Mientras la mayoría se aburre en el aislamiento por el coronavirus y algunos hasta vulneran la medida, hay quienes no tienen otra opción que salir a trabajar. Mendoza no es la excepción.
Además del personal de salud y seguridad, también hay otros que siguen en la calle, cumpliendo sus tareas a pesar de la prohibición de salir por la pandemia de coronavirus.
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Cargan con una mezcla de compromiso, vocación, necesidad. La mayoría son anónimos, conocidos solo por los cercanos. Pequeñas historias, individuales, únicas. Cada uno está ahí, porque su ausencia complicaría aún más la vida de esta sociedad, que ya carga con demasiados temores.
La vendimia en Mendoza aún no ha terminado. Todavía en las fincas y en las bodegas hay una intensa actividad.
A Silvio Estabilla (36) no le falta mucho para recibirse de profesor. Mientras tanto, para aportar a la economía familiar (tiene mujer y una pequeña de un año y un mes) está cosechando. Vive en la ciudad de Rivadavia, pero durante la semana se queda en zona rural, para estar más cerca. “Ahora estamos cosechando en La Central”, dice, y cuenta que “somos una cuadrilla de unas 45 personas, la mitad mendocinos y la otra tucumanos”.
Cuenta que “los mendocinos, de lo único que se hablamos, es del coronavirus. Los tucumanos no, están más desinteresados del tema y solo enfocados en el trabajo. Incluso hay algunos que tienen a sus niños ahí, con ellos, en la finca”.
Dice que “también tengo compañeros jubilados, de 66, 67 años, que igual están cosechando porque apenas cobran la mínima y necesitan la plata. Entre nosotros hay mucha incertidumbre y hay miedo por la familia, pero no tenés otra opción. Necesitamos la plata”.
Martín Hugas (38), es otro integrante de esa cuadrilla. “Acá, en la tierra, en la viña, no hay tiempo de pensar en el coronavirus. Está presente y se toman todos los recaudos, pero hay que trabajar”, dice.
Martín agrega que “mi esposa está en mi casa, con los niños, cumpliendo todos los días con las tareas que envían las maestras de cada niño para cumplir con la asistencia al colegio. Pero la preocupación mayor, por lo que me esfuerzo día a día, es que no nos alcanza con lo que ganamos. ¡Nos pagan $12 el tacho de criolla! Soy papá de dos varones, uno de 7 y otro de 3, y con mi esposa luchamos día a día para darles lo mejor. Luchamos por salir adelante y progresar pero acá, en la viña, no es posible. Estoy trabajando por el mismo precio de tacho que el año pasado”. Luego sentencia: “Yo no tengo cuarentena. Tengo que salir a buscar el pan de cada día, con calor, frío, lluvia o coronavirus…”
En los barrios también hay algunas historias. Algunos vecinos incentivan a comprar en los comercios vecinos, para sostener la delicada economía social.
Por su lado, especialmente los almaceneros, mantienen abierto, en parte para mantener su renta, pero también como un fin social, ya que el cierre de esos negocios complicaría enormemente a sus vecinos.
Los de la foto de arriba, como ejemplo claro de esto, son la familia de Hugo y David Arco, que acompañados por Marisol y Leandro, cerraron el acceso al público del autoservicio y ahora atienden en la puerta.
El lugar, como muchos almacenes de estos días, son el único sitio donde los vecinos, manteniendo distancia prudencial, se ven las caras y cruzan anécdotas e información.
Los trabajadores de prensa, se dividen entre trabajar desde la casa, desde las redacciones y estudios, y en las salidas a la calle, para cubrir situaciones especiales.
Así ocurre en los medios y en aquellos que trabajan para los organismos y distintos niveles del Estado.
Los de la foto son Rodolfo Moreno, Fernando Cerroni y Marcelo Roux, quienes salieron a capturar imágenes sobre la desinfección de la vía pública, en la ciudad de General San Martín.
Y también están los choferes, especialmente los camioneros y los del transporte público, esenciales en su trabajo.
Alejandro Nahuel Aguilera, mientras cumple con sus tareas como conductor de colectivos en Mendoza, dice: “Nosotros somos el primer eslabón de la cadena de contagio, ponemos el pecho a la situación, no es fácil y más sabiendo que nosotros y nuestras familias pueden ser infectados”, y remata: “Por favor quedate en casa, cuidate, cuidanos”.
