No hay aroma que convierta una casa en un hogar tan rápido como el del pan recién horneado. Sin embargo, para muchos, la idea de lidiar con levadura, tiempos de leudado y hornos resulta intimidante. Es por eso que, a continuación, te presentamos una receta pensada exclusivamente para principiantes.
Cómo hacer pan casero para principiantes: la receta de fácil paso a paso
No hay nada más gratificante que poner las manos sobre la masa y hacer un riquísimo pan casero, hecho con una receta que es muy sencilla

El pan casero es muy fácil de hacer, sobre todo con esta receta, de las más sencillas para elaborar esta delicia.
La buena noticia es que hacer un pan casero básico, no se requiere ingredientes difíciles de conseguir, amasadoras profesionales ni años de experiencia: solo se necesita agua, harina, sal, levadura y, sobre todo, paciencia.
Receta de pan casero para principiantes, ingredientes
Para empezar la receta y realizar dos panes medianos, es fundamental respetar las cantidades. La panadería es, en el fondo, química pura:
Recomendadas
- 500 g de harina de trigo: podés usar harina 000 (para un pan con más estructura y corteza) o 0000 (para una miga más blanca y suave).
- 300 ml de agua tibia: el agua debe estar apenas tibia, similar a la temperatura corporal. Si está muy caliente, matará la levadura.
- 15 g de levadura fresca o 5 g de levadura seca: ambas funcionan perfecto.
- 10 g de sal: equivale a una cucharada sopera rasa.
- 2 cucharadas de aceite de oliva o de girasol: le aportará elasticidad a la masa y durabilidad al pan.
Receta de pan casero para principiantes, paso a paso
- El armado de la "corona": sobre una mesada limpia, volcá la harina y hacé un hueco en el centro, formando una especie de volcán o corona. Espolvoreá la sal por la parte exterior de la harina (es vital que la sal no toque directamente la levadura en este primer paso).
- La mezcla: en el centro de la corona, desmenuzá la levadura fresca (o volcá la seca), agregá el aceite y verté el agua tibia de a poco. Con los dedos, empezá a integrar el líquido con la harina desde el centro hacia afuera.
- El arte de amasar: una vez que se forme un bollo, llega el momento de trabajar. Amasá con la parte baja de la palma de la mano (el talón de la mano), estirando la masa y volviéndola a plegar sobre sí misma. Hacé esto durante unos 10 minutos. La masa pasará de ser pegajosa a volverse lisa, suave y elástica.
- El primer descanso (leudado): formá un bollo liso, ponelo en un bol ligeramente aceitado y cubrilo con un repasador limpio o papel film. Dejalo reposar en un lugar cálido de la cocina y libre de corrientes de aire durante 1 hora, o hasta que duplique su volumen. Este paso es mágico: dejá que la levadura haga su trabajo.
- Desgasificado y formado: volcá la masa hinchada sobre la mesada y aplastala suavemente con los dedos para quitarle el exceso de gas. Dividí la masa en dos y dale la forma que prefieras: pueden ser dos bollos redondos o con forma de flauta. Colocalos en una placa para horno previamente enmantecada o aceitada.
- El segundo descanso: cubrí los panes nuevamente y dejalos reposar otros 30 a 40 minutos. Antes de hornearlos, podés hacerles unos cortes superficiales en la parte superior con un cuchillo bien afilado (esto ayuda a que el pan se expanda bien en el horno y le da un toque rústico).
- Al horno: precalentá el horno a 200°C (horno fuerte). Horneá los panes durante 25 a 30 minutos.
- El truco de oro de la receta: para saber si el pan está listo, golpealo suavemente en la base. Si suena a hueco, ya está perfecto.
Tres consejos finales para no fallar sobre la receta
- Cuidado con la temperatura: el frío es enemigo de la levadura. Si es un día muy frío en Mendoza, podés encender el horno unos minutos, apagarlo y dejar leudar la masa allí adentro con la puerta entreabierta.
- Vapor para la corteza: si querés una corteza bien crujiente, colocá un recipiente apto para horno con un poco de agua hirviendo en el piso del horno durante los primeros 10 minutos de cocción.
- Dejalo enfriar: aunque la tentación sea enorme, esperá a que el pan se enfríe sobre una rejilla antes de cortarlo. Si lo cortás en caliente, la miga se apelmazará.
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