La primera vez que Dávide Marcolín, aventurero y amante de las motos, pisó Mendoza fue en 2019. Venía desde Buenos Aires, con una mochila cargada de expectativas y una misión muy personal: escalar el cerro Penitentes, en plena Cordillera de los Andes. Había elegido ese destino tras una charla con un viejo amigo italiano, Alberto, que vivía en la provincia y le había hablado con devoción de ese paisaje imponente. Lo que Dávide no sabía es que ese viaje sería el primero de muchos, y que Mendoza se convertiría, con el tiempo, en uno de sus lugares en el mundo.
De los Alpes a los Andes: el italiano motoquero que se enamoró de Mendoza y nunca deja de volver
Dávide Marcolín llegó por primera vez en 2019 para subir un cerro y hoy tiene amigos entrañables en Mendoza. Comparte su pasión por las motos y los encuentros humanos

Dávide Marcolín es italiano de Verona y amante de Argentina, especialmente de Mendoza.
“Fue una experiencia inolvidable”, recuerda con una sonrisa. “Busqué toda la información solo, desde Italia: cómo llegar, cómo prepararme, cuál era la ruta. Me lancé con otro colega italiano y, en la mañana del ascenso, conocí a una pareja mendocina de montañistas con los que me hice muy amigo. Desde entonces, nunca dejé de volver”, recuerda, en diálogo con UNO.
Dávide es oriundo de Verona, Italia, y tiene una vida rica en experiencias: trabajó para el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano, vivió seis años en Argentina —entre ellos durante la pandemia—, recorrió Sudamérica con respeto y curiosidad, y hoy lidera travesías únicas en moto por los Alpes europeos. Pero su historia con Mendoza tiene un lugar especial en su corazón.
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De cerro en cerro, de amigo en amigo y Mendoza en el corazón
Tras esa primera visita, regresó a Mendoza varias veces. “Alberto siempre me recibía con los brazos abiertos, y eso me permitió conocer muchos lugares. Subí el cerro Rincón, recorrí Potrerillos, fui a bodegas del Valle de Uco, en Tupungato, y cada vez me enamoraba más”, relata.
Pero el punto de quiebre fue cuando conoció a Fernando Lucero, un mendocino apasionado por las motos como él.
Junto a Fernando, emprendió travesías memorables en dos ruedas: la mítica Ruta 13, el serpenteante camino a Villavicencio, el paso Vergara, el Cañón del Atuel, y uno de sus favoritos: Valle Hermoso. “Pero si hay un lugar que me dejó sin aliento, es el Portillo Argentino. Es lo más salvaje y majestuoso que vi. Y eso que he recorrido medio mundo”, dice.
Asegura que en Mendoza no hay paisajes feos. Todo lo contrario: “Cada rincón tiene algo para ofrecer: una montaña que sorprende, una bodega escondida, un camino que invita a perderse, y sobre todo, gente maravillosa que te abre su casa y su corazón”.
Un arroyo helado, un gesto solidario y el inicio de una amistad mendocina
En una de sus primeras travesías por Mendoza, allá por 2019, Dávide vivió una escena que resume perfectamente su manera de viajar: con curiosidad, apertura y ganas de conectar. Estaba en Potrerillos, alojado junto a un amigo italiano, y se dirigían al cerro Penitentes. El día prometía aventura, pero también sorpresas.
“Al llegar al estacionamiento, vimos que había otros dos caminantes que salieron delante nuestro. Caminaban rápido, con paso firme. Mi amigo se rezagaba un poco y, la verdad, me estaba aburriendo. Así que decidí seguir solo, a mi ritmo”, recuerda.
Lo que Dávide no sabía es que esos dos caminantes eran Lorena y Sebastián, experimentados montañistas mendocinos. “Los alcancé, los superé, pero pronto me topé con un arroyo cubierto de hielo. No había forma de cruzar sin mojarse o resbalar. Empecé a tirar piedras para armar un pequeño paso y justo en ese momento, ellos me alcanzaron”, relata.
En vez de seguir, se quedaron con él. “Sin decir mucho, se pusieron a ayudar. Juntos fuimos levantando el fondo del arroyo piedra por piedra. Cuando lo logramos, ya no éramos desconocidos: éramos un equipo”, recuerda.
Esa fue la primera gran amistad mendocina de Dávide. Desde entonces, con Lorena y Sebastián no solo compartió la travesía del Penitentes (que no lograron completar por la hora y por el apunamiento que él sufrió), sino muchas otras cumbres y encuentros.
“Con ellos encontré algo raro: montañistas con nivel, con ganas de compartir, sin ego. Nos entendimos desde el primer cruce de mirada”, dice.
Un vínculo con Mendoza que no es solo turístico
El vínculo de Dávide con Mendoza no es solo turístico. Es afectivo, cultural y humano. Durante su estadía en Argentina —entre 2017 y 2022— desarrolló lazos profundos con personas de distintas provincias, pero fue aquí donde forjó amistades que perduran. “Los mendocinos tienen una forma muy noble de recibirte. Me sentí parte de la familia”, afirma.
Esa calidez lo ayudó incluso a transitar el aislamiento durante la pandemia. “Fue una época difícil, pero también me permitió valorar aún más los vínculos humanos. Todo tenía un sentido especial”, recuerda.
El guía que transforma viajes en moto en experiencias
Hoy, ya de regreso en Europa, Dávide es el alma de una propuesta única: guiar en moto a pequeños grupos de viajeros —muchos de ellos argentinos— por una ruta de 4.000 kilómetros en moto a través de los Alpes, cruzando seis países y casi treinta cumbres.
Pero no se trata de un simple tour. Es una experiencia transformadora. “Muchos vienen por la aventura, pero se van con algo más. Yo no soy solo guía, soy compañero de ruta. Les cuento historias de cada pueblo, hablamos de filosofía, de geografía, de gastronomía. Compartimos almuerzos sencillos, cenas inolvidables en lugares típicos y desconocidos y charlas profundas. Se forma una tribu”, dice.
Dávide prepara todo personalmente: rutas alternativas, hospedajes con encanto, mapas detallados, recomendaciones de vinos locales, herramientas para emergencias y hasta los desvíos inesperados que hacen del viaje una verdadera sorpresa.
“Viajar no es solo ver paisajes. Es entender lo que estás pisando, quién vivió ahí, qué historia guarda ese rincón”, explica con la misma pasión de siempre.
Una mirada que cruza montañas y culturas
Antes de dedicarse al turismo, Dávide trabajó en cooperación internacional. Estuvo en Bolivia, Ecuador, Brasil, Perú y Argentina, siempre en contacto con comunidades originarias. “Aprendí muchísimo de los pueblos aymara, quechua y guaraní. Me marcaron profundamente. Hoy intento aplicar esa mirada respetuosa y curiosa en todo lo que hago”, comenta.
Ese enfoque humano y su sensibilidad son parte de lo que lo hace único. Desde reparar una moto en medio de la nada —como le pasó con un grupo en Chile— hasta organizar cenas memorables con productos regionales en medio de los Alpes, todo está atravesado por su filosofía: “Viajar es, ante todo, un encuentro entre personas”.
Mendoza en el corazón y espíritu aventurero
Pese a los miles de kilómetros que hoy lo separan de la Argentina, su vínculo con Mendoza sigue vigente. Habla a diario con sus amigos, sigue los paisajes por redes sociales, y sueña con regresar pronto.
“Tal vez en diciembre. Quiero volver a abrazarlos, a recorrer esos caminos de ripio, a probar un buen vino en el patio de alguien querido. Mendoza me dio mucho más de lo que esperaba. Me dio identidad, pertenencia y memoria afectiva”, explica.
Quienes quieran sumarse a esta experiencia única pueden contactarlo por correo electrónico en davidemarcolin@gmail.com o a través de Instagram en @19davide65. También está disponible en Facebook: https://www.facebook.com/share/16dX6aYXqH/?mibextid=wwXIfr.