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El país de América del Sur en la mira de las potencias por un estrecho estratégico tras el bloqueo de Ormuz

El cierre del Estrecho de Ormuz reconfigura el tablero global y pone la atención de las potencias sobre un punto clave en América del Sur

En ese escenario incierto, la mirada de las potencias comienza a desplazarse hacia otro paso, más remoto, más silencioso. Se trata del Estrecho de Magallanes, ubicado entre el territorio continental de Chile y la isla Grande de Tierra del Fuego, en Argentina.

En ese nuevo mapa, ciudades como Punta Arenas en Chile y Ushuaia en Argentina dejan de ser periferia para convertirse en nodos logísticos clave dentro de América del Sur. Su cercanía a la Antártica y su posición frente a rutas bioceánicas las vuelve piezas relevantes en una red global que empieza a reconfigurarse, especialmente cuando otros pasos estratégicos como el Estrecho de Ormuz entran en tensión.

Estrecho de Magallenes

Una ruta clave de América del Sur

A esto se suma otro factor silencioso, pero decisivo: la Antártica, en el extremo sur de América del Sur, compartida en su proyección geopolítica por Chile y Argentina. Protegida por el Tratado Antártico, que limita su explotación hasta 2048, el continente blanco concentra recursos naturales que serán críticos para el desarrollo tecnológico futuro. En ese contexto, controlar los accesos desde el Cono Sur y las rutas cercanas no es un detalle menor, sino parte de una estrategia de largo plazo.

Sin embargo, este creciente interés también expone vulnerabilidades. La Región de Magallanes en Chile avanza en consolidarse como actor geopolítico, apoyada en la ciencia, la logística y las energías renovables, mientras en Argentina, Tierra del Fuego y Ushuaia refuerzan su valor estratégico dentro de América del Sur. Ambos lo hacen en medio de tensiones internacionales que podrían convertir al extremo austral en un espacio de disputa. La misma ubicación que hoy representa una oportunidad, también la expone.

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