales en su población.

Sin embargo, Japón enfrenta una situación inusual, destina grandes sumas de dinero a talar parte de los bosques que él mismo plantó hace décadas.

El bosque que se volvió un problema nacional: Japón lleva décadas intentando revertir un error de la posguerra

Tras la Segunda Guerra Mundial, el gobierno japonés impulsó un ambicioso programa de reforestación para abastecer a la industria maderera y proteger los suelos de la erosión. Con ese objetivo, plantó extensas superficies de dos especies de árboles de rápido crecimiento: el cedro japonés (sugi) y el ciprés (hinoki).

En la actualidad, estas plantaciones cubren cerca de una quinta parte de la superficie terrestre del país. Con el paso del tiempo, estos árboles alcanzaron su etapa de mayor producción de polen. Al ser muy ligero, el polen es transportado por el viento hasta las ciudades, donde provoca una crisis de alergias estacionales. Se estima que más del 40% de la población de Japón padece fiebre del heno, una cifra que ha convertido este problema en un asunto de salud pública.

El inesperado efecto de la mayor reforestación de Japón: más del 40% de la población ahora sufre alergias

A esta situación se suma otro desafío. Durante las últimas décadas, la madera importada se volvió más barata que la producción nacional, lo que llevó a muchos propietarios a abandonar el mantenimiento de estas plantaciones. Como consecuencia, los bosques se volvieron excesivamente densos, reduciendo la entrada de luz solar, afectando la flora nativa y disminuyendo la capacidad del suelo para retener agua.

Para hacer frente a este escenario, el Gobierno de Japón puso en marcha un plan de manejo forestal a largo plazo. En colaboración con la Agencia Forestal de Japón, incrementó la tala y el raleo de decenas de miles de hectáreas cada año. El objetivo es reducir la emisión de polen, aliviar la crisis de alergias que afecta a millones de personas y, al mismo tiempo, restaurar los ecosistemas mediante la plantación de especies que produzcan menos polen o la recuperación de bosques nativos.

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