A Tamara Pettinato (39 años, un hijo de 14, en pareja con un diputado peronista) se la define -en materia laboral- de maneras diferentes. Va desde panelista a comentarista, de periodista a productora, de influencer a comerciante. Quizás la palabra que mejor la defina sea "mediática", es decir una persona con fuerte presencia en los medios, en los que saca a relucir un poco de cada uno de esos oficios vinculados a la TV, la radio, las redes sociales y el streaming. Y, claro, a la política.
El factor Tamara y el desplome de un presidente ramplón
De tener una módica fama en los medios porteños, la mediática Tamara Pettinato adquirió notoriedad nacional e internacional por los videos del cachondeo con Alberto Fernández

Tamara Pettinato, mujer de aires empoderados, pasea ahora por el patíbulo de la opinión pública sin encontrar aún la salida.
De ser medianamente conocida, la hija del músico, humorista y conductor Roberto Pettinato, ha pasado a ser una de las mujeres de la que más se habla en la actualidad, y no para bien. Es que su protagonismo en esos videos que el entonces presidente Alberto Fernández filmó en la Casa Rosada en enero de 2022 -y que ahora se viralizaron- ha dejado pasmados a los argentinos.
Cuando todos nosotros estábamos todavía con la boca abierta, como pescados, tratando de asimilar lo del Alberto presuntamente golpeador de Fabiola Yañez; más lo del Alberto envuelto en una supuesta red de corrupción con los seguros que contrata el Estado, nos zamparon sin anestesia esos videos en los que la máxima autoridad del país se bebotea con la mediática como si fuera un langa veinteañero.
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La alocada situación del video se escenifica nada menos que en el despacho presidencial de la Casa Rosada que estos dos cachondos utilizan para un juego de seducción. Ella, como actriz excluyente; y él como director de escena y relator detrás de cámara.
La voz del entonces Presidente haciéndole preguntas mimosonas mientras Tamara expande su histrionismo entre sensual y humorístico, demostrando las dotes aprendidas en una familia de artistas descontracturados y densos, son hechos que se han tornado inolvidables. No trate, lector, de buscar comparaciones con videos de la China Suarez con Rusherking o Wanda Nara con dos tíos del trap. No las hay.
El esperpento
Con total y alegre desdén, que parece ignorar su responsabilidad institucional, Alberto Fernández le hace a Tamara preguntas de doble o triple sentido, a las que ella contesta tirada en un sillón del despacho presidencial con un vaso de cerveza en la mano, brebaje del que parece haber consumido más de lo que permite el alcoholímetro de cualquier control vial.
En un momento de esta esperpéntica obra, Alberto le dice: "cuanto te termines de emborrachar con la cerveza quiero que me digas algo lindo". Con la lengua un tanto trabada la dama recita: "Yo te quiero un montón y siempre te voy a querer y nunca más te voy a votar", con lo cual saca a relucir la vena humorística de su papá.
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Pero ni eso la está salvando del patíbulo de la opinión pública ante tal nivel de desubicación, en primer término del Presidente, principal responsable de este dislate, y luego de ella. ¿Se puede autodefinir periodista una persona que hace tal show frente a una cámara manejada por la persona más importante del país, sabiendo el peso que tienen las imágenes en las redes sociales y, sobre todo, el poder que detentaba el fulano que la filmaba?
Todo se agrava en el segundo video viralizado, ése donde Tamara se exhibe apoltronada en el Sillón de Rivadavia mientras inspecciona papeles oficiales y juega a hablar "como presidenta de la Nación". En uso de esas "atribuciones" es que afirma que ha decidido matar a Alberto pero que siempre lo va a querer.
Sacar a la luz
La decantación de este suceso está sacando a la luz otros componentes que llevaron al crash de Tamara, en particular sus vinculaciones con el gobierno de Alberto Fernández y con el kirchnerismo, que exceden a la "relación de confianza" que, según ella, tenía con el Presidente.
Tamara habría tenido algunas facilidades en su calidad de socia de una empresa de eventos y contenidos audiovisuales, de nombre "A mi me gustó antes", que conformó con una pareja anterior, Walter Moyano, con quien tuvieron un hijo que hoy tiene 14 años. Moyano había sido socio del famoso productor Diego Gvirtz, armador del programa político "678" mascarón de proa del cristinismo en su lucha contra "la derecha", por el que recibió una pauta millonaria durante varios años.
La prensa porteña ha revelado que Tamara recibía atención especial por parte de la Policía de Seguridad Aeronáutica (PSA) cada vez que viajaba en avión al exterior. Radio Mitre informó que en esa repartición era tratada "como si fuera una diplomática". Un coche oficial de la PSA la retiraba al pie del avión cuando llegaba del exterior y le facilitaba, de manera exprés, los trámites aduaneros, además de trasladarla hacia sus lugares de trabajo, aseguraron en esa radio.
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En la PSA conoció al que luego se convertiría en su actual novio, José Glinski (44), titular de esa repartición en el gobierno de Alberto Fernández. Glinski es actualmente diputado nacional por el peronismo de Chubut. Y en estos días ha adquirido una súbita fama en el mundo de la política y de la farándula porque ha salido en defensa de su novia a la que ha dado contención en medio de la tormenta. Incluso ha tomado con humor el mote de "Cornelio" con que lo trataron en las redes sociales.
El novelón
Por su singular modo de ser, Tamara ya venía despertando celos y comentarios envenenados de muchos de sus colegas del showbizz. En la última edición de los Martín Fierro estuvo nominada en el rubro Radio como mejor cronista de espectáculos, lo cual alborotó el avispero de los chimenteros profesionales que argumentaron que la Pettinato no es realmente una periodista sino una persona que "se dedica a leer en radio lo que ha aparecido en los portales de internet y no a producir información propia".
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Como se ve, el caso de Tamara está recargado de aristas llamativas. Lo suyo es como un inesperado culebrón donde no faltan los odios y los amores, las traiciones y las lealtades, el sexo y la política, las locuras familiares y las del poder. Todo ello aderezado con una primera actriz de gran complejidad que tuvo la desgracia de que le tocara como director de video un chambón irrecuperable.
Jodona por deformación familiar, canchera, "superada" como se decía antes, y con tics de empoderada feminista, cuesta entender que al momento de filmar los videos del escándalo con ese director ramplón, Tamara no haya reparado ni por asomo en los problemas en que se estaba metiendo, un bolonqui que dos años después iba a partir en dos su carrera.