Historias

Amaba a sus gatos, murió sola y la Policía encontró una escena de terror en su casa

En abril de 2013, los vecinos del barrio se dieron cuenta de que algo raro pasaba. Al llegar, la Policía se encontró con una escena digna de una película de terror

Editado por Luciano Carluccio
carluccio.luciano@diariouno.com.ar

El caso de Janet Veal es uno de esos dramas policiales que impactan por la crudeza de los detalles. Ocurrió en Ringwood, un pueblo del sur de Inglaterra, y dejó al descubierto lo peligroso que puede ser el aislamiento social. Una mujer de 56 años falleció en el living de su casa y nadie se enteró de su muerte hasta que pasaron varias semanas.

Janet era una vecina muy solitaria. Vivía completamente aislada y casi no tenía contacto con el mundo exterior. Su único refugio eran sus mascotas: tenía varios gatos y un perro en la propiedad. Quienes la cruzaban de vez en cuando sabían que era una verdadera amante de los animales. El gran problema era su salud; sufría de graves problemas respiratorios que arrastraba desde hacía tiempo en el más absoluto silencio.

La mujer convivía con varios gatos y apenas un perro.

Una muerte silenciosa

En abril de 2013, los vecinos del barrio se dieron cuenta de que algo raro pasaba. Las cartas se acumulaban por debajo de la puerta y Janet no se asomaba por ninguna ventana. Ante la sospecha de que algo malo había ocurrido, llamaron a la Policía.

Cuando los uniformados rompieron la puerta de entrada e ingresaron a la casa, se toparon con una situación dantesca. La escena era tan traumática que los primeros oficiales tuvieron que salir de inmediato a la vereda para poder respirar.

Los gatos recurrieron al instinto de supervivencia para sobrevivir.

Tiempo después, la investigación forense realizada en los tribunales de Southampton aclaró cómo se desencadenó la tragedia. La autopsia confirmó que la mujer sufrió una crisis respiratoria fulminante provocada por una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Murió por causas naturales de un momento para el otro, tirada en el suelo y sin ninguna chance de pedir auxilio.

El instinto animal que desató lo peor

Sin embargo, el horror vino después. Las mascotas quedaron encerradas adentro de la casa, sin agua y sin comida durante semanas. Con los días, el hambre extremo hizo lo suyo. Llevados por el instinto básico de supervivencia, los gatos que sobrevivieron terminaron alimentándose de los restos de su propia dueña.

El forense a cargo del caso, Keith Wiseman, fue muy directo al cerrar el expediente y pidió no demonizar a las mascotas. Explicó que no existió ningún tipo de ataque mientras la mujer estaba con vida. Fue una tragedia absoluta provocada por la soledad de una vecina y el encierro de sus animales, que solo actuaron para no morir de hambre.

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