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Científicos analizaron una uva de hace miles de años: esto es lo que encontraron

Un grupo de expertos identificó en un estudio semillas medievales que poseen una genética idéntica a las variedades actuales

Editado por Francisco Pérez Osán
perez.francisco@diariouno.com.ar

Varios científicos de instituciones europeas procesaron restos arqueológicos para comprender la evolución de la viticultura a lo largo del tiempo. El hallazgo principal se produjo al examinar una semilla de uva del siglo XV, recuperada en el sitio donde funcionó un antiguo hospital en Francia. Los análisis genéticos demostraron que este espécimen resulta indistinguible de la cepa pinot noir que se cultiva en la actualidad. Este estudio permitió determinar que la planta mantuvo sus características sin alteraciones significativas durante al menos seiscientos años.

La investigación abarcó un periodo extenso que comenzó en la Edad del Bronce y finalizó en la Baja Edad Media. Los expertos recolectaron un total de 49 pepitas en diversos yacimientos ubicados en España y Francia para realizar la secuenciación de su ADN. Al comparar estos materiales con ejemplares modernos, notaron una continuidad asombrosa en la estructura biológica de la uva. El proceso de propagación por esquejes, técnica que aún se emplea en los viñedos contemporáneos, facilitó que las variedades preferidas por las sociedades antiguas llegaran intactas hasta el presente.

Genética intacta

pinot noir

El descubrimiento de una semilla del siglo XV vinculada al pinot noir sugiere que figuras históricas de la época consumieron el mismo fruto que se produce hoy en las regiones vitivinícolas. Ludovic Orlando, especialista de la Universidad de Toulouse, lideró el trabajo que vincula la herencia botánica con la cultura europea. Aunque existe la certeza sobre la igualdad genética, los investigadores aclararon que el sabor del vino de aquel entonces podía variar debido a las técnicas de fermentación y las condiciones climáticas del pasado. El entorno de crecimiento y los métodos de producción influyen directamente en el perfil aromático de la bebida final.

Los resultados indican que los agricultores de hace siglos decidieron conservar esta cepa específica sin introducir modificaciones. Mientras otros cultivos como el maíz atravesaron miles de ciclos de selección y cambio, la vid permaneció casi estática. Esta estabilidad demuestra un alto grado de satisfacción de los productores antiguos con el rendimiento y la calidad de estas plantas. La predilección por ciertos sabores impulsó la creación de clones que sirvieron como fotocopias biológicas a través de las generaciones.

Futuras aplicaciones para la agricultura moderna

uvas

Los científicos investigaron cómo fue la propagación de esta cepa.

El análisis de estos materiales antiguos busca algo más que reconstruir el pasado. Los autores del trabajo pretenden identificar rasgos de resistencia en especies históricas para enfrentar los desafíos ambientales actuales. La búsqueda de genes asociados a los tiempos de floración o maduración podría ofrecer herramientas útiles ante las variaciones térmicas globales. La información obtenida del ADN antiguo proporciona pistas sobre cómo las plantas se adaptaron a diferentes suelos y climas en el transcurso de cuatro milenios.

La ciencia busca entender la historia de convivencia entre los seres humanos y la naturaleza mediante este tipo de evidencias biológicas. El rastreo de la uva desde su estado silvestre hasta su domesticación completa permite visualizar los cambios en las prácticas agrícolas. Al estudiar las variedades ancestrales, se abre la posibilidad de recuperar características perdidas que fortalezcan a los viñedos del futuro. La persistencia de una misma cepa durante siglos refleja un vínculo cultural profundo que une a los viticultores medievales con los productores modernos.

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