Aunque muchos crean lo contrario, el invierno es una de las mejores estaciones para plantar un árbol en el jardín del hogar. Durante esta época, muchas especies atraviesan su período de reposo vegetativo, lo que les permite desarrollar sus raíces con mayor facilidad antes de la llegada de la primavera.
Esta situación, favorece un mejor arraigo, reduce el estrés del trasplante y aumenta las posibilidades de que el ejemplar crezca sano y fuerte. Una opción muy recomendada para esta temporada es el liquidámbar (Liquidambar styraciflua), un árbol ornamental que destaca por su belleza durante todo el año.
Liquidámbar: el árbol de hojas estrelladas
Esta especie es nativa de América del Norte y Centroamérica, aunque se ha extendido a todo el mundo. Esto se debe a que es uno de los árboles más elegidos para parques y jardines gracias a su elegante porte, su amplia copa y el espectacular cambio de color de sus hojas estrelladas, que en otoño adquieren tonalidades amarillas, anaranjadas, rojizas y púrpuras.
Además, el liquidámbar es una alternativa perfecta para los jardineros que quieren tener un árbol que proporcione una sombra amplia y agradable durante el verano. Puede alcanzar entre 15 y 25 metros de altura, dependiendo de las condiciones de cultivo.
Otro de sus grandes atractivos es que se adapta a diferentes climas, aunque prefiere las zonas templadas y los inviernos marcados, que favorecen la intensa coloración de sus hojas. También es un árbol longevo, capaz de acompañar un jardín durante décadas con muy pocos inconvenientes.
Cuidados del Liquidambar styraciflua
Los jardineros de Picture This, revelan que estos árboles tienen un nivel de cuidado moderado. Selecciona una ubicación a pleno sol durante la mayor parte del día para desarrollarse de forma correcta.
Esta especie prefiere suelos profundos, fértiles y con buen drenaje, aunque agradece que mantengan cierta humedad. Durante los primeros años es importante realizar riegos regulares, especialmente en épocas secas, para favorecer el desarrollo de sus raíces. Lo ideal es ajustar la frecuencia según la temporada, dos a tres veces por semana en otoño-invierno, y de tres a cinco veces en primavera-verano.
Por otro lado, conviene evitar las podas excesivas, ya que su copa adquiere una forma natural. Solo se recomienda retirar ramas secas, enfermas o dañadas una vez finalizado el invierno. Una vez establecido, el liquidámbar requiere poco mantenimiento y ofrece una combinación difícil de igualar: una espectacular sombra en verano, un colorido único en otoño y una estructura elegante que embellece el jardín durante todo el año.






