Análisis y opinión

El PJ quiere volver a la gobernación sin cambiar ni remover nada hacia el interior de ese partido

Si el peronismo de Mendoza no se decide a tomar sana distancia del populismo, se dirigirá de manera irremediable hacia un seguro fracaso en las elecciones del año próximo

En el peronismo mendocino reina un deseo raro: retornar a la Gobernación, pero sin cambiar ni remover nada hacia adentro del partido, como si no pudieran terminar de entender que en el 2023 se van a cumplir 10 años de que no ganan elecciones en la Provincia. Tienen tantas ensoñaciones como miedos. Así y todo, algunos se anotaron preventivamente para el Sillón de San Martín, pero se van borrando. Hasta ahora lo que se ha visto son intentos y ningún invento.

Flor Destéfanis, la intendenta peronista de Santa Rosa, afín a Cristina, sugirió hace unos meses que se largaba a tantear el terreno para una precandidatura a gobernadora del PJ. Incluso se animó a dar consejos a los compañeros/as. Por ejemplo, quien tuviera esa intención partidaria debía "salir a caminar ya mismo la provincia". Pues bien, ella ya bajó esas banderas y se sacó las zapatillas de running.

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Esta Reina Nacional de la Vendimia 2010 se dio cuenta de que tiene un futuro mucho más seguro en Santa Rosa. Allí sus chances para ganar una reelección son más reales que las de pretender saltar al Barrio Cívico, una instancia institucional para la cual su bagaje partidario es aún magro.

Un hecho similar lo habíamos visto con el intendente peronista de Tunuyán, Martín Aveiro, también cercano al kirchnerismo, quien fue el primero en anunciar el verano pasado su intención de suceder al radical Rodolfo Suarez. El tunuyanino, que transita su segundo período consecutivo como jefe comunal, se había mostrado en enero convencido de su decisión. Dijo que ya contaba con equipos para comenzar la tarea de convencimiento a nivel provincial, pero todo quedó en una ilusión.

La subsistencia

Esos dos intendentes no habían tenido problemas de mostrarse favorables a la Casa Rosada y al Instituto Patria. Algunos dirigentes ácidos del PJ explican que lo de estos jefes comunales era "necesidad de subsistencia" más que adhesión ideológica. Es que Anabel Fernández Sagasti, presidenta del PJ de Mendoza y senadora nacional, actúa como ariete para conseguir algunos fondos en la Rosada.

También había sido mencionado como posible postulante a mandatario el intendente peronista de Lavalle, Roberto Righi, que cumple 20 años en esa intendencia, la que deberá abandonar el año que viene porque ya no tiene más posibilidades de reelección. Pero en su caso no fue él, sino otros, los que se empeñaron en postular su apellido, más como una forma de advertir a los kirchneristas de que se abría la (supuesta ) oferta de candidatos de un peronismo más tradicional o más republicano, que tarda en aparecer.

Después de ellos, lo que hay son bolsones de peronismo municipalista sin proyección provincial. Entre ellos, los hermanos Adolfo y Alejandro Bermejo en Maipú (que tercerizaron parte de su proyecto político en el actual intendente Matías Stevanato), o los hermanos Emir y Omar Félix, de San Rafael, toros en su rodeo, pero no en el ajeno.

Ni en Las Heras

Ni siquiera hay peronismo que haga roncha en Las Heras. Aquel poder territorial que solían detentar dirigentes como Carlos Ciurca está diluído.

A nivel provincial no hay, hasta ahora, nuevos liderazgos o dirigentes que se presenten como una superación del kirchnerismo. No se genera ni se pondera ningún anuncio de renovación. ¿Donde quedó el peronismo que era una cantera de ideas, como la que aportó la tríada de gobernadores peronistas del Equipo de los Mendocinos?

En la actualidad pareciera que los que se estaban bajando del tren cristinista se han vuelto a subir, por miedo. ¿Podrán conseguir en Mendoza algún voto más si lo que ofrecen es, como se ve, sólo férrea solidaridad hacia los entreveros judiciales de la actual vicepresidenta?

Nuevo fracaso

Es necesario y plausible que toda la clase política rechace intentos tenebrosos, como lo hizo, con escasas excepciones, ante el atentado a la Vicepresidenta.

Eso es un paréntesis de sensatez democrática que de ninguna manera el oficialismo debe usar, como lo está haciendo, para tratar de embretar a la oposición, a los medios de difusión y a la Justicia como autores de una "campaña de odio" contra el Gobierno. Controlar los actos de Gobierno es una obligación constitucional de todos esos sectores a los que se acusa, por opinar, de atentar contra la democracia.

De una vez por todas el peronismo de Mendoza debe decidirse a tomar distancia del populismo kirchnerista. Sin esa premisa, se dirigirá de manera irremediable hacia un nuevo fracaso en las elecciones del año próximo.

Si la dirigencia peronista local aportase a la solución de los problemas provinciales con el mismo empeño y rapidez que exhibe para firmar proclamas y para marchar en contra de la situación judicial de Cristina kirchner, otro cantar sería.

Esa militancia local del PJ jamás hizo algo similar para defender en las calles proyectos claves de interés provincial, como el plan hidroeléctrico de Portezuelo del Viento, obra que se cayó ninguneada por la Casa Rosada.

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