Mendoza Profunda

De la escuela al puesto: un largo camino de regreso a casa en el paraje Las Loicas en Malargüe

En este, el tercer viaje del equipo de Mendoza Profunda, los invitamos a conocer la vida en Las Loicas, a más de 400 kilómetros de la capital mendocina

El equipo de Mendoza Profunda concretó su tercer viaje, esta vez al paraje Las Loicas en Malargüe. Allí, Jorgelina agacha la cabeza para proteger sus ojos del viento, el mismo viento que hace que los pastizales de la orilla del río se doblen sobre las piedras. El pelo oscuro se le alborota mientras sube a la canasta junto con Candela, que se sienta en el piso. Rubén, su tío, va a cruzarlas sobre el río Grande, el más ancho de Mendoza.

Mendoza Profunda-Las Loicas
El periodista Julián Chabert contempla el cruce del río Grande en Malargüe.

El periodista Julián Chabert contempla el cruce del río Grande en Malargüe.

El paisaje entre montañas ha contemplado este cruce de los pobladores hacia la otra vera por 100 años. No hay puentes, el más cercano está en la localidad de Bardas Blancas, a 40 kilómetros de Las Loicas.

Todos usan una canastilla que se mece sobre el agua y que por medio de un sistema de roldanas se desliza por un grueso cable de acero, ayudada por los fuertes brazos de algún lugareño que la impulsa con una palanca.

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Milena, Jorgelina y Candela se aprestan a subirse a la jaula y cruzar el río para volver a casa.

Milena, Jorgelina y Candela se aprestan a subirse a la jaula y cruzar el río para volver a casa.

En esta orilla aguardan para subir Milena y Daniela, las primas de Jorgelina, con su mamá Guadalupe. En la otra orilla, se encuentran los caballos que las llevarán hasta el puesto distante dos kilómetros.

Otro de los tíos, Héctor, armó un carro tirado por uno de los caballos donde acomodan las mochilas. Además, les sirve para transportar lo necesario, aunque sea más pesado o voluminoso.

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Rubén y Héctor, los tíos de las chicas, son los encargados de mover la jaula para cruzar el río.

Rubén y Héctor, los tíos de las chicas, son los encargados de mover la jaula para cruzar el río.

Otra vez en el puesto

Las chicas vuelven a casa después de haber tenido dos semanas de clase en la escuela albergue Bernardo Houssay. Es el sistema, 15 días en la escuela, 15 días en el puesto. Están ansiosas por el reencuentro con sus familiares. Tanto como lo estarán para volver en dos semanas para jugar, estudiar y divertirse con sus compañeros.

Todo el trayecto les toma alrededor de una hora y media, pero el entusiasmo siempre está, no faltan nunca, a no ser que una crecida por lluvias o demasiada nieve les impidan el paso.

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Puesto de Arroyo Hondo en Las Loicas.

Puesto de Arroyo Hondo en Las Loicas.

El mismo medio de transporte usan los puesteros para trasladar mercaderías e incluso sus animales. En un viaje pueden llevar unos diez o quince chivos. Si deben cruzar con vacas o caballos, estos lo hacen nadando.

El problema es que, a falta de un puente, no pueden cruzar los vehículos.

Al llegar al puesto espera otro cruce. Esta vez, sobre un arroyo bastante caudaloso sobre el que hay instalada una tabla a modo de pasarela. Candela está contenta, va a reencontrarse además con su caballo Spirit.

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La cabalgalta para llegar al puesto es de 2 kilómetros.

La cabalgalta para llegar al puesto es de 2 kilómetros.

Los animales forman parte de la vida cotidiana de las niñas. Tienen sus preferidos y bautizan a la mayoría. Ellas aman su vida en el puesto. Después de cruzar, corren los últimos metros a abrazarse con los padres que se quedaron esperándolas.

La vida de los puesteros es sacrificada, el trabajo es arduo, en invierno hace mucho frío, la nieve tapa los pastos y a veces sepulta a los animales. Por otro lado, es más sencilla y la belleza del paisaje quita el aliento.

Llegando al puesto Arroyo Hondo en Las Loicas.png
Llegando al puesto Arroyo Hondo en Las Loicas.

Llegando al puesto Arroyo Hondo en Las Loicas.

Los sueños siempre dicen ¡presente!

Jorgelina sueña con ser veterinaria. Herminia, su mamá, le explicó que de esa manera va a poder elegir entre quedarse con los animales que ama o salir del campo.

Jorgelina desensilla su caballo en Las Loicas.png
Jorgelina desensilla al llegar al puesto.

Jorgelina desensilla al llegar al puesto.

Jorgelina lo entendió y hoy, con 12 años, sabe que tiene que estudiar para tener opciones, para que quedarse en el puesto sea su decisión y no un destino ineludible como lo fue para su madre. En la escuela vislumbró nuevos horizontes y sabe que puede tener una vida distinta y ayudar desde otro lugar.

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Candela y su prima a punto de cruzar el río.

Candela y su prima a punto de cruzar el río.

Por eso todos se esfuerzan para que las chicas viajen hacia la escuela en condiciones tan peculiares. Ellas conocen esos anhelos y ponen lo mejor de sí para lograr concretarlos. Milena es la abanderada. Nunca hay excusas, ni las distancias, ni las dificultades, ni el clima.

En Lavalle, en Ñacunán, faltaba el agua; aquí, el agua abunda: ríos, arroyos, vertientes, surgentes. Pero el deseo de superación, el esfuerzo, el estudio y el trabajo son denominadores comunes.

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La comunidad educativa de la escuela albergue minutos antes de la despedida del equipo de Mendoza Profunda.

La comunidad educativa de la escuela albergue minutos antes de la despedida del equipo de Mendoza Profunda.

Dejamos Las Loicas con la íntima convicción de que a medida que avanzamos por los caminos de esta Mendoza Profunda seguiremos encontrando más historias como la de Jorgelina y su familia, historias que nos inspiran, nos interpelan y que nos hacen valorar cada detalle de nuestras vidas.

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