Análisis y opinión

Omar De Marchi es como aquel personaje del dicho popular: insistidor

Omar De Marchi es el "armador federal" de Rodríguez Larreta y, a su vez, postulante por el PRO para intentar pelearle a los radicales la candidatura a gobernador en 2023

Cuando pronuncia su apellido le gusta decir "De Marqui", como se pronuncia en Italia, Y no De Marchi como se lo conoce mayoritariamente en Mendoza. El diputado nacional Omar Bruno De Marchi, de 56 años, vicepresidente primero de la Cámara Baja, es hoy un poco más conocido por ser el "armador" en el interior del país de Horacio Rodríguez Larreta.

Pero, también, por ser precandidato a gobernador de Mendoza para representar al PRO en las PASO de Cambia Mendoza en 2023, algo que ya probó en las internas de 2019 cuando enfrentó a Rodolfo Suarez y sólo obtuvo el 12% de los votos.

Para justificar el "De Marqui" dice que sus cuatro abuelos fueron inmigrantes italianos y recita los apellidos de sus antecesores: De Marchi, Stevanatto, Fantaguzzi y Dottori. Cuenta que no tiene antecedentes político-partidarios en su familia. En la escuela secundaria le empezó a picar el bichito de la política y se metió en el Centro de Estudiantes, algo que amplió en la Universidad de Córdoba donde se recibió de abogado. "Siempre me interesó la cuestión pública", explica.

Su padre, que fue comerciante y empresario pyme, no fue político, pero sí un hombre con espíritu de ONG. "Siempre estuvo metido en las comisiones barriales, de los clubes, de las escuelas. "Tal vez de ahí me venga esta veta social".

Está casado con la abogada María Fernanda Manitta y tiene dos hijos, de 27 y 22 años. Es hincha de Boca Juniors y del Granate lujanino y añora aquellos domingos cuando después del asado partían para la cancha a ver al equipo del Bajo Luján. Tiene la gimnasia típica del político comprador que anda con una sonrisa en la cara, como los antiguos empleados de Comercio. Se maneja con algunos latiguillos del habla coloquial. Por ejemplo dice "¡Sacála! cuando quiere demostrar que algo que ha dicho es contundente.

El presidenciable Rodriguez Larreta, jefe de Gobierno porteño, estima que Omar De Marchi "está posicionado, hizo muy buena gestión en Luján de Cuyo, se destaca como legislador nacional, y está preparado para ser gobernador de Mendoza sin ninguna duda".

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Omar De Marchi, abogado, 56 años, es además vicepresidente primero de la Cámara de Diputados de la Nación.

Omar De Marchi, abogado, 56 años, es además vicepresidente primero de la Cámara de Diputados de la Nación.

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Dejar marca

Su cuna fue el Partido Demócrata. Cuando ese partido comenzó a desintegrarse encontró amparo en el macrismo. Resultó electo intendente de Luján de Cuyo en tres ocasiones (una de ellas la dejó a mitad de camino para irse al Congreso nacional) y dejó marca. Fue legislador provincial y nacional. Actualmente cumple su segunda gestión en el Congreso y es vicepresidente primero de Diputados. Esos cargos nacionales le permitieron tener resonancia en ambientes políticos y mediáticos.

Algunos kirchneristas de renombre lo detestan por haber sido muy crítico de las presidencias de Cristina Kirchner. "Ese mendocino pesado que se las cree", afirman. De Marchi es un hombre de formación liberal pero posee rasgos conservadores (milita la causa malvinera) y también alguna que otra cosita de los radicales y de los peronistas.

Le gusta presentarse como un político full time. Algunos colegas no lo quieren bien. Hebe Casado, la ex diputada díscola del PRO mendocino, no lo estima para nada. Lo trata de oportunista. Pero él insiste. Y sonríe.

Cuando en 1983 la democracia volvió al país, De Marchi tenía 17 años. Hoy es el referente del PRO en Mendoza. Los radicales de esta provincia hacen como que no lo toman demasiado en serio. Lo observan con actitud de perdonavidas.

Opinador a repetición

De Marchi es un opinador incansable. Ahora está lanzado a tratar de poner en caja las reformas que Rodofo Suarez quiere introducir en el funcionamiento de la Suprema Corte de la Provincia. Para él lo que hay que frenar es la partidización de los jueces de la Corte mendocina. "Tenemos que prestar mucha atención a las condiciones de elegibilidad de los jueces, por ejemplo, que no hayan estado afiliados, que no hayan tenido participación directa en ningún Gobierno".

"Si no -explica- pareciera que hay que ser ministro de Gobierno para ser ministro de la Corte". En efecto, dos de los actuales integrantes de la Suprema Corte, Mario Adaro y Dalmiro Garay, fueron ministros de esa cartera a la que alude el lujanino. El primero con los peronistas y el segundo con Cornejo. Y además propuso que "los próximos elegidos para la Corte no tengan afiliación a un partido político en los últimos 10 años, y que antes no hayan sido ni ministros ni electivos partidarios ni secretarios de Justicia en la Provincia o en los municipios".

Lo concreto es que "el Omar", como le dicen en Luján, se acerca despacio al candelero. Es cierto que antes solía estar referenciado entre los halcones del PRO y ahora está trabajando políticamente para las palomas de Rodríguez Larreta. Pero no se ha ido del partido. La gente matiza sus posiciones políticas.

La sal

A fines de abril de este año el radical Alfredo Cornejo despidió con halagos a la diputada del PRO Hebe Casado, que concluía su gestión en la Legislatura, y dijo de ella que era una liberal de convicción y no de oportunismo". No hizo falta que agregara "y no como otros".

De Marchi es de los que quieren ampliar el PRO con el aporte de peronistas críticos de los K. Hace unos meses, por ejemplo, le dio la bienvenida al PRO a Alejandro Cazabán, aquel famoso ministro de Seguridad de Arturo Lafalla, hoy desencantado de los errores del peronismo.

La "halcona" del PRO, Patricia Bullrich, calificó de "decisión rara" la que tomó De Marchi al irse con las palomas larretistas y, extraño en ella, prefirió no echar sal en la herida. "El tendrá que ver qué relación tendrá ahora con los mendocinos" que solían referenciarlos con los halcones.

Y para seguir con el bicherío podríamos concluir diciendo que nuestro personaje de hoy es como el burro del dicho popular: no va lograr sus propósitos por lindo. Tal vez sí por insistidor.

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