Quizás solo sea parte de la imaginación popular, que le ha atribuido otras tantas anécdotas fantásticas, pero lo cierto es que dicen que un día, uno de tantos y como cualquiera, el Beto pasó por un bar del centro. El dependiente, medio cansado de que le mangueara siempre un café y un pucho, le ofreció que, a cambio, pasara el lampazo. Y el Beto, rápido de reflejos, le contestó: “¿Sos boludo? Solo los locos como vos laburan”.
Y también dicen que el Beto Micheli se murió una noche de jueves, del jueves 18 de enero del año pasado, pero eso seguro que es mentira por más que desde ese momento las calles de San Martín se vean desoladas y que seguramente alguna de ellas lleve su nombre algún día.
En principio el próximo 3 de febrero la Fiesta de la Vendimia de la ciudad de San Martín estará hecha en su honor, escrita por el historiador Alejandro Ravazzani.
“Murió el Beto”, fue la frase que repitió toda la ciudad hace justo un año, entre la angustia y la perplejidad. Nadie tuvo que preguntar a qué Beto se referían. Todos pensaron en él, el personaje más popular y querido de San Martín. El Beto Micheli, que para los foráneos podría definirse como “el loco del pueblo”, aunque para la ciudad del este mendocino fue bastante más que eso.
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Albeto "Beto" Micheli falleció el 18 de enero de 2018 en San Martín.
Tenía 60 años. Había nacido el 4 de diciembre de 1957. Mario Micheli, su hermano mayor y que toda la vida estuvo a cargo de su cuidado, contó con la dificultad propia de la pérdida, que “mi padre murió joven y nuestra madre también, a los 36 años. Tuvimos dos hermanas mayores ya fallecidas y después seguía yo, otra hermana y el Beto, que era el menor”.
“Mi madre tenía leucemia, el cáncer blanco como le decían en esa época, y recibió radioterapia mientras estaba embarazada del Beto. Eso le afectó al Beto un nervio de la mente, que quedó medio tostado, pero apenitas (SIC)” “Mi madre tenía leucemia, el cáncer blanco como le decían en esa época, y recibió radioterapia mientras estaba embarazada del Beto. Eso le afectó al Beto un nervio de la mente, que quedó medio tostado, pero apenitas (SIC)”
Mario Micheli, su hermano mayor
Mario también recordó que al Beto niño “lo vieron varios doctores de Mendoza y Córdoba, pero dijeron que no había nada que hacer y nos dijeron que solo había que darle Haloperidol, una droga que por ese tiempo venía de Inglaterra… Y así anduvo, siempre”.
El mito popular dice que el Beto había sido un muchacho normal y buen futbolista, hasta que recibió un tremendo pelotazo que lo dejó afectado. Pero no es así. En cambio es cierto que cuando tenía 20 años y andaba en bicicleta, “lo atropelló un colectivo de la TAC”. Según Mario “estuvo internado en el Hospital Central y quedó bien… Bueno, quedó como siempre había sido él”.
Beto vivía con su hermano en la calle Lavalle, la más chacarera de todas, y tenía la rutina de salir a caminar hacia el centro dos veces al día, una a la mañana y otra después de la siesta.
Recorría bares y negocios, pidiendo que le conviden un café y un pucho. Siempre amable, muchas veces riendo, siempre conversando. Jamás agresivo, nunca malhumorado.
Solía decir que tenía sangre polaca. Que le gustaban las rubias pero no las morochas y nunca fue descortés con ninguna mujer.
“Vivía en su mundo”, dice su hermano Mario, pero también es cierto que no estaba totalmente desconectado de la realidad. A preguntas simples y concretas, respondía con corrección y simpleza.
Caminaba mucho, siempre. Desde su casa de la calle Lavalle hacia el centro, ida y vuelta, además de todas las cuadras del centro.
“Me lo crucé un domingo, el 26 de enero de 2017. Un día en que las lagartijas andaban en ojotas y no había nadie más en la calle. Solo el Beto” “Me lo crucé un domingo, el 26 de enero de 2017. Un día en que las lagartijas andaban en ojotas y no había nadie más en la calle. Solo el Beto”
Stefano Gavosto, fotógrafo
“Le pedí permiso para hacerle algunas tomas y no tuvo problema”, dijo Gavosto, un muchacho de apenas 18 años y capaz de lograr tomas magistrales. Las fotos de Stefano se viralizaron la semana de la muerte del Beto. Son, por lejos, las mejores por más que casi todos se han sacado una foto con él alguna vez.
“Nos han venido a preguntar si queremos que le pongan su nombre a una calle. Sería un buen homenaje”, cuenta Mario.
Su despedida fue multitudinaria. Muchos se hicieron un tiempito para ir a decirle adiós en una de las salas de la Cochería Milio. “Yo le pedí permiso al hermano y le dejé un pucho en el cajón”, dice otro Mario, este administrador de uno de los bares.
Hoy, a un año de su caminata más larga, en los bares de la ciudad se lo recordó con cariño. “Creí verlo esta mañana…”, dijo convencido un parroquiano, convencido. Seguro que no mentía.