Mendoza tiene una dependencia insoslayable del Gobierno nacional para sobrellevar la dramática situación económica y financiera. Como todas las provincias -unas menos que otras- no puede solventarse sola con sus propios recursos ni es suficiente la coparticipación. Y para un estado petrolero como el nuestro, hoy las regalías significan muy poco. Se frenó la actividad económica, se cayó la recaudación y el desempleo es una amenaza constante.
Hace muchos años que la Provincia dejó de crecer, al compás de la decandencia nacional, y aún peor: el producto bruto geográfico perdió participación en el PBI, según mediciones de entidades privadas sobre el período 2004-2017.
Caídos los proyectos que debían financiar el BID y otros organismos, sin posibidades de desarrollo minero, con precios que hacen inviable el negocio del petróleo, con vencimientos de deuda acuciantes, sin turismo ni actividad económica, enfrentar la pandemia se hace muy complicado.
La Nación tampoco tiene recursos genuinos. La negociación de la deuda está a medio camino, el déficit fiscal sigue creciendo y la recaudación experimenta una baja con pocos precedentes. Lo que le queda es apelar a la máquina de imprimir billetes, aunque se pague con el dólar en alza y con más inflación.
No hay mucho más a la vista que bancar la malaria a como dé lugar. Es la consigna prioritaria. La estrategia de Suarez para el corto plazo se basa en sacrificar las obras que había planificado para este año, renegociar los compromisos de la deuda, poner a disposición las herramientas financieras escasas del Fondo de Transformación y de Mendoza Fiduciaria, raspar la olla en los gastos del Estado y, por encima de todo, implorar a Alberto Fernández que cumpla equitativamente con la ayuda que le corresponde a Mendoza. Quedó claro tras el discurso en la Legislatura.
Mirar más allá
Hemos vivido siempre concentrados en la coyuntura, y ahora inevitablemente por la pandemia. La política ha estado más pendiente de las periódicas elecciones que del largo plazo. Se entiende que las urgencias deben ser atendidas, pero también hay que proyectar más allá, hacia los años y las décadas por venir, lo que no es usual.
Un buen ejemplo a tener en cuenta de planificación a largo plazo fue el PEVI 2020 de la vitivinicultura que, pese a los inconvenientes de aplicación frente a una macroeconomía desestabilizante, supo marcar un rumbo para poner la actividad a la altura de los mercados internacionales. Además, contribuyó a que Mendoza hoy sea una marca reconocida mundialmente. Por más que no faltan críticas al plan desde el mismo sector, se trata de un modelo a tener en cuenta para mejorar próximas experiencias, tal como lo está alentando la Corporación Vitivinícola.
En la Asamblea Legislativa virtual el gobernador anunció un proyecto de ley de factibilidad económica y ambiental, comenzando con el sector agrícola. La idea es evaluar y asesorar técnicamente cada proyecto de inversión para asegurar que sea rentable, sustentable ambientalmente, y cuyos productos sean adecuados a la demanda en todos los mercados. Para ello habrá incentivos fiscales, como créditos a tasa cero a través del Fondo para la Transformación y Crecimiento y Mendoza Fiduciaria. Es una forma de evitar que se caiga en inversiones frustradas y de limitar el derroche de nuestros recursos escasos como el agua.
Una acción complementaria es la conformación de una agencia de innovación científica y tecnológica que permita articular los espacios existentes y promueva nuevas investigaciones aplicadas, con transferencia transversal hacia todos los sectores de la matriz productiva.
Son éstas iniciativas que no darán rédito en lo inmediato, pero que permiten diseñar una Mendoza competitiva.
¿Llega el ajuste de la política?
No se trata sólo de una cuestión de austeridad que históricamente el sistema político ha sabido gambetear. Tampoco importa si Suarez busca un golpe de efecto en medio de la crisis. Las instituciones deben adecuarse a los nuevos tiempos, para garantizar derechos no contemplados, mejorar los niveles de representación y ofrecer mecanismos de participación directa.
La transformación de la Legislatura en una sola Cámara derivaría en menores gastos y en controles más idóneos de la nómina del personal, algo que se encuentra fuera del radar ciudadano. Y, lo que no es menor, se lograría una gestión más ágil del Poder Legislativo que, si se aprueba, no tendría elecciones cada dos años.
Es de esperar que, con la reelección de gobernador, a priori, fuera de discusión, el debate esté a la altura, pensando esta vez en las futuras generaciones, mediante un proceso extenso como supone una reforma constitucional. Y que otra vez lo urgente no sea contradictorio con lo trascendente. Nada impide que vayan a la par.
Si bien la Provincia no es una isla en el contexto nacional, no ha sabido superar el estancamiento, que se traduce en altos niveles de pobreza. Pero vendrá el tiempo en que regrese la normalidad, y debemos prepararnos para promover el potencial provincial a partir del capital humano, las actividades tradicionales y las nuevas ligadas a la industria del conocimiento, e impulsar el sector audiovisual, el energético renovable, el software, el agro, la metalmecánica, el enoturismo, la gastronomía, el turismo de convenciones, el montañismo, los servicios y un larguísimo etcétera.
Mientras hoy se prenden velas a San Alberto para que nos ayude en la emergencia, debemos anticiparnos (empezando por la dirigencia política) para caminar por nosotros mismos, porque Mendoza tiene todo para ser imparable.
