El Papa Francisco, que conduce una de las organizaciones político-religiosas más machistas del orbe, se acordó este viernes de las mujeres en el International Women Day, según reza el hashtag de su mensaje.
El líder mundial de los católicos utilizó Twitter para dirigirse a la mitad femenina de la humanidad e hizo como si en parte de la Tierra no estuviera ocurriendo una revolución femenina.
Sin dudarlo, les atribuyó a ellas ser emblema de la belleza y de la gracia.
Textual, el papa argentino escribió: "La mujer embellece el mundo, es la que lo custodia y mantiene con vida. Le aporta la gracia que hace nuevas las cosas, el abrazo que incluye, el valor de donarse".
Todo "muy lindo", pero incompleto y falso. No hay ninguna mención a las inacabadas luchas que mujeres visionarias encararon durante siglos para tener los mismos derechos que los varones.
Bergoglio ignora la creciente pulsión femenina de plantarse como seres pensantes y con poder de decisión.
Decisión que incluye uno de los aspectos que más perturba al dogma católico: que la mujer tenga capacidad para disponer sobre su cuerpo así como la tiene el varón.
Si usted, lectora/lector, relee el tuit del Papa habrá visto la forma ladinamente elíptica utilizada por el jefe del Vaticano para decir que el fin esencial de la mujer es el de procrear, algo que él lo traduce como "el valor de donarse".
De allí que primero les dore la píldora y luego les zampe la admonición.
El papel de la mujer dentro del entramado de poder de la Iglesia Católica ha sido históricamente el de cumplir funciones subalternas a las del varón y, hasta ahora, no hay intenciones en la actual jerarquía eclesiástica de replantearse con seriedad este asunto.
Las mujeres en la jerarquía católica no deciden. Obedecen. O, como dice Francisco, custodian y aportan gracia.
