En una era marcada por el home office y el uso constante del celular, el cuerpo está pasando factura. El gran protagonista de estos malestares es el trapecio, un músculo fundamental para el movimiento de los hombros y la postura, pero que también actúa como un verdadero "termómetro" del estrés.
Según el Dr. Chernov, este sector del cuerpo suele concentrar lo que se denomina "puntos gatillo", zonas de tensión que no solo duelen donde se originan, sino que irradian malestar hacia la mandíbula, los oídos, las sienes e incluso detrás de los ojos.
El problema radica en que el trapecio se divide en tres partes (superior, media e inferior) y rara vez trabajan en equilibrio. Lo más común es que la parte superior esté colapsada por la tensión, mientras que la inferior se debilite por la falta de uso.
Esa combinación, sumada a hábitos como cargar peso de forma incorrecta o dormir en posiciones incómodas, termina provocando ardores persistentes entre los omóplatos y rigidez en la base del cráneo.
Ante el estrés, un plan de rescate: presión, estiramiento y fuerza
Para frenar este círculo vicioso, los especialistas recomiendan un esquema de cuidado que se puede realizar en casa y que no quita mucho tiempo. El primer paso es la liberación: se debe aplicar presión sobre los puntos de dolor durante unos 30 segundos utilizando elementos simples como una pelota o un rodillo.
Luego, es fundamental el estiramiento, inclinando la cabeza hacia los lados para relajar las fibras musculares (un consejo extra es hacerlo bajo el agua tibia de la ducha para maximizar el alivio).
Sin embargo, estirar no es suficiente si no se fortalece la zona. Se sugieren ejercicios de movilidad, como dibujar "ochos" con los brazos en el aire, y movimientos de activación posterior, como el puente de glúteos o extensiones lumbares. Estas acciones ayudan a que el músculo recupere su equilibrio natural.
Finalmente, la prevención sigue siendo la mejor herramienta. Los médicos hacen hincapié en la ergonomía: es vital apoyar los codos al trabajar, respetar la curvatura natural de la columna al sentarse y, sobre todo, realizar pausas activas cada 30 o 40 minutos.
Corregir estos pequeños gestos cotidianos es la clave para evitar que una simple molestia de oficina se transforme en una dolencia crónica que afecte la calidad de vida.







