En las últimas décadas, la rivalidad entre China y Estados Unidos se ha intensificado en varios frentes. América Latina entre en escena en la disputa silenciosa por el control de recursos estratégicos. Entre ellos, uno destaca por su valor histórico y geopolítico: el oro.
El país de América Latina que pone a Estados Unidos contra las cuerdas por un recurso estratégico que cede a China
América Latina, profundiza su relación con China al avanzar en acuerdos sobre el oro, generando tensión con Estados Unidos por el control de un recurso estratégico.

En este escenario, un país de América Latina ha comenzado a alejarse de la órbita de Estados Unidos para estrechar cada vez más sus vínculos con uno de sus principales inversores: China.
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Se trata de Nicaragua. El gobierno de Rosario Murillo y Daniel Ortega ha otorgado concesiones mineras a empresas de China sobre más del 8% de su territorio nacional para la exploración y explotación de oro, plata y otros minerales estratégicos. Compañías vinculadas al gigante asiático controlan más de un millón de hectáreas en distintas regiones de este país de América Latina.
Dentro de estos recursos, el oro ocupa un lugar central. No solo es el principal producto de exportación de Nicaragua, sino que también se ha convertido en una pieza clave dentro de la estrategia económica de China. En 2024, las exportaciones mineras nicaragüenses alcanzaron los 1.391 millones de dólares, impulsadas principalmente por las ventas de oro y plata.
Nicaragua en el centro de la rivalidad entre China y Estados Unidos
La importancia del oro para Beijing va mucho más allá de la joyería o la inversión tradicional. Este metal es fundamental para industrias como las telecomunicaciones, la defensa y la fabricación de componentes electrónicos. Además, China ha reforzado en los últimos años su estrategia de acumulación de reservas de oro como una forma de diversificar activos y reducir su dependencia del dólar estadounidense.
Aunque Nicaragua representa un actor menor en el mercado global, su producción se integra a una red regional de recursos estratégicos junto con países como Perú, Bolivia y Venezuela. Para China, el oro nicaragüense constituye tanto una oportunidad económica como una herramienta para fortalecer su autonomía financiera.
Diversos organismos han cuestionado que muchas de estas autorizaciones se hayan otorgado sin procesos transparentes de licitación ni consultas efectivas a las comunidades afectadas. Esta dinámica podría sentar un precedente para otros países con instituciones débiles, debilitando el Estado de derecho y ampliando la discrecionalidad gubernamental en sectores estratégicos como la minería, la energía y la infraestructura.
Para Estados Unidos, la cuestión trasciende el plano económico. El oro representa una de las principales fuentes de divisas del régimen de Ortega y Murillo, por lo que Washington ha impulsado sanciones destinadas a limitar los ingresos provenientes de este sector. Al mismo tiempo, existe una creciente preocupación por la expansión de la influencia china en Nicaragua.
Desde la perspectiva estadounidense, el control de amplias extensiones de territorio por parte de empresas vinculadas a Beijing supone un desafío geopolítico dentro de una región históricamente considerada estratégica para sus intereses. Las recientes sanciones también responden a denuncias sobre expropiaciones de activos vinculados a empresas occidentales y su posterior transferencia a compañías chinas.