Como en toda crisis, hay acontecimientos que desencadenan consecuencias impensadas. Se dice que las crisis son generadoras de cambios que, si se saben capitalizar, se convierten en oportunidades de superación.
La foto de Alberto Fernández flanqueado por gobernadores de distinto signo político es una muestra de centralidad de poder en el presidente de la Nación y un síntoma de que en algunos temas vitales se pueden establecer los consensos en aras de políticas de Estado.
Si bien hoy sería una quimera plantear el cierre de la grieta teniendo en cuenta la histórica disputa de visiones y proyectos, al menos la actual experiencia demuestra que ante situaciones extremas es posible conformar un solo bando mayoritariamente aglutinante.
La falta de definiciones en materia económica y la ambigüedad presidencial en temas institucionales, como sucede con el avance sobre la justicia pretendido por el área más radical del kirchnerismo-cristinismo, contrasta con la férrea toma de decisiones de Alberto Fernández para enfrentar la amenaza de la pandemia.
"Usted es nuestro comandante para enfrentar esta batalla", le concedió al presidente uno de los referentes de la oposición. Este rol, hace un tiempito no imaginado, le sienta bien a Fernández con sus modales de profe universitario que inspira confianza, aun para comunicar decisiones drásticas.
Le calza mejor este nuevo traje que aquel que portaba los atributos presidenciales, mientras era reprendido por la vice a la vista de todos los argentinos que seguían los actos de la apertura de sesiones del Congreso.
Y empujado a tomar decisiones de emergencia, acompañadas popularmente y avaladas por la oposición, vemos a un Jefe de Estado que deja atrás las cavilaciones iniciales sobre la real amenaza del Covid-19 para actuar con determinación.
Se observa por estas horas el poder formal y el real unificados en un mismo mandatario para enfrentar situaciones críticas, las presentes, y las por venir en el campo económico y social. Es lo aconsejable.
Recalculando
Se avecinan tiempos dramáticos en el país y en nuestra provincia. El gobernador, cerrando filas con el presidente y con iniciativas oportunas, se ha puesto al frente de la lucha contra la pandemia.
Después del frustrado desarrollo minero y la negativa del peronismo a brindarle oxígeno financiero a las arcas de la provincia, Rody Suarez ha logrado ocupar el centro de la escena política sin fisuras.
Igualmente deberá enfrentar graves problemas, no sólo por el drama sanitario, sino por el parate de la actividad económica, la caída de ingresos, y las demandas de diversos sectores que se van a acentuar.
La Legislatura deberá acompañarlo y es de esperar que el peronismo esté a la altura, priorizando la provincia por encima de la mezquindad política.
Los interlocutores tendrían que convencer a Cristina de la gravedad de la situación para que esta vez no se interponga a las necesidades del gobierno de Suarez, como pasó con el malogrado endeudamiento. Y los negociadores del oficialismo deberán afinar la puntería.
Nos, los representados
Argentina está muy lejos de Corea del Sur, que hasta ahora es un ejemplo de combate colectivo contra el virus. Mendoza ni siquiera dispone del kit para realizar los test tempranamente, mientras el país asiático cuenta con centenares de laboratorios de diagnósticos específicos.
Como principal recurso nos queda el aislamiento social acatando las disposiciones de las autoridades. No resulta fácil para una sociedad acostumbrada a transgredir hasta las normas de tránsito y en el que el concepto de autoridad ha sido devaluado.
El primer recurso de los gobiernos nacional y provincial ha sido apelar a la buena conducta de la población de manera voluntaria, pero ante la evidente falta de conciencia se decretó lo obligatorio y ya ni siquiera descartan el estado de sitio.
La humanidad globalizada atraviesa un desafío inédito del que Mendoza no está exenta. Así como hay muestras de indolencia por todos lados de gente que parece desconocer que nadie tiene inmunidad, lo que predomina es el acatamiento. Pero falta mucho para que la cuarentena sea eficaz.
No hay que darle demasiadas vueltas al asunto. Corren tiempos en que es indispensable que la solidaridad se imponga al individualismo. Por la supervivencia. Y cuando todo pase, quizás quede el orgullo de comprobar que logramos parir una sociedad mejor.
