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El único oso de Sudamérica vive en los Andes y cumple un rol clave para la vitalidad de los bosques

Con sus hábitos de alimentación y desplazamiento, el oso de los Andes ayuda a renovar los bosques y mantener la biodiversidad de la región.

Editado por Valentina Araya
araya.valentina@diariouno.com.ar

La mayoría de las personas, cuando piensa en osos, suele imaginar solo dos. El oso polar, característico por su pelaje blanco y su vida en el Ártico, y el oso marrón. Sin embargo, la realidad es más diversa. Existen ocho especies de este animal, y una de ellas habita exclusivamente en la región de los Andes.

Se trata del "oso de anteojos", un animal que presenta un pelaje negro oscuro con manchas crema alrededor de los ojos, las cuales dan la ilusión de llevar “lentes”. Esta característica tan particular le da su nombre común y lo vuelve fácilmente reconocible. Además, su comportamiento también lo distingue de otros miembros de su especie.

Oso Andino (1)

El único oso de Sudamérica vive en los Andes y cumple un rol clave para la vitalidad de los bosques

El nombre específico de este animal es el Tremarctos ornatus, perteneciente a la familia Ursidae (los oso). Es el único oso que habita en Sudamérica y se distribuye a lo largo de la cordillera de los Andes, en países como Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú.

Más allá de sus llamativas manchas faciales, este oso posee otras características físicas destacables: una cola corta de aproximadamente 7 centímetros, orejas pequeñas y redondeadas, un cuello grueso y corto, y un hocico robusto. Sin embargo, lo que realmente lo hace único a este animal no es solo su apariencia, sino también su forma de vida.

Oso Andino

¿Por qué el oso de los Andes es diferente a los demás?

A diferencia de otros osos, el oso de anteojos no hiberna. Aunque es común imaginar a estos animales en un estado de letargo durante el invierno, en su caso esto no ocurre. La razón es que en su hábitat dispone de alimento durante todo el año, lo que le permite mantenerse activo de manera constante.

Además, presenta diversas adaptaciones físicas propias de un estilo de vida omnívoro. Su cráneo y dentición están preparados para triturar vegetación dura, y cuenta con una especie de “pseudo-pulgar” que le facilita manipular alimentos vegetales fibrosos. Su dieta se basa principalmente en plantas, con una fuerte preferencia por las bromelias, aunque también consume frutas y otros recursos disponibles en el bosque.

Por otra parte, se lo conoce como un “jardinero del bosque”, ya que su comportamiento al trepar árboles y alimentarse de frutos en las alturas tiene un impacto directo en el ecosistema. Al romper ramas y abrir claros en el dosel, permite el ingreso de luz al suelo del bosque, favoreciendo el crecimiento de nuevas plantas. De esta manera, su presencia es clave para la regeneración del entorno, razón por la cual también se lo considera una “especie sombrilla”, indicador de la salud de estos ecosistemas de los Andes.

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