Este domingo 13 de junio se celebra en Argentina el Día del Escritor, en conmemoración del día del nacimiento de Leopoldo Lugones. Entre muchos talentosos que ha tenido Mendoza, hay un caso muy particular: el de Clorinda Gaviola Calle, que a principio del Siglo XX vendía versos a domicilio para poder criar a sus tres hijos, pese a que la calificaban de loca por esa actividad.
Día del Escritor: Clorinda Gaviola Calle, la mendocina que vendía versos a domicilio

Clorinda Gaviola Calle. Poetisa. Mendoza - 1909. Archivo General de la Nación.

Clorinda Gaviola Calle. Poetisa. Mendoza - 1909. Archivo General de la Nación
Desde hace un tiempo el Archivo General de la Nación utiliza sus redes para difundir algunas fotos históricas, emblemáticas o curiosas.
En febrero pasado publicó esto:
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"#ArtistasPopulares Doña Clorinda Gaviola, poetisa mendocina, con su valija de versos, que vende por la calle y a domicilio, "destinándolos a la venta pública por la modesta suma de un peso o cuando más de 1.75 moneda nacional..." Mendoza, 1909. Fotografía publicada por #CarasyCaretas n° 567, 24 de abril de 1909. AR-AGN-CyC01-Caja 236-Inventario 400902".
La nota de la emblemática publicación, cita que Clorinda escribía "versos pasionales, bucólicos, líricos, épicos y filosóficos" y acota que gozaba "de una popularidad crecida".
Sin embargo, por ser mujer y tener este particular oficio Clorinda "tiene muchos enemigos que la persiguen sin cesar, le desprecian sus versos y hasta se atreven a decirle con irreverente atrevimiento que no está en sus cabales".
Según la nota de la época, la mujer respondía en verso a estos ataques: "Aquel que me diga trastornada/ es una bestia mal parada". Clorinda decía que sus comprovincianos "hacen conmigo grandes herejías y me dicen que estoy loca"
Gastón Gallo, un seguidor del sitio del Archivo General de la Nación, escribió sobre Clorinda Gaviola Calle: "Curioso personaje de su tiempo, Clorinda Gaviola Calle nació en Luján de Cuyo en 1871. Con la venta de sus versos, muy sencillos, pudo mantener a sus tres pequeños hijos. En los años veinte ya se había instalado en Buenos Aires; de pie en uno de los ingresos de la Galería Güemes, declamaba en voz alta sus poemas y profetizaba desastres. Un minucioso retrato de A. Vaccari registra que "Doña Clorinda viste de blanco y azul, patrióticamente, y lleva un sombrero azul también con cinta blanca y penachos del mismo color [...] se perfuma de una manera horrorosa, chocante. Tan es así, que una vez que ella salga de una pieza hay que abrir las ventanas y las puertas, pues no es posible aguantar lo penetrante de aquellos efluvios".
Alguno de sus versos, dice así:
"Yo soy la mártir sacrificada
en bien de todos desde el nacer
que de los míos he sido odiada
y aún de la misma que me dio el ser.
Soy una madre de tres hijitos
que yo me afano para educar
con el producto de mis versitos
que sólo el bueno sabe apreciar.
Soy de poetisas la más divina,
de las habidas y por haber,
porque del cielo vienen mis rimas
para libraros de Lucifer.
Soy la que juzgan alucinada
los desgraciados faltos de fe
que con estudios no hacen nada
y yo sin ellos todo lo sé.
Yo soy la diosa del siglo actual
y no lo pueden reconocer
porque me falta tener metal
al que atribuyen tanto valer."