Todos en el Este y en gran parte de la provincia lo conocen como “el Siete vidas”. Se llama José María Llaver (64) y su rostro se hizo conocido por ser una de las figuras que, mayormente en época de vendimia, hacía de vocero de los productores vitivinícolas que exigían mejores condiciones y más atención por parte del Estado y se enfrentó con gobernadores peronistas y también radicales, a pesar que se ha encuadrado casi siempre dentro de la UCR provincial.
Después de que Alfredo Cornejo lo anulara como referente, pasó a ser asesor de Mario Abed y ahora la Municipalidad de San Martín lo nombró como “coordinador de barrios”, un cargo creado por el intendente Raúl Rufeil.
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Llaver era referente de la Asociación de Productores en Acción (APA), pero en 2017 el entonces gobernador Alfredo Cornejo decidió intervenirla y desplazar al "Siete vidas" de la presidencia.
“Cornejo me sacó la personería jurídica en enero, después de asumir. Creía que me iba a frenar con eso, pero para frenarme a mí eso no alcanza, es mucho más difícil”, dice hoy Llaver, y agrega que “con Cornejo nos saludamos, pero políticamente me ninguneó siempre”.
El caso es que, tiempo después, el entonces intendente de Junín, Mario Abed, lo nombró asesor de Intendencia y le encomendó potenciar la nueva bodega municipal, Ex Carrocindo. Ahora el intendente de San Martín, Raúl Rufeil, creó el cargo de “coordinador de barrios” y nombró en él a José María Llaver, con sueldo equivalente al 72% del sueldo del jefe comunal, unos $100.000 mensuales.
“Yo he venido a servir, porque está Raúl Rufeil. El día que no esté, me vuelvo a mi casa, el resto ni me interesa”, dice. “Yo lo hago por Rufeil, porque es un tipo de buena leche y lo apoyo a morir. Antes que lo toquen a Rufeil, elijo 100 veces que me toquen a mí… y hasta voy preso. Yo tengo un buen pasar (dice que tiene varias fincas en la zona) y no necesito la plata” y acota: “Defiendo a Rufeil y soy un solado de Abed, lo demás me importan un carajo”.
Dice que dejó el cargo de asesor en Junín a comienzos del último diciembre y que el 18 de ese mes el intendente Rufeil lo nombró en San Martín, pero empezará a cobrar su dieta desde el 1º de febrero y que, hasta ahora, ha desempeñado su función “con mi plata y mi camioneta y yo me pago el combustible”.
El “Siete vidas” se presta a la entrevista telefónica, que se extiende durante 48 minutos, pero cada tanto le advierte al periodista que “ya me dijeron que me estabas buscando”, indica que “te estoy probando” y que “yo también te estoy grabando”.
Es, claro, miembro de la familia Llaver, la de Santiago Felipe, el primer gobernador de esta era democrática. “A ninguno de los Llaver nos pueden decir que hayamos robado ni un peso. Guste más o guste menos, mi familia ha sido honorable, no así de los otros gobernantes de todos los partidos. Hay uno que vive en barrio privado, ese tipo choreó y es de mi partido”, sentencia.
Mientras dice que “tengo códigos y no soy pelotudo”, hace un resumen de su currículum. “Fui asesor de gobernación del 83 al 87. Concejal del 87 al 91. Diputado del 91 al 95. Ahí me retiré, por un montón de cosas. Creo que tiene que haber rotación, no como otros amigos que entraron en el 83 y hasta el día de hoy siguen siendo funcionarios en forma ininterrumpida. ¡Eso es una barbaridad!”, y afirma que “yo ya fui todo lo que tenía que ser en política”.
El apodo
Dice que acepta que le llamen “Siete vidas”, pero “si es de buena leche. Si no es así, les digo que me digan José María Llaver” y cuenta que “me dicen Siete vidas, pero me podrían decir yeta” y repasa el origen de este particular apodo.
Cuenta que en el 71, el 4 de julio, cuando era un estudiante de secundario “mi padre se fue a almorzar a la confitería San Remo y me obligó a quedarme en casa, porque yo debía Geografía y tenía que estudiar. Me vino a buscar mi primo, con unos amigos, en una cupé Torino”. Lo invitaron a dar una vuelta, pero José María no se animó a desobedecer a su padre porque “me cagaba a palos, literalmente, me cagaba a talerazos…y lamentablemente me pegó poco”. Los amigos siguieron viaje y el paseo terminó con un brutal accidente en la ciudad de Rivadavia. “Mi primo se descerebró y murió unos días después”.
Llaver recuerda otro episodio parecido. Después de una noche de boliche un amigo le ofreció continuar la parranda, girando por la ciudad en su auto. Ya eran las 2 de la madrugada “y mi viejo me ponía límites, entonces le dije que no, que tenía que volver a casa”. El amigo terminó teniendo un grave accidente a las 7 de esa madrugada.
Luego recuerda que "otra vez, volqué con mi Falcon Sprint. Me tuvieron que poner 100 puntos en la cara. Me salvé de pedo”.
Y otro caso: “Era carnaval y estábamos en el centro de San Martín. Yo corrí, tratando de que un amigo me mojara, y me llevó por delante una Renoleta. Instintivamente apoyé las mano en el capó, hice una pirueta y la pasé por arriba y caí parado detrás. El tipo de la Renoleta no podía creer que me hubiera salvado”.
El funcionario municipal
Sostiene (en la Municipalidad de Junín también cuentan lo mismo) que su gestión como asesor en esa comuna fue efectiva. “Le di un empujón inicial a la bodega municipal y allí molieron 476 productores. Fue un éxito”, dice, y sostiene que tratará de colaborar en este mismo rubro en San Martín, por más que nos sea su función. “San Martín no puede comprar ni un alfiler, porque nos dejaron con $500 millones de deuda, pero quizás podría alquilar algunas bodegas para ayudar a los pequeños productores, porque los grandes los están llevando a la quiebra”.
Cuando este medio consultó sobre el rol que cumplirá quien ocupe el cargo de Coordinador de Barrios, se dijo que “aún debe definirse”, pero Llaver dice tener totalmente claro cuál es. Aún más, sostiene que lo está cumpliendo desde que le anunciaron que ese cargo sería suyo, hace un mes y medio, aún cuando la designación recién está vigente desde el 1º de febrero.
Dice que “después de 16 años de gestión de Giménez (Jorge), de los cuales rescato los primeros 4, los barrios del departamento de San Martín dependían del secretario de Obras Públicas. Teníamos 62 direcciones y se han reducido a 23 y los barrios, especialmente de Palmira y San Martín, tenían todas las falencias”.
Algunos barrios, según Llaver
Los Parrales: “No tiene alcantarillas ni cruces. Hay aguas servidas en las acequias, llenas de bacterias, enfermedades, dengue… Ya estoy trabajando para que nos juntemos con la unión vecinal, Vialidad Provincial y la Municipalidad para asfaltarles la calle”.
Cristo Hermano: Está rodeado de campo de 6 hectáreas, lleno de yuyos y malezas y todos los vecinos se quejan. Ese lugar es de la mutual de Gendarmería Nacional. Ya hablé y me lo entregar en comodato y la idea es que lo donen para hacer un barrio del IPV”.
Plazas: Lo que hizo Giménez en la Plaza del Olivo Histórico es espectacular, pero se inunda de gente, pero nos destruyen la plaza, como también pasa en la plaza Italia y el Parque Sarmiento, porque hacen casi un camping. Para hacer eso está el parque Agnesi, pero tenemos que darle seguridad porque ahí te encañonan y te roban el asado, el auto, todo”.
En boca del Siete vidas




