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El día en que la humanidad se benefició de la torpeza y cambio la forma de generar luz y calor

Hay inventos que han cambiado al mundo y han permitido que la humanidad avance en todas las direcciones posibles, pese a que muchos se tratan de simples errores

Editado por Martina Baiardi
baiardi.martina@diariouno.com.ar

Hay inventos que pasan desapercibidos, pero que cambian el rumbo de la vida porque la hacen más fácil y rápida. Hace años atrás, se creó un objeto que cambió para siempre la humanidad a la hora de generar luz y calor. No fue una máquina sofisticada ni un hallazgo espectacular, pero su impacto en el mundo es incuestionable.

Existe una larga lista de personalidades argentinas reconocidas por su ingenio y creatividad a la hora de inventar soluciones. En esta nota te contamos sobre un invento, que surgió de la mano de extranjeros que encontraron la inspiración para innovar sea intencional o un simple acto de torpeza.

luces de friccion y su creador walker

El creador de los fósforos. Foto BBC

Este invento data del año 1826, luego de que un farmacéutico experimental mezclara sustancias para fabricar explosivos. A partir de allí y accidentalmente, un palo impregnado con la mezcla explosiva, se golpeó con una piedra y se encendió. Así nacieron los fósforos.

El día en que la humanidad se benefició de la torpeza y cambio la forma de generar luz y calor

La humanidad ha sido testigo de grandes inventos, pero pocos tan accidentales como los fósforos. Su creador el inglés John Walker revolucionó la producción, la aplicación y la portabilidad del fuego.

Se dedicaba la mayor parte de su tiempo a elaborar medicamentos para humanos, caballos, vacas e incluso gallinas. Pero, también experimentaba con compuestos químicos. Así fue como un día mezclando una sustancia, la dejó secar y se incendió al golpearse dándose cuenta del potencial comercial que tenía aquella creación sin intención.

fosforo

Un desconocido farmacéutico británico inventó por casualidad los fósforos de madera hace más de 200 años. Foto La Nación

Al principio se llamaban cerillas de fricción. Eran varillas de madera finas y planas cuyo extremo tenía una pasta de clorato de potasio, sulfato de antimonio, goma arábiga y agua; las cuales si se rozaban con un trozo de papel de lija doblado, lanzaba una llama.

Pasaron los años y su creador nunca patentó el invento. Hasta que en el año 1829, Samuel Jones, de Londres, lanzó una copia exacta de las Luces de Fricción de Walker, y estas se convirtieron en las primeras cerillas producidas en masa.

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