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Historias

El mendocino que volvió a conquistar el Everest: hizo tres cumbres en la montaña más alta del planeta

Matías “Matoco” Erroz está en Nepal tras alcanzar por tercera vez la cima del Everest. Habló del desafío de liderar expediciones a casi 9.000 metros de altura

Editado por Cecilia Corradetti
corradetticecilia@gmail.com

A los 16 años sorprendió al mundo del andinismo mendocino al hacer cumbre en el Aconcagua en apenas 7 horas y 40 minutos. Décadas después, Matías “Matoco” Erroz, de 48 años, sigue empujando límites que para la mayoría parecen imposibles. El reconocido guía de alta montaña nacido en Godoy Cruz se encuentra en Nepal tras alcanzar por tercera vez la cima del Everest, la montaña más alta del planeta, ubicada a 8.848 metros sobre el nivel del mar.

matias erroz selfie

Una selfie desde casi 9.000 metros de altura. Matías Erroz aún está en Nepal luego de la experiencia de subir el Everest.

Pero para él, llegar otra vez a la cumbre no pasa solamente por el logro deportivo. Hay algo más profundo detrás de cada expedición. Porque Matoco no sube el Everest como aventurero amateur ni como turista extremo. Lo hace trabajando, guiando personas en una de las montañas más exigentes y peligrosas del mundo.

Embed - Matías "Matoco" Erroz desde la cumbre del Everest

“Las tres veces que subí el Everest lo hice de modo profesional. Soy guía de montaña y me pagan por subir esta montaña. Eso lo hace bastante diferente”, explica a horas de finalizar la experiencia, vía WhatsApp desde Nepal. Matías es hermano de Martín Erroz, que hace apenas unos meses logró una experiencia extrema uniendo el océano Pacífico con el volcán Ojos del Salado, en Chile.

Mientras para muchos escaladores llegar al Everest implica el sueño máximo de toda una vida, para Matoco representa además una responsabilidad enorme: conducir expediciones enteras a través de uno de los escenarios más hostiles del planeta.

La primera vez que subió el Everest fue en 2011

La primera vez que hizo cumbre fue en 2011 junto a los también mendocinos Damián Benegas y Leonardo McLean. En aquel momento, la experiencia en el Himalaya todavía conservaba algo más “salvaje”: expediciones larguísimas, menor asistencia tecnológica y menos recursos disponibles en altura.

Hoy, 15 años después, el Everest cambió radicalmente.

“Antes las expediciones demoraban dos meses y medio. Ahora pueden durar 25 días. La tecnología avanzó muchísimo”, cuenta.

El mendocino explica que actualmente muchos escaladores realizan una “preaclimatación” desde sus propias casas utilizando cámaras o carpas de hipoxia, sistemas que simulan la falta de oxígeno de la altura. Eso permite reducir drásticamente los tiempos de adaptación en la montaña.

También cambió la logística. Donde antes predominaban larguísimos trekkings de aproximación, hoy los helicópteros ocupan un rol central.

matias erroz de noche (1)

Frío, agotamiento físico y un logro que pocos pueden realizar: la cima del Everest.

“Ahora se sube mucho en helicóptero y se baja mucho en helicóptero. Eso acorta tiempos y reduce desgaste”, señala. Sin embargo, hay algo que jamás cambió: el riesgo.

Porque aunque la tecnología ayude, el Everest sigue siendo un escenario extremo donde el cuerpo humano funciona al límite y cualquier error puede ser fatal. Temperaturas brutales, agotamiento físico, tormentas repentinas y la falta de oxígeno forman parte del día a día.

Y en medio de todo eso, Matoco además debe cuidar a otras personas.

En esta última expedición lideró un grupo de ocho escaladores. Siempre acompañado por otro guía y por un enorme equipo de apoyo conformado por sherpas, porteadores y personal de logística. La empresa que lo contrató se denomina Furtenbach.

“Detrás de una cumbre en el Everest hay muchísimo trabajo. Manejamos más de 70 porteadores o sherpas, gente de cocina, más de 500 cilindros de oxígeno. Es una logística gigantesca”, describe.

Por eso insiste en algo que considera fundamental: reconocer el trabajo de los sherpas, pieza clave en cada expedición al Himalaya.

“Los sherpas llevan adelante una tarea durísima y casi fundamental para el éxito de estas montañas”, remarca.

Erroz conoce Nepal como pocos argentinos, siempre como andinista

Erroz conoce Nepal como pocos argentinos. Esta fue aproximadamente su decimocuarta temporada en el país asiático. Y lo dice sin exagerar: siente a Nepal como otra parte de su vida.

“Para mí Nepal ya es tan propio como Mendoza”, asegura.

A lo largo de su carrera también participó en expediciones al Lhotse, Cho Oyu, Nanga Parbat y K2, algunas de las montañas más complejas del planeta. Incluso ganó reconocimiento internacional tras participar en un dramático rescate de montañistas españoles a más de 8.000 metros de altura.

Dentro del ambiente del andinismo argentino, Matoco es considerado uno de los referentes más importantes de la alta montaña. No solamente por sus cumbres, sino por su perfil técnico y profesional.

Y aunque el Everest sea el nombre más famoso del planeta, él mismo relativiza su dificultad.

“Muchísima gente cree que la montaña más alta es la más difícil. Y no necesariamente es así”, explica.

Según sostiene, existen montañas técnicamente mucho más comprometidas que el Everest, especialmente en la Patagonia o en Perú, donde las expediciones suelen hacerse de manera más autónoma y sin la enorme estructura comercial que existe hoy en el Himalaya.

“El Everest tiene mucho prestigio y un gran nombre, pero también es una montaña muy organizada por la industria del montañismo”, analiza.

matias erroz dos

“Muchísima gente cree que la montaña más alta es la más difícil. Y no necesariamente es así”, explica Matías Erroz desde Nepal.

Incluso asegura que, para muchos escaladores profesionales, el Everest funciona como una especie de “trampolín” hacia desafíos todavía más complejos.

“No termina nada en el Everest. Ni cerca. Hay montañas más bajas pero muchísimo más difíciles”, afirma.

A sus 48 años, Matoco continúa entrenando prácticamente todos los días. Escala, guía expediciones mensuales y mantiene un nivel físico altísimo que le permite seguir trabajando en escenarios extremos.

Aunque reconoce que el paso del tiempo también trae dudas.

Mendoza y el Aconcagua siempre aparecen como la base de todo

“La primera vez que subí el Everest me resultó bastante fácil. La segunda ya fue más desafiante. Uno empieza a preguntarse si todavía está al nivel necesario”, admite.

Pero Mendoza aparece siempre como la base de todo.

La formación en el Aconcagua, la Cordillera y la escuela de guías argentina son, según él, parte fundamental del prestigio que hoy tienen los montañistas argentinos en el mundo.

“Las empresas valoran muchísimo a los guías argentinos. Estamos muy bien considerados internacionalmente”, destaca con orgullo.

matias erroz en la cima (1)

La primera vez que subí el Everest me resultó bastante fácil. La segunda ya fue más desafiante. Uno empieza a preguntarse si todavía está al nivel necesario”, admite Matoco.

Y no es casualidad. El montañismo atraviesa la vida entera de los Erroz. Su hermano Martín también es un reconocido andinista y geólogo mendocino, y la montaña siempre estuvo presente en la familia.

Sin embargo, detrás de semejantes expediciones también existen renuncias personales enormes.

“El sacrificio más grande es el tiempo. Estar lejos de la familia durante tantos días”, reconoce.

Porque mientras muchos imaginan únicamente la gloria de la cumbre, detrás existen meses enteros de preparación física, viajes, logística, organización y ausencia.

Aun así, Matoco sigue eligiendo la montaña.

Sigue buscando nuevos desafíos y sigue llevando el nombre de Mendoza a lo más alto del planeta.

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