Dicen que la política es el arte de lo posible, pero en el caso de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza la política logró lo que históricamente era imposible: reunir a los siete supremos en la misma foto. Sin ausencias ni photoshop.

Años atrás, el periodista Manuel de Paz clavaba una espina puertas adentro de la redacción de Diario UNO con una pregunta simple, coloquial: "¿Por qué la Suprema Corte no tiene una fotografía institucional con los siete supremos como sí tienen otros poderes del Estado?" La respuesta era sencilla para quienes caminaban los tribunales: los supremos estaban casi nunca en sus despachos y lo que menos les importaba era la foto del poder público al que representaban.

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Unos porque viajaban para dar clases en el exterior, otros porque aunque no estaban tan lejos costaba encontrarlos personalmente y la mayoría de ellos porque preferían el bajísimo perfil. En fin, ni foto ni reunión posible. Así transcurrió la larguísima era de los Kemelmajer, los Salvini, los Romano, los Böhm...

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Herman Salvi fue juez de la Suprema Corte.

Herman Salvi fue juez de la Suprema Corte.

Una verdad de hierro también signó aquella época: a veces pasaban meses completos y varios de los supremos no se veían las caras ni siquiera en el pequeñísimo ascensor de uso exclusivo que los llevaba desde la planta suelo hasta el cuarto piso y despacho y viceversa. ¿Internas? Sí, también por las internas.

Bienvenida superpolitización

La Suprema Corte de Justicia de Mendoza mutó al ritmo del lento recambio de sus integrantes. Los arribos de Omar Palermo, Mario Adaro, José Valerio y Dalmiro Garay la convirtieron en un tribunal superpolitizado entre peronistas y radicales.

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Mario Daniel Adaro.

Mario Daniel Adaro.

A ese perfil también contribuyeron Julio Gómez, la permanencia del histórico Pedro Llorente y la llegada de Teresa Day.

Así sucedieron, entre otros, fallos de corte político, como el de la reelección de los intendentes y el de los gremialistas de ATE por el corte de calles, donde la grieta fue la gran protagonista, y plenarios sobre asuntos tan sensibles como el ítem Aula.

El fuerte halo político de esas decisiones también quedó plasmado para la posteridad: la foto institucional. La primera fue para el libro del Poder Judicial. Sobrevinieron otras, como la que ilustra esta nota y que eterniza una recorrida por el Polo Judicial pronto a inaugurar. ¡Y en pleno invierno!

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Todos los miembros de la Corte recorrieron las instalaciones.

Todos los miembros de la Corte recorrieron las instalaciones.

O como las fotos de este martes a la noche, cuando todos los ministros de la Corte recibieron a los abogados federados para resolver los problemas de la Justicia de Familia. El cónclave terminó pasadas las 9 de la noche y ahí estaban todos, cada uno en su lugar aportando y defendiendo posturas. Años atrás, esta escena y a ese horario jamás hubiera ocurrido.

¿Cuánto vale una foto? Para la política o quienes hacen política, una foto es un tesoro. Porque permite mostrar algo, una acción de gobierno, un anuncio o una reunión o dar a conocer su gestión. Y básicamente porque desde hace años, lo que no se muestra no existe.

Todo esto, amigo lector, ni lo dude: nuestros supremos lo tienen bien claro desde que se sentaron por primera vez en sus despachos del cuarto piso de los tribunales.