Día del Maestro

El maestro con 33 años de docencia que eligió una escuela rural de Alvear para darle forma a una historia

Hugo Ismael Martínez comenzó a trabajar como maestro en 1992 y hace casi 2 décadas enseña en la escuela Joaquín V. González, en La California, General Alvear

Editado por Cecilia Corradetti
corradetticecilia@gmail.com

Hay maestros que pasan por una escuela y dejan una huella. Y hay otros que, con los años, terminan convirtiéndose en parte de la historia de ese lugar, de sus familias y de varias generaciones de alumnos. Hugo Ismael Martínez pertenece a esa segunda categoría. Lleva más de 33 años frente a un aula y desde 2007 trabaja en una pequeña escuela rural de General Alvear donde conoce a cada estudiante, a sus familias y a la comunidad que la rodea.

Para él, ser maestro rural no es solamente una profesión. Es una manera de entender la educación y también la vida, por eso en este Día del Maestro su historia tiene un valor especial.

Bailando en un acto patrio junto a los más chiquitos de la escuela. Desde 2007 trabaja en el mismo establecimiento.

Hugo nació y vive en General Alvear, Mendoza. Allí cursó la primaria en la Escuela N° 1-250 Miguel de Azcuénaga y luego estudió en la Escuela de Comercio, donde obtuvo el título de Perito Mercantil. Pero la vida lo llevaría después por otro camino. Continuó sus estudios en el Instituto San Antonio y se recibió de Profesor de Enseñanza Primaria. Fue entonces cuando aquella vocación comenzó a transformarse en una forma de vida.

Su primera experiencia como docente fue lejos de Mendoza, en la Escuela Hogar N° 88 de La Humada, en La Pampa. Y fue allí, justamente, donde entendió que enseñar podía significar mucho más que pararse frente a un pizarrón.

El maestro que siempre eligió una escuela rural

“Comenzar en una escuela hogar implica estar dispuesto a continuar aprendiendo junto al otro, en un intercambio constante”, escribió al reconstruir su historia. Aquella primera experiencia le enseñó que la realidad de los chicos muchas veces es mucho más compleja que cualquier teoría aprendida durante la formación docente y que un maestro debe estar preparado para acompañarlos en todas las dimensiones de su crecimiento.

Después llegó a la Escuela Hogar Fray Reginaldo de la Cruz Saldaña Retamar y más tarde a la Escuela N° 1-102 Entre Ríos, de General Alvear. También trabajó en Guaymallén, donde durante 5 años fue maestro de grado en la Escuela N° 1-654 Presidente Arturo Illia.

Cada fecha patria y cada Mundial de Fútbol son fechas especiales para celebrar junto al personal y los alumnos.

Pero su formación no terminó con el título de maestro. Mientras trabajaba en las aulas decidió estudiar otra disciplina que terminaría incorporando para siempre a su manera de enseñar: Teatro. Cursó el Profesorado de Teatro en la Universidad Nacional de Cuyo y encontró allí nuevas herramientas para acercarse a los chicos, estimular la expresión y hacer de la enseñanza una experiencia más creativa.

En 2007 llegó a la escuela que terminaría ocupando un lugar central en su vida docente: la Escuela N° 1-244 Joaquín V. González, ubicada en el paraje La California, en Colonia Alvear Oeste.

Hugo Martínez en su rol de directivo y docente, siempre acompañando cada momento y acto patrio de la escuela rural.

La institución, que este año celebró sus 100 años de historia, es una escuela rural pequeña, de personal único en dirección, a la que actualmente concurren 22 alumnos. Pero el tamaño de la matrícula poco tiene que ver con la dimensión que tiene para la comunidad.

“Creo que la escuela rural es el corazón de un paraje”, dice Hugo. Probablemente no haya una frase que defina mejor su tarea cotidiana.

Cuando llegó en 2007 había dos docentes y la directora maestra se jubilaba. A él y a su compañera les ofrecieron asumir el cargo. La otra docente decidió no hacerlo y Hugo aceptó el desafío. Durante cinco años y medio estuvo al frente de la institución como director maestro, hasta que en 2012 una directora titular ocupó el cargo y él volvió al aula.

“Creo que la escuela rural es el corazón de un paraje”, dice Hugo.

Años después, cuando aquella directora se jubiló, Hugo volvió a asumir la dirección y continúa actualmente como director maestro suplente de Segundo Ciclo.

En una escuela rural el director es maestro, apoyo y mucho más

Su día a día no se parece al de un director que solamente se ocupa de cuestiones administrativas. En una escuela rural de estas características, las funciones se mezclan y el docente debe estar atento a todo: la enseñanza, la organización, las familias, las necesidades sociales, los vínculos y hasta las pequeñas situaciones que forman parte de la vida cotidiana de los chicos.

La escuela, además, tiene una característica que Hugo considera fundamental: es inclusiva y de puertas abiertas a la comunidad. Aunque se trata de una institución pequeña y alejada de los grandes centros urbanos, sus alumnos cuentan con docentes de Educación Artística, Educación Física, Inglés e Informática, además del trabajo cotidiano de los celadores, que colaboran con el mantenimiento de la escuela y la preparación de los alimentos.

La escuela donde Hugo se desempeña tiene una característica que Hugo considera fundamental: es inclusiva y de puertas abiertas a la comunidad.

Hugo sabe que educar en ese contexto implica conocer profundamente el lugar donde se trabaja. Por eso sostiene que el conocimiento de la comunidad y la experiencia permiten a los maestros rurales proyectar una educación que no solamente prepare a los chicos para cumplir con un programa, sino que les dé herramientas para enfrentar la realidad que les toca vivir y, si lo desean, transformarla.

La idea atraviesa toda su historia profesional. La escuela no puede vivir de espaldas al lugar donde está instalada. Al contrario: debe conocerlo, comprenderlo y trabajar a partir de esa realidad.

Una escuela rural centenaria en General Alvear

Este año, además, la Joaquín V. González tuvo un motivo especial para celebrar. Cumplió 100 años y reunió a docentes, alumnos, familias, exalumnos y exdocentes para recordar una historia que atraviesa generaciones. Durante el acto por el centenario aparecieron mensajes de antiguos alumnos que hoy viven incluso en Australia y España, una muestra de que hay escuelas que siguen acompañando a sus estudiantes mucho después de que dejan de cruzar sus puertas cada mañana.

Hugo forma parte de esa historia reciente, pero también de una tradición mucho más grande: la de los maestros rurales que sostienen escuelas pequeñas en lugares donde la institución educativa es, muchas veces, uno de los principales puntos de encuentro de la comunidad.

Después de más de tres décadas de servicio, podría hablar de cansancio, de cambios, de dificultades o de todo lo que implica sostener una escuela durante tantos años. Sin embargo, cuando habla de su trabajo aparece otra palabra: privilegio.

Hugo forma parte de esa historia reciente, pero también de una tradición mucho más grande: la de los maestros rurales que sostienen escuelas pequeñas en lugares donde la institución educativa es, muchas veces, uno de los principales puntos de encuentro de la comunidad.

“Ser maestro rural es un privilegio que renuevo cada mañana”, afirma. Y quizás ahí esté la verdadera historia de Hugo.

En 1992 comenzó a enseñar en una escuela hogar de La Pampa sin saber que aquella experiencia iba a marcar para siempre su manera de mirar la educación. Más de tres décadas después, sigue entrando cada mañana a una escuela rural de General Alvear donde hay 22 alumnos, pero donde él ve mucho más que 22 nombres en una lista.

Ve historias, familias, posibilidades y futuros. Ve una comunidad y entiende que enseñar, especialmente en una escuela rural, también significa estar, escuchar, acompañar y ayudar a que cada chico pueda imaginar una vida con más oportunidades.

Por eso, cuando llega el Día del Maestro, su historia sirve para recordar que detrás de cada escuela hay personas que, como Hugo, durante años hacen mucho más que enseñar. Personas que sostienen vínculos, acompañan infancias y se convierten, casi sin darse cuenta, en parte de la memoria de un pueblo.

Hugo lleva 33 años haciendo exactamente eso y todavía siente que cada mañana vuelve a elegir el mismo camino.

En pocas palabras

  • Hugo Ismael Martínez: el maestro lleva 33 años de docencia y eligió una escuela rural.
  • Escuela rural: el docente enseña en la Joaquín V. González de General Alvear, Mendoza, donde cada alumno es parte de una familia.
  • Vocación docente: Martínez considera un privilegio enseñar en contextos rurales, conectando con la comunidad y sus historias.
Resumen generado por Thinkindot AI

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