Algunos edficios o monumentos de nuestro país cuenta con una historia fascinante. En este caso te hablaremos de una catedral que se destaca por ser uno de los patrimonios arquitectónicos más importantes de Argentina y uno de los más logrados exponentes de la arquitectura barroca de toda América.
¿Qué catedral argentina que está hecha con jugo de cáctus?
Se trata de la Catedral de Córdoba ubicada en la ciudad de esta provincia argentina. Su edificación comenzó en 1582 con el nombre de Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.
En 1598 el alfarje o maestro mayor de obras Gregorio Ferreira y el cantero Juan Rodríguez emprendieron la construcción del edificio con materiales lo suficientemente sólidos (piedra, ladrillos y cal).
Luego, en 1601 el carpintero Mateo Domínguez comenzó a realizar una armadura de listones y vigas para el techo mientras que Hernando Álvarez fue comisionado para que supervisara la fabricación de 30 000 tejas musleras.
Continuaron con el trabajo diversos profesionales como Ricardo González Merguete, Gian Battista Primoli, entre otros. En 1706 la catedral fue oficialmente consagrada.
Posteriormente el franciscano fray Vicente Muñoz diseñó y dirigió la construcción de la magnífica gran cúpula con cimborrio. Durante los dos primeros siglos de su edificación trabajaron en la obra muchos aborígenes procedentes de las estancias jesuíticas.
La fachada fue diseñada y concluida por Andrés Blanqui en 1729, quien se animó a mezclar la cal extraída de las sierras de Córdoba con jugo de tuna (cáctus) para crear una argamasa impermeable y súper dura.
La gran puerta de entrada, al igual que la sillería del coro en torno del altar mayor son obras jesuíticas talladas en cedro misionero. Con el correr de los años se fueron añadiendo otros detalles como la estatua del Cristo Redentor, pinturas, vitrales, etc.
En 1941, se la proclama Monumento Histórico Nacional, y en 2007 se la restauró y pintó por completo nuevamente. Su restauración finalizó en el 2010 para los festejos del Bicentenario de Argentina.





