A Javier Milei se le vienen los meses más difíciles que haya transitado su gestión. Al aumento de las tarifas, los precios impagables de algunos bienes y la pérdida de aún más poder adquisitivo para los jubilados, se le suma un obstáculo con el que nunca había lidiado antes: los despidos. Aun así, con muchos más problemas que los enumerados y con cien días de desgaste en el lomo, su respaldo popular está firme. ¿Por qué? Porque Milei sigue siendo una promesa.

Hay recesión, hay empresas despidiendo y suspendiendo empleados y hay un recorte fenomenal en el sector público, que va desde licuación de presupuestos en las universidades hasta desvinculaciones en distintas áreas. Como si fuera poco, esa realidad también se matiza con uno de los ya clásicos de la casa: problemas innecesarios generados por bravuconadas. Desde Lali hasta Gustavo Petro.

Pero nada de todo eso le hace mella. Y la oposición se agarra la cabeza, salta, estalla, grita en los canales de televisión y en Twitter. Y nada: hay una buena parte de la sociedad que no ha cambiado su pensamiento y sigue del lado de Javier Milei. Y aunque para algunos eso no tiene una explicación lógica, sí que la tiene: el economista prometió dar una batalla. Y no ha dado señales ni de ir ganando ni de ir perdiendo. Mucho menos de pensar en claudicar, aunque a algunos les encantaría. Simplemente empezó. Esta es su fase 1.

Se explica así: Milei es profundamente popular. No es ni Mauricio Macri, que luchó contra una popularidad esquiva y que lo terminó abandonando en el momento crucial, ni tampoco Alberto Fernández, que llegó a gobernar con una popularidad prestada y a quien "se la pidieron de vuelta" sus propios aliados, también en el momento más importante.

El libertario no: su popularidad es propia, genuina y "artesanal", porque se basa en un perfil que él mismo edificó y que sostiene. Y sus seguidores no son "militantes". Muchos son gente común a la que ni le interesa la política. Esa es la importancia de un fenómeno creado de adentro hacia afuera y no al revés.

Pero el banque no se basa sólo en esa comparación con el pasado, sino en muchas otras. ¿Alguna vez te has quemado la mano y, aunque en la piel no se note, sentís que la quemadura sigue ardiéndote por dentro? Eso mismo le pasa a la sociedad argentina. Hay un rencor invisible pero muy denso hacia el pasado, que le juega a favor a quien venga a promover un plan distinto. Aunque el plan venga con más dolor en el medio.

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Milei entró en terreno desconocido: despidos, tarifas y tener que volver a armar puentes en el Congreso.

Milei entró en terreno desconocido: despidos, tarifas y tener que volver a armar puentes en el Congreso.

¿Por qué? Porque los gobiernos de los últimos 18 años se encargaron de pulverizar la moneda hasta el mínimo histórico de su valor real; porque edificaron este 60% de pobreza del que encima nos hacen creer que les asombra, porque hay 47% de informalidad laboral; porque, aunque mejoraron la crisis de empleo que dejó el menemismo, transformaron trabajos que eran dignos en trabajos que, por el salario que pagan, ya no lo son. ¿Entiende la política la dimensión de esto? Hay empleados en blanco en la Argentina que ya no sólo están por debajo de la línea de pobreza. Están por debajo de la línea de la dignidad.

El resultado en la sociedad es esperable: es difícil endilgarle un escenario tan malo a un presidente que lleva tres meses.

Lo explica muy bien un estudio que saldrá por estos días de la consultora Democratia, del ex secretario de Gobierno de Guaymallén, Nicolás González. Tras encuestar a 710 personas, canalizó el resultado en una conclusión ingeniosa: "Milei refinanció su crédito electoral". La misma cantidad que le había dado seis meses para arrojar resultados positivos en una consulta anterior, ahora le da seis meses más para que cumpla.

Lo esperan. Buena parte de la ciudadanía prefiere un sufrimiento largo a una ficción momentánea de seudobonanza que luego los deposite otra vez en el mismo loop de crecimiento-recesión-inflación-inestabilidad política.

Y sí, quién quiere mirar veinte veces la misma película.

A su vez, el economista también tiene elementos para mostrar y que evidentemente están sumándole a ese respaldo en la opinión pública. Desde luego no son el consumo, la producción ni la actividad económica, que están todos en rojo. Pero sí el precio de los bonos en Wall Street, que llegaron a saltar hasta 40%; la consecuente baja del riesgo país, el superávit fiscal y el aplanamiento de la curva inflacionaria, que lleva tres meses a la baja. Por ejemplo, entre otros indicadores en ese mismo sentido, en la tercera semana de marzo, según consultoras privadas, se dio la mayor desaceleración en alimentos desde que empezó el año. Subieron sólo 0,7%.

(Sí, ya sé. Yo tampoco lo sentí. Pero el número está).

A eso le sumaría una cosa más que también es demarcatoria. Si se revisan las columnas periodísticas de Buenos Aires en la última semana, se advierte el enojo que hay en algunos diputados y senadores del Congreso por el freno en las dietas. Hay información marcando que incluso ganaron menos que los legisladores mendocinos. Podemos debatir si está bien o está mal, o si toda esa discusión sobre los sueldos en la política está fuera de foco. Pero lo importante es otra cosa: es la política puteando al Presidente porque perdió privilegios. Es al menos un gesto del combate a la casta que prometió (más allá de que en otros aspectos no lo esté librando en absoluto).

Si la ciudadanía lo ve así, también ahí se explica que haya muchos aún confiando en la promesa.

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Milei

Milei "refinanció" su crédito electoral.

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Los peligros de cometer injusticias

El peor error que puede cometer Javier Milei es pecar de optimista. Ese respaldo que ha durado más de lo que la oposición esperaba y ese rencor hacia el pasado que todavía juega en la cabeza de la opinión pública no van a durar demasiado si la Argentina se torna irrespirable. Se lo están diciendo varios actores, incluidos empresarios y periodistas que lo bancaron en su camino hacia el poder, pero a los que hoy asfixia la ortodoxia total.

El Presidente no puede descuidar el termómetro. Baja la inflación, sí. ¿Pero se nota en el día a día? ¿Se percibió el supuesto alivio cuando se pasó del 25% de subas en diciembre al 20% de incrementos de enero, luego al 13% de febrero y más tarde a este 9% o 10% con el que creen que terminó marzo? En absoluto. De nada sirve para el presente político de La Libertad Avanza que los números digan "A" si el poder adquisitivo de la gente dice "Z". Abril asoma con suba de tarifas y combustibles. ¿Ha pensado Milei cómo tomará la ciudadanía que la inflación agarre impulso nuevamente? Ese déjà vu, otra vez la desilusión, es una amenaza grave a la credibilidad del libertario.

La impericia con la que el Gobierno está manejando los despidos masivos también enciende las alertas. Ya no por cómo pueda ser tomado por la sociedad, sino por algo más grave: estar cometiendo, lisa y llanamente, una injusticia. Por supuesto que en la barrida van a volar ñoquis y militantes puestos a dedo. Pero, ¿y los que no lo son? ¿Se los está protegiendo con una tarea correcta o se está pasando la escoba a ciegas? Los indicios marcan que es más lo segundo.

Milei prometió un trabajo minucioso en el que supuestamente se iba a cuidar a los que fueran buenos empleados y sólo se iba a eliminar cargos cuando fuese merecido. "El que trabaje se va a quedar". Suponiendo que fuera real esa premisa, el Gobierno está dando muestras no sólo de lo contrario, sino de, por momentos, no tener mucha idea de lo que está pasando. En la semana Milei anunció 70 mil bajas y luego su propio equipo salió a desmentirlo diciendo que sólo sería el 15% de esa cantidad.

Es mucho más que un error de comunicación. Implica que Milei no está ni remotamente al tanto de los números de la razzia que se está llevando a cabo. Para alguien que prometió estar encima de los temas -máxime de uno tan sensible como 70 mil despedidos- su nivel de extravío llama la atención. Llama la atención pero no sorprende, eso sí. Porque en la ANSES Mendoza, por ejemplo, donde se estiman más de 40 desvinculaciones, el titular del organismo no está ni siquiera designado oficialmente y está asistiendo a su puesto de trabajo desde hace apenas dos semanas.

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Se cree que son 80 los despidos en ANSES Mendoza, pero casi no hay fuentes oficiales para consultar.

Se cree que son 80 los despidos en ANSES Mendoza, pero casi no hay fuentes oficiales para consultar.

¿O sea que le alcanzaron apenas 10 días hábiles de compartir con esos empleados para saber quién era ñoqui y quién no? ¿Se pueden tomar estas determinaciones cuando el equipo no está conformado y ni siquiera hay un nombramiento oficial? ¿O se confirma la amarga presunción de que esto se está rigiendo nada más que por una planilla de Excel? (O peor, simplemente de acuerdo al partido político por el que entraron a trabajar).

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¿Fuego tiene?

La oposición que anhela un fracaso estrepitoso de Milei se está haciendo una única pregunta: dónde está la mecha. Cuál es el detonante que se va a encender, haciendo que todo el país vuele por los aires y, con algo de suerte para ellos, se lleve puesto al Presidente electo. ¿Por qué la gente está resistiendo tanto? Se preguntan.

Esa mirada puede estar equivocada. Es cierto: es posible que en unos meses la Argentina se canse del ajuste, decida que no puede tolerar más la transición hacia lo prometido y efectivamente salga a tomar las calles. Pero también hay por lo menos dos desenlaces posibles más. Uno es que esa configuración social del país que estalla como en el 2001 ya no exista. Que directamente esté descartado del radar social por los cambios que ha sufrido la comunidad y por el ADN de las nuevas generaciones. Han sido varios los gobiernos (y sobre todo las oposiciones) que han esperado que esa explosión ocurra y -felizmente- no ha pasado.

La otra posibilidad, que algunos pensadores de la Argentina han puesto sobre la mesa, es que el país sí salga a la calle en forma de tropa tras un estímulo de la realidad. Pero agregan una alternativa que llama la atención: que la mecha no sea la económica, sino que todo detone por otros elementos, como la inseguridad y el avance narco. No es para nada descabellado.

Pero mientras esa oposición se desespera por las encuestas que siguen mostrando el respaldo a Milei (también hay otras que muestran su imagen bajando) son ellos mismos los que contribuyen con el Presidente, gracias a su propio decaimiento político:

El PRO está completamente dividido; con Mauricio Macri mucho más corrido de la escena de lo que le gustaría y con Rodríguez Larreta agitando los brazos para volver como sea a la agenda pública, tal como se vio esta semana.

PJ - ALBERTO FERNÁNDEZ
El peronismo decidió mover a Alberto Fernández y dejar una conducción alternativa en el partido.

El peronismo decidió mover a Alberto Fernández y dejar una conducción alternativa en el partido.

Los amarillos deshojan la margarita por un gesto de Milei. Hasta le pedían una alianza. Y mientras tanto, se dividen ellos mismos entre leales y no leales al Gobierno. Esa gimnasia de internas virulentas y su inédita vocación de ser actor de reparto (dos cosas que antes de 2023 no le habían pasado jamás al partido) los ha erosionado. Tanto, que los avejentó. Ante los ojos del pueblo han empezado a dar la imagen de partido viejo, a la par del PJ y la UCR. Y sólo tienen 20 años.

El peronismo es un párrafo aparte. Dividido, sin referentes claros y tan tranquilo que hasta parece desapasionado. Justo una de las cosas que antes se le podían elogiar.

Como si fuera poco, además debe afrontar una diáspora dolorosa y que se está dando a la vista de todos, con la salida de los gobernadores como Osvaldo Jaldo, que fue el primero en abrir el camino hacia el peronismo mileista, pero dejando el sendero abierto para los que quieran sumarse en pocos meses. En el norte parece haber más anotados.

Parte de la oposición se desespera, porque entienden que hay exceso de paciencia hacia Milei. No ven que, en realidad, el escenario es mucho más complejo que la cantidad de personas que respalden o no al Presidente, o que si le dejan pasar sus errores y las injusticias.

El verdadero fenómeno es que, por las características que tiene, este es un Gobierno para hacer un poco de silencio y esperar resultados. Y eso es lo que buena porción del país tiene ganas de hacer ahora. Primero hay que saber sufrir, parece ser la promesa libertaria. Nada garantiza que el sufrimiento vaya a frenar más adelante, pero millones decidieron abrazar esa esperanza. ¿Y por qué no? ¿Quiénes se lo van a prohibir? ¿Los que nos trajeron hasta acá?

Por eso tantos resisten. Porque las alternativas de los que piden el helicóptero ya fracasaron. A esta gestión varios argentinos quieren verle el desenlace.

Hay que sacarse las ganas de sentenciar al programa tan temprano.

Por si acaso funciona.

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