Dos guías de montaña mendocinos hicieron cumbre en el Aconcagua en pleno invierno y sin apoyo logístico en el interior del cerro. Pasaron 12 días con temperaturas bajo cero y con un pronóstico adverso de vientos de más de 120 kilómetros por hora, pero esperaron hasta que se abrió una ventana de buen tiempo y coronaron la cima en muy buen tiempo. Los experimentados andinistas de 37 años aseguraron que ese día estaban dadas todas las condiciones y no pudo ser más perfecto.
Dos mendocinos hicieron cumbre en el Aconcagua en pleno invierno y en absoluta soledad
Son muy pocos los andinistas que logran llegar la cumbre del Aconcagua, a 6.962 metros de altura sobre el nivel del mar, y muchos menos en invierno. Además, para hacer esta travesía deben realizar varios trámites y ser aprobados por una junta examinadora para obtener la autorización para entrar al parque provincial en invierno, otorgada por la Dirección de Recursos Naturales Renovables, de la Secretaría de Ambiente de Mendoza.
Estos permisos son especiales y para muy pocos por los enormes riesgos que corren quienes ingresen al parque durante el invierno, cuando no hay servicios, ni helicóptero, ni gente. Además de las condiciones climáticas adversas que lo hacen mucho más peligroso.
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Después de pasar casi 10 días nublados y con muchísimo viento, el viernes 28 de julio, cuando llegaron a la cumbre, "el día era perfecto, fue increíble. Todos los días nos había matado el viento, pero ese día fue buenísimo. Cómo habrá sido que yo me había sacado la campera de plumas, iba con un buzo especial abrigado y con guantes finos, los mitones los tenía guardados, me estaba muriendo de calor", detalló Emanuel Pérez quien trabaja en Aconcagua desde hace 16 años como porteador, y hace dos que es guía de montaña.
A pesar de la hazaña a la que se enfrentó con su compañero Claudio Fredes, quien lleva 12 años de trabajo en el coloso de América, Emanuel reflexionó: "Llegar a la cumbre es lindo, pero la cumbre más grande que hay como persona es llegar a tu casa y estar con la familia".
Los trámites para ascender al Aconcagua en pleno julio
Emanuel Pérez y Claudio Fredes trabajan desde hace más de una década en las temporadas de Aconcagua, en verano, y fue recién el año pasado cuando comenzaron a planear hacer una cumbre en invierno. En ese momento iba a ser junto con un español llamado Arkaitz ibarra Martínez y el argentino Ulises Kusnezov, quienes querían grabar un documental de la experiencia.
Debido a que los tiempos para los permisos se dilataron mucho y recién fueron autorizados a mediados de septiembre del 2022, los mendocinos se bajaron de la expedición, aunque se quedaron con la idea de enfrentarse al coloso de América en invierno, algo que muy pocos andinistas logran.
A los días de terminada la temporada de verano 2023 de Aconcagua, los mendocinos de 37 años presentaron un proyecto en Recursos Naturales y Renovables para hacer la cumbre invernal y tuvieron que realizar varios trámites. Entre ellos presentaron un seguro internacional, que cuenta con una mayor cobertura en dinero y para situaciones en altura, además de firmar formularios de deslinde de responsabilidad ante cualquier complicación en el cerro, un plan de contingencia de la expedición en el Aconcagua, y detallar el equipo logístico, la gente que les daría apoyo y seguimiento desde Mendoza.
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Además, contrataron un sistema de comunicación satelital para mandar mensajes y avisar cómo estaban, cómo iban, cómo seguía el plan, y también para recibir mensajes, estar al tanto del pronóstico que les esperaba, y fundamentalmente, saber cómo estaba la familia. También, desde el llano de Mendoza los seguían para saber por dónde iban.
La expedición invernal al Aconcagua paso a paso
Durante el invierno el parque provincial está desolado, completamente vacío. No hay andinistas ni personal de la Patrulla de Rescate para asistencia y mucho menos comunicación. Solo Guardaparques en el ingreso en Horcones. El resto es naturaleza en su más cruda expresión a esa gran altura.
El domingo 16 entraron al parque y caminaron 6,5 kilómetros desde Horcones hasta el primer campamento llamado Confluencia, donde pasaron la primera noche. Al día siguiente avanzaron otros 20 kilómetros, hasta Piedra Ibáñez. "Desde que entramos al parque lo hicimos con raquetas puestas por la cantidad nieve blanda que había", dijo Emanuel.
"De Confluencia hasta Ibáñez nos destruyó el viento por Playa Ancha, es un valle por donde el viento baja derecho. Nos frenaba, nos empujaba para un costado, teníamos que ir muy tapados porque hacía mucho frío, íbamos con todo puesto como si fuéramos a la cumbre, hasta con pantalón de plumas", detalló el andinista y quedó registrado en un video que filmaron.
Cuando llegaron a Piedra Ibáñez armaron la carpa pegada a la enorme piedra para refugiarse del viento y descansar. Al día siguiente, el miércoles 19 de julio, desarmaron y siguieron 4 kilómetros más hasta el campamento Plaza de Mulas, a 4.300 metros de altura, donde armaron carpa nuevamente. "El viento congelaba todo", expresó Emanuel.
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Los mendocinos estuvieron solos físicamente dentro del parque, pero contaron con mucho apoyo desde Mendoza. La comunicación, la ayuda logística y los pronósticos para saber cómo moverse en Aconcagua estuviron a cargo de Mariano Castelli, más conocido como Maka, de Fabricio Barro y el español Arkaits ibarra Martínez.
"Los pronósticos daban que había muchísimo viento en la cumbre, arriba de los 110 o 120 km/h en la cumbre, cuando lo normal para hacer cumbre es menos de 55 o 60 km/h de viento para que sea más viable. Teníamos que esperar e íbamos tranquilos, teníamos que aclimatar, y nos servía quedarnos en Mulas. Afrontamos muchas complicaciones a nivel grupal e individual, no podíamos salir de la carpa, estábamos encerrados porque estaba muy feo afuera", recordó el guía sobre la aventura.
Contó que el Aconcagua "es un cerro muy subestimado por la gente, y el 75% no llega a la cumbre. Hay gente que va por años para ver si puede hacer cumbre en uno de esos intentos, y en invierno es 2 o 3 veces más duro, estás mucho más expuesto al peligro, tenés que cuidarte más".
En esos días "estaba tapado, las nubes se movían muy rápido por el viento que había y hacía mucho frío. La carpa se movía todo el tiempo, parecía que se iba a volar. Nos pusimos al lado de un refugio que nos contenía un poco el viento".
En esos días se alimentaron de fideos y alimentos liofilizados que son livianos para llevar y se preparan sólo con agua caliente. Para hidratarse, fundamental para poder estar en altura, debían derretir nieve constantemente, ya que necesitaban consumir mínimo 4 litros de agua cada uno en Plaza de Mulas. Además, contaron con la ayuda de la empresa Lanko, donde trabajan los dos andinistas, y del campamento que tienen allí sacaron otros alimentos y combustible, fundamental para cocinar y calefaccionarse.
Luego de descansar dos días, comenzaron el trabajo de aclimatación. Primero fueron hasta el campamento Canadá, a 5.000 metros de altura, y volvieron a Plaza de Mulas. Había mucho viento, el cual quedó reflejado en el siguiente video.
Descansaron un día, y al siguiente fueron hasta Nido de Cóndores, a 5.500 metros de altura, y bajaron. Luego de descansar otro día en Mulas, volvieron a subir a Nido de Cóndores donde ya se quedaron y el viernes 28, con las condiciones del tiempo perfectas, fueron hacia la cumbre del Aconcagua.
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El camino hacia la cumbre del Aconcagua
"En promedio los clientes de Nido de Cóndores al campamento Cólera -a más de 6.000 metros de altura- demoran tres horas horas, y nosotros tardamos una hora y media. Salimos a las 8.30 y a las 10 estábamos en Cólera. A las 14 llegamos a la Cueva, -a 6.650 metros de altura-. Desde la Cueva hasta la cumbre Claudio Fredes demoró una hora y media, y yo 15 minutos más".
"Claudio iba 15 minutos adelante mío, pero siempre lo tenía a la vista, siempre anduvimos juntos. Estaba a menos de 60 metros, pero esa distancia para mí fueron 15 minutos de diferencia. En toda la expedición él estuvo mas fuerte que yo, más afilado. Desde el campamento Independencia -a 6.400 metros de altura- él marcó el ritmo y eso me alentó, me motivo para seguir", indicó el andinista Emanuel Pérez.
"Lo increíble era que el día era perfecto. Todos los días nos había matado el viento y ese día fue buenísimo", contó el guía quien dijo que sólo hubo un poco de viento en Nido de Cóndores y en Cólera, y en la cumbre no superaba los 20 km/h. y a pleno sol. "En la cumbre nos quedamos un ratito, no queríamos arriesgarnos. Estaba despejado, estaba lindo y nos sentíamos bien. Pero Claudio ya llevaba 15 minutos esperándome".
El momento de la cumbre también quedó registrado en un emocionante video.
Emanuel agregó: "Es distinto a la temporada en todo sentido. En invierno es estar aislado, estás solo, más allá de estar con el compañero, no tenés la seguridad que tenés en temporada que está la Patrulla de Rescate, el helicóptero, más gente, más contención y esperábamos que no nos pasara nada porque si nos pasaba algo era complicado a esa altura, a esa distancia. En invierno es todo más difícil".
De todas formas sostuvo: "No tuvimos dudas. Estábamos muy focalizados en lo que era subir o subir. Nosotros no somos de los que dicen 'cumbre o muerte' como piensan algunos andinistas, nos interesa más bajar a nuestras casas y estar con nuestra familia, eso es más cumbre. Pero como podíamos esperar, movíamos el cuerpo para aclimatar".
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Luego de disfrutar la emoción de lograr la cumbre del Aconcagua en invierno, comenzaron el camino de regreso. Bajaron directo hasta Nido de Cóndores, donde desarmaron la carpa que habían dejado, y siguieron hasta Plaza de Mulas donde llegaron a las 20 del viernes 28 de julio. Allí armaron nuevamente la carpa, hidrataron y se alimentaron para recuperar energías.
Alrededor de las 10 del sábado dejaron el campamento y bajaron casi sin parar hasta Horcones. "Había mucha nieve y con el sol de esos dos días se había ablandado bastante, por lo que tuvimos que ir abriendo huellas, y eso genera mucho gasto físico", explicó.
En Horcones los Guardaparques felicitaron a los andinistas: "Lo que me flasheó fue que los Guardaparques nos saludaron como orgullosos, y era raro". Tanto cuando subieron como a su regreso, en Horcones estaban familiares de Emanuel y Claudio: "Es lindo porque estás acompañados y te da otra motivación. Nuestras familias nos bancaron, siempre muy preocupados pero apoyándonos en esta aventura. Alejandra, mi esposa estuvo muy preocupada por mí y me preparó un cartel de bienvenida cuando llegué a casa que me hizo llorar".











