Patricia Garnica (34) pasó de arriesga una pena de prisión perpetua a quedar libre de culpa y cargo. En febrero de 2020 cuando mató a su novio, Cristian Vergara (38), de dos certeras puñaladas el panorama parecía oscuro, pero finalmente se probó que fue víctima de violencia de género durante varios años.

Hasta la mañana de este viernes, la mujer estaba imputada por homicidio agravado por el vínculo. Pese a que nunca llegó a pisar el penal -estuvo una semana en un calabozo de una comisaría y luego consiguió la prisión domiciliaria-, se trata de uno de los delitos más graves de nuestra Ley. Arriesgaba la chance de enfrentar un jurado popular y ser condenada a prisión perpetua.

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Patricia Garnica era víctima de violencia de género.

Patricia Garnica era víctima de violencia de género.

Sin embargo, la balanza de la investigación se fue inclinando a su favor. Tal fue así que la propia fiscal del caso, Andrea Lazo, solicitó el sobreseimiento, a lo que adhirieron los abogados de la familia de la víctima fatal y, lógicamente, los defensores de Patricia Garnica -Emiliano Marlia, Juan Cruz Chapuy y Franco Migliavacca-.

El juez Federico Martínez terminó sobreseyendo a la mujer. El magistrado encontró probado que Patricia Garnica se defendió de un ataque de violencia de género -legítima defensa- y que no era la primera vez que la mujer vivía un calvario similar. De hecho, esa versión trascendió prácticamente desde el momento del crimen en Luján de Cuyo ya que varios vecinos y familiares indicaron que la relación era conflictiva.

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El día del crimen en Luján de Cuyo.

El día del crimen en Luján de Cuyo.

Crimen en Luján de Cuyo

Eran cerca de las 13 de febrero de 2020 cuando una vez más se desató una discusión en el domicilio ubicado en calle Tucumán al 82, en la localidad de Mayor Drummond. Pero esta vez la escalada de violencia entre la pareja fue fatal: Vergara recibió dos heridas de armas blanca -en el tórax y el abdomen- que le terminaron quitando la vida segundos después, a 50 metros de su casa, donde cayó desvanecido.

Garnica fue apuntada desde los primeros minutos de la investigación y quedó detenida. La mujer fue detenida en el domicilio y hasta se encontró el cuchillo con el cual mató a su novio, es decir, no intentó darse a la fuga en ningún momento.

Si bien estuvo una semana alojada en el calabozo de la Comisaría 11, luego consiguió la prisión domiciliaria ya que tenía un hijo de un año y medio que estaba amamantando. En mayo siguiente, un juez le dictó la libertad.