Tres nenas relataron que fueron víctimas de abuso sexual del Chacal de El Borbollón, todas sobrinas de Víctor Aníbal Rodríguez. Dos de ellas de 6 y 7 años contaron lo ocurrido en noviembre del 2024, y otra más grande reveló que le hizo lo mismo a ella hace más de 5 años en la casa que compartían, en Las Heras. Lo echaron y así fue como llegó al lugar donde hace una semana secuestró y violó a una joven de 20 años.
Tres nenas de 6, 7 y 12 años, las otras denuncias de abuso sexual contra el Chacal de El Borbollón
En noviembre fue denunciado por abuso sexual de dos sobrinas de 6 y 7 años, y luego otra de 17 contó que hizo lo mismo con ella cuando tenía 12
El drama familiar que envuelve a Víctor Aníbal Rodríguez, de 50 años, es muy complejo. En la mañana de este martes fue capturado luego de ser buscado durante una semana tras un abuso sexual cometido en El Borbollón, donde tuvo cautiva a una estudiante de Profesorado de Historia durante 7 horas.
Fue atrapado en el Callejón Rivas, del barrio Luz y Fuerza, de El Algarrobal, en un descampado donde los obreros de una construcción lo vieron sospechoso y llamaron a la Policía.
Lo llamativo fue cuando se confirmó que el Chacal de El Borbollón estaba a pocos metros de la casa de su madre, de donde fue echado en noviembre pasado, y de la casa de una hermana, cuya hija denunció haber sido abusada por él.
Los escalofriantes detalles de los abuso sexuales por los que fue denunciado
Una trabajadora social de un Centro de Recuperación Nutricional de Las Heras declaró en una causa de abuso sexual por el que había un pedido de captura para Víctor Aníbal Rodríguez en noviembre del 2024.
Dijo que el 7 de ese mes una chica de 17 años llegó al lugar muy angustiada. Le contó a la mujer que vivía con su hermana y que estaban al cuidado de su abuela, ya que su madre tenía problemas de salud mental. En la misma casa también vivía su tío, Víctor Aníbal Rodríguez.
Su angustia se debía a que se había enterado que sus dos primas de 6 y 7 años contaron en el colegio que habían sido manoseadas y abusadas por Rodríguez. A partir de ese hecho se abrió y contó que a ella le pasó lo mismo cuando tenía 12 y 13 años.
Sin mayores detalles, la joven que ya tenía 17 años, sostuvo que nunca se animó a contarle a nadie ni denunciar al hombre por temor a su tío. Expresó que sentía una gran culpa porque si hubiese hablado antes podría haber evitado que abusara de sus primas.
Ante esta confesión, la trabajadora social la alentó para que hiciera la denuncia para así ayudar a sus primas. Cuando la abuela de la joven se enteró de este tercer hecho, lo primero que hizo la mujer fue echar a su propio hijo de la casa de El Algarrobal.
Así fue como después de este hecho Víctor Aníbal Rodríguez, de 50 años, dejó su trabajo en una playa de estacionamiento de la Capital y se instaló en la casa de calle San Ramón, de El Borbollón.
Le puso pegamento en los ojos a la estudiante de quien abusó sexualmente
La joven de 20 años que fue víctima de este Chacal de El Borbollón el lunes 7 de abril pasado denunció que Rodríguez le puso pegamento en los ojos para que no pudiese verle la cara.
La estudiante de Profesorado de Historia salió de la UNCuyo hacia su casa, pero y se tomó un colectivo que la dejaba en Ruta 40 y calle San Ramón, de Las Heras, a un par de kilómetros, y le había avisado a su madre.
Tenía que llegar alrededor de las 13.30, pero no respondió más mensajes ni llamadas. Su madre salió a buscarla pero no la encontró e hizo la denuncia ya que sabía que algo malo le había pasado.
La víctima relató que el hombre estaba en la puerta de su casa y cuando ella pasó le pidió que lo ayudara para entrar una caja. Ella lo hizo, pero eso fue solo un engaño, ya que el agresor la tomó del cuello y la metió a la fuerza.
Lo primero que hizo fue ahorcarla para que no gritara y le dejó la marca de sus manos en su cuello. Luego le puso pegamento en los ojos para que no lo viera, pero sin que él se diera cuenta pudo abrirlos un poco, le vio su cara y parte de la casa.
Allí la tuvo cautiva durante 7 horas, en las que además de abusarla, le hizo de comer y le prendió la televisión. La joven trató de mantener la calma y solo le decía que ella no diría nada, pero que la dejara ir, ya que sentía que la iba a matar en cualquier momento.
La respuesta del abusador fue que la liberaría pero cuando la gente se fuese de las inmediaciones de su casa. Así fue como poco antes de las 21 la sacó por la parte de atrás de la casa. La hizo caminar más de una cuadra por un descampado y la dejó allí.
La víctima se sacó el pegamento de los ojos y vio que se acercaba un colectivo. Corrió hasta la calle, se subió y el chofer del 665 la reconoció porque es una pasajera frecuente y sabía que su familia y los vecinos la buscaban. La llevó hasta donde estaban reunidos todos y se reencontró con sus padres.
En ese mismo lugar la estudiante contó el horror que vivió durante las 7 horas que estuvo en la casa del hombre, y desde ese momento el acusado por secuestro y abuso sexual fue intensamente buscado.





