El Santuario de Elefantes de Brasil fue suspendido preventivamente y quedó en la mira del gobierno de Lula Da Silva tras la muerte de la elefanta mendocina Kenya, ocurrida casi un mes después del fallecimiento de su par Pupy, llevada desde el Ecoparque de Buenos Aires. Las autoridades exigieron toda la información sobre los protocolos aplicados con estos animales.
La medida fue tomada por la Secretaría de Estado de Medio Ambiente del Mato Grosso, donde está ubicado el santuario que cuenta con más de 11 hectáreas en plena selva de Brasil, donde los elefantes pueden regresar a una vida casi como en su hábitat natural luego de años en cautiverio.
La suspensión preventiva del santuario implica que el lugar no puede recibir nuevos animales hasta que se esclarezcan las muertes de las dos únicas elefantas africanas ocurridas en los últimos meses del 2025, a menos de un año de su permanencia en el lugar.
Se trata de Pupy, llevada a Brasil desde el Ecoparque de Buenos Aires en abril del 2025 donde vivió más de 30 años, y murió en octubre. En cambio Kenya vivió más de 40 años sola en un pequeño recinto en el Ecoparque de Mendoza, y llegó al santuario en julio pasado luego de muchos meses de entrenamiento para realizar el viaje que duró 5 días.
La suspensión del Santuario de Elefantes de Brasil tras la muerte de Kenya
A pesar de la notificación recibida por parte del gobierno brasileño, aseguraron que las actividades y la atención de las 5 elefantas que viven allí continúan con total normalidad, ya que las mismas dependen de los cuidados diarios, la alimentación especial, el monitoreo veterinario y otras cuestiones que forman parte del bienestar de estos animales.
Además, sus redes siguen activas como siempre, donde comparten con todos sus seguidores momentos y comportamientos de las elefantas en su vida casi como si estuviesen en su hábitat natural.
Las autoridades brasileñas indicaron que esta suspensión de la licencia del santuario se realizó el 23 de diciembre y se extenderá por 60 días hasta tener y analizar la información precisa de los protocolos de bioseguridad y los estándares de gestión ética del lugar para el tratamiento, asistencia y rehabilitación de elefantes en cautiverio.
Por su parte, el Santuario de Elefantes explicó a medios de Brasil: "Hemos actuado durante más de una década bajo la supervisión continua de las agencias ambientales sin haber sufrido ninguna sanción o nota relevante", y agregaron que están en contacto con el gobierno del Mato Grosso para regularizar y aclarar toda la situación cuanto antes.
Añadieron: "Hacemos hincapié en que prácticamente toda la documentación requerida ya se había entregado anteriormente dentro de la historia regular de supervisión del Santuario. No tenemos miedo al análisis técnico porque valoramos la transparencia absoluta".
Por su parte, el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables sostuvo que los elefantes que fueron trasladados allí llegaron "con el objetivo de garantizar una mejor calidad de vida y una gestión adecuada. Muchos son de circos antiguos y de otros países. Se sabe que buena parte de estos elefantes son ancianos, tienen comorbilidades y tienen una historia delicada".
También destacaron -tras una visita técnica al lugar- que las muertes de las elefantas no podrían haber ocurrido por malos tratos o manejo inadecuado.
Últimas muertes en el Santuario de Elefantes
Las dos eran elefantas africanas y estaban en otro recinto separado de las asiáticas, debido a que su comportamiento es diferente al igual que sus costumbres. Estimaron que Pupy tenía 35 años, de los cuales 30 había vivido en el Ecoparque de Buenos Aires junto con Kuky, quien murió poco antes de ser trasladada también a Brasil.
Llegó el 18 de abril y poco a poco comenzó a recorrer y conocer su nuevo hogar rodeado de árboles y naturaleza, algo que sus ojos no habían visto desde que había nacido prácticamente.
Las autoridades del Santuario de Brasil describieron su muerte, ocurrida el 10 de octubre de 2025, como súbita; luego de unos días en los que estuvo con problemas intestinales. El informe preliminar de la autopsia arrojó que tenía piedras en su estómago, algo que habría tenido desde que vivía en Buenos Aires.
Pero antes que esto ocurriera llegó a su vida Kenya, otra africana trasladada desde el Ecoparque de Mendoza, donde vivió 40 de sus 44 años. Desde el momento que pisó tierra en Brasil tras un viaje de 5 días, exploró todo su entorno, sin temor y con mucho carácter.
Pese a su soledad de más de 40 años en los que nunca se vinculó con otro ser de su especie, aseguraron que se comportó como la hermana mayor de Pupy, quien necesitó un poco más de tiempo para aceptar el contacto.
Kenya respetó los tiempos de su nueva amiga, hasta que compartieron juntas duchas de barro y paseos por la selva. Cuando Pupy agonizaba, la africana de Mendoza se mantuvo a su lado para acompañarla.
Todos temían por el proceso de duelo de Kenya, por lo que le dieron mucha atención, pero expresaron que llevaba bien la situación.
Pero alrededor del 10 de diciembre comenzó a preocupar a sus cuidadores y también veterinarios debido a que parecía no poder descansar, tener mucho dolor en una de sus patas, además de tener dificultad para respirar.
Aseguraron que le dieron toda la atención y medicación para calmar sus síntomas, hasta que el 16 de diciembre confirmaron su muerte. Luego de esto, se conoció que Kenya vivió durante décadas con diarrea crónica por una nutrición inadecuada, entre otros problemas que señalaron que no fueron atendidos durante años.
En el informe preliminar de la autopsia descubrieron una severa enfermedad en los huesos de una de sus patas, además obtuvieron claros indicios de tuberculosis, la cual habría sido de larga data.
De todas formas, todavía se esperan los resultados completos e informes de las necropsias de ambas elefantas.
Los otros casos de muertes en el Santuario de Brasil fue el de Pocha, mamá de Guillermina, las elefantas asiáticas de Mendoza. Llegó al Mato Grosso en mayo del 2022 luego de un traslado histórico de las dos elefantas juntas, pero la mayor, de 57 años, murió 5 meses luego de llegar como consecuencia de tuberculosis.
Luego, el diciembre del 2022 murió Ramba, quien tenía 65 años y estaba en el Santuario desde octubre de 2019.
En este momento, Maia, Rana, Mara, Bambi y Guillermina son quienes viven en el Santuario de Elefantes de Brasil.










