Durante años, quienes pasaron por la plaza departamental de Maipú seguramente lo vieron detrás de un carrito de café. Algunos frenaban por una medialuna y un cortado antes de entrar a trabajar. Otros se quedaban varios minutos conversando. Con el tiempo, ese pequeño puesto se convirtió en un punto de encuentro para decenas de vecinos.
De un carrito en la plaza para vender café a un local propio, la historia de un emprendedor
El joven de Coquimbito Emiliano Devita dejó carreras universitarias, pasó por distintos trabajos y encontró en un carrito de café un proyecto propio. Hoy varias de las personas que trabajan con él fueron antes clientes

Las tres fases de Emiliano Devita con su carrito para vender café.
Ahora, Emiliano Devita, un joven de 26 años oriundo de Coquimbito, abrió su primera cafetería. Sin embargo, insiste en que el objetivo no era dejar atrás el carrito que lo hizo conocido, sino trasladar esa misma experiencia a un espacio más grande.
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La historia de Hefesto Café comenzó mucho antes de que existieran las máquinas de espresso, las mesas y las vitrinas. También antes de que hubiera empleados. Hefesto, en la mitología griega, era el dios de los artesanos. Aunque también estaba asociado al fuego y la metalurgia, fue esa faceta la que cautivó a Emiliano Devita cuando buscaba un nombre para su proyecto. La referencia encajaba con la idea que tenía para su cafetería de construir algo propio, pieza por pieza, con paciencia, dedicación y una impronta personal.
"Hefesto era juzgado muchas veces por su apariencia, pero lo elegían por su trabajo. Con los vendedores ambulantes pasa algo parecido. Hay mucho prejuicio por cómo se ve algo desde afuera y a veces hay oro ahí".
El camino del emprendedor
"Empecé dos carreras y las dejé. Iba de un trabajo a otro. Sentía que estaba haciendo siempre lo mismo", recuerda.
En esa búsqueda aparecieron distintas posibilidades. Pensó en vender ropa, celulares y otros productos. Ninguna terminaba de convencerlo. Algunas requerían inversiones que estaban fuera de su alcance y otras simplemente no despertaban su interés.
"En mi casa somos muy cafeteros. Tenía un carrito de supermercado y dije: ya fue, pruebo con esto".
Con el paso de los meses, el carrito empezó a llamar la atención y no necesariamente por el café.
Devita sostiene que desde el principio quiso que el proyecto tuviera otra lógica.
"No vienen solamente a comprar un café. Vienen a tener un momento".
Por eso las conversaciones terminaron siendo tan importantes como los granos de café que utiliza. La costumbre de preguntar cómo estaba cada persona, escuchar problemas cotidianos o simplemente compartir algunos minutos se volvió parte de la identidad del lugar.
Muchos clientes dejaron de ser únicamente clientes. Actualmente, varias de las personas que trabajan en la cafetería llegaron primero como clientes.
"Todos los chicos que están conmigo fueron clientes en algún momento".
La relación se construyó de manera natural. Algunos comenzaron a acercarse cada mañana. Otros se quedaban conversando después de comprar. Con el tiempo, terminaron formando parte del proyecto.
Incluso hoy, Devita asegura que busca algo diferente cuando incorpora personas al equipo: "No quiero que alguien venga solamente a cumplir un horario. Quiero que disfrute estar acá".
"Para mí el empleado es más importante que el cliente". La afirmación rompe con una de las frases más repetidas dentro del sector gastronómico, donde suele sostenerse que el cliente siempre tiene razón.
Según explica, una persona que trabaja todos los días dentro del negocio termina representando mejor los valores de una empresa que cualquier campaña publicitaria.
"Si vos cuidás a la gente que trabaja con vos, eso después se refleja en cómo atienden a los demás".
El salto hacia un local propio tampoco formaba parte de los planes inmediatos.
Durante los últimos años, el carrito funcionó en la plaza departamental de Maipú. Sin embargo, la convivencia con algunos comerciantes de la zona generó tensiones.
Según relató Devita, hubo distintos reclamos para que se trasladara a otro lugar.
"Varias veces nos buscaron redireccionar o mover. El último episodio fue el que desató todo".
La situación terminó acelerando una decisión que pensaba tomar más adelante.
"Hablé con mis viejos y dije: bueno, es ahora".
Para concretarlo utilizó los ahorros acumulados durante años de trabajo. También recibió ayuda de familiares, amigos y empresas que colaboraron con distintos aspectos de la obra.
"No hubiese llegado sin ellos", dijo y agradeció a sus padres, Javier y Dolores, y a su hermano Leandro.
Devita recuerda especialmente a un amigo que trabajaba turnos nocturnos de 12 horas y después se sumaba a las tareas de construcción. "Terminaba de trabajar a las 7 de la mañana y venía directo para ayudarnos".
Por eso insiste en que el nuevo local no es solamente suyo.
"Es de todos los que estuvieron empujando para que esto se hiciera", explicó.
La inauguración tampoco estuvo libre de sobresaltos.
Minutos antes del corte de cinta, una de las máquinas que utilizaban para trabajar sufrió una falla mecánica.
"Se rompió justo antes de abrir".
Lejos de sorprenderse, lo tomó como una situación más dentro de una historia que siempre estuvo llena de imprevistos.
"Pensé: esto es exactamente lo que nos ha pasado siempre".
Cuando finalmente abrió las puertas, una escena terminó resumiendo buena parte del recorrido.
Entre los presentes estaba una clienta que había acompañado el proyecto desde el principio: su madre.
"Fue mi primera clienta en el primer carrito, también en el segundo y estaba ahí cuando cortamos la cinta".
No perder la esencia de vender en la calle
Aunque ahora existe un local, Devita asegura que el desafío principal era no perder aquello que hizo crecer a Hefesto. Por eso el nuevo espacio replica muchos elementos del carrito original. Las ruedas, las luces y distintos detalles de diseño fueron incorporados a la cafetería. "El local está hecho como un carro", mencionó.
La intención era que quienes lo acompañaron durante años reconocieran inmediatamente el lugar: "Queríamos mantener la esencia de lo que fuimos".
Mientras habla sobre el presente de Hefesto, Devita vuelve constantemente al futuro.
Dice que siempre fue una persona de pensar a largo plazo.
Por eso, incluso después de abrir su primera cafetería, no siente que haya llegado a una meta. Más bien cree que recién empezó una nueva etapa.
"Mi idea es que Hefesto se convierta en la cafetería más conocida de Argentina", se entusiasmó y cerró.