Crimen en San Rafael

Van a juicio los inquilinos acusados de matar a una jubilada que está desaparecida

Carina Domínguez y Mauricio Albornoz serán juzgados por el asesinato de la enfermera Silvia Zulema Chávez (72), aunque nunca se halló el cuerpo

Desde hace algunos días que la fiscal departamental Paula Arana consideró que la investigación estaba finalizada y Gabriela Carina Domínguez (50) y Mauricio Gonzalo Albornoz (38) debían enfrentar un juicio para que se defina si son culpables o inocentes. La teoría sostiene que asesinaron a la mujer, a quien le alquilaban un departamento en el fondo de su propiedad, tras varias discusiones por el mal comportamiento de los inquilinos.

La Fiscalía calificó el caso como homicidio agravado por alevosía y codicia, por lo que arriesgaban una potencial condena a prisión perpetua y, por ende, debían atravesar un juicio por jurado popular. La defensa de los sospechosos se opuso y se realizó una audiencia ante el juez Claudio Gil.

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Esta es la imagen de la enfermera jubilada desaparecida en San Rafael. Su teléfono tuvo actividad hasta el 21 de julio, y la denuncia se hizo el 1 de noviembre.

Esta es la imagen de la enfermera jubilada desaparecida en San Rafael. Su teléfono tuvo actividad hasta el 21 de julio, y la denuncia se hizo el 1 de noviembre.

El magistrado rechazó los planteos defensivos y elevó el caso a juicio. Sin embargo, aceptó un cambio a una calificación más leve: homicidio simple.

Por este motivo, y siempre y cuando no haya una apelación ante una instancia superior, afrontarán un debate tradicional en el que podrían ser condenados a una pena de entre 8 y 25 años de cárcel.

¿Crimen en San Rafael?

Silvia Zulema Chávez era una enfermera que se encontraba jubilada tras varios años de trabajo en el Hospital Schestakow. Vivía en un domicilio ubicado en calle Ecuador al 1620 que tenía 250 metros cuadrados aproximadamente. En el fondo tenía un departamento de dos habitaciones que en el primer semestre de 2022 le alquiló a Mauricio Albornoz, un albañil con varios antecedentes por robo, y su pareja, Gabriela Domínguez.

Chávez era una mujer solitaria. A tal punto que pasaron más de 100 días desde el 20 de julio de ese año para que alguien de su entorno consultara por su paradero ante la Justicia. Los investigadores detectaron que la casa donde vivía tenía una luz prendida pero no registraba movimientos y se acumulaban las boletas de impuestos bajo la puerta. Julio era el mes clave: su teléfono celular se apagó el 21 de ese mes, su jubilación comenzó a acumularse en su cuenta de ahorro y no volvió a presentarse en OSEP para pedir la insulina que necesitaba para tratar su diabetes.

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Casi descartadas la teorías de un suicidio y que se haya ido por su propia voluntad, la Fiscalía comenzó a profundizar un nuevo dato. Chávez tenía una pésima relación con sus inquilinos, ya que solían hacer juntadas y fiestas muy ruidosas. La víctima se había asesorado con una abogada para desalojarlos y les había ofrecido devolverles la plata del alquiler si se retiraban.

Incluso en la previa al Día del Amigo la mujer llamó al 911 notificando que estaban realizando una fiesta muy ruidosa, que estaban alcoholizados y que tenía miedo de que se metieran en su casa si les recriminaba algo. Tres días después de esa situación, el teléfono de Silvia Chávez se apagó para siempre.

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Si bien no hay pruebas científicas que lo vinculen al crimen en San Rafael, los investigadores se cuestionaron cómo era posible que la pareja haya vivido un puñado de meses más en ese departamento sin haberle pagado el alquiler a nadie. También plantearon que si bien se terminaron yendo del lugar, nunca fueron a buscar el dinero de devolución del alquiler que Chávez les había ofrecido y había dejado en manos de su abogada.