Por Leonardo Otamendi
La víctima, de 39 años, denunció que camino a su casa se detuvo en un kiosco a comprar cigarrillos. Allí la abordaron dos sujetos, la introdujeron en su auto y la mantuvieron cautiva tres horas. Intentaron violarla y la abandonaron en Maipú.
Noche fatídica para una mujer que raptaron, golpearon, abusaron y asaltaron en Luján
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La víctima, de 39 años, se dirigía hacia su casa ubicada en el barrio Gran Trabajador por ruta 86. Lo hacía a bordo de su Fiat 147.
Alrededor de las 22 de este lunes se detuvo en un kiosco a comprar cigarrillos, antes de llegar a ruta 15 en Ugarteche. Compró un atado y se dirigió nuevamente hacia su auto.
Parado junto al coche estaba un hombre quien le preguntó cuánto pedía por el 147. Es que el rodado tiene un cartel de “Se Vende”.
Pero no quería comprarlo, ni mucho menos. Fue una treta para engañarla y lo consiguió. Se sentó en el habitáculo del vehículo, ella en el asiento del acompañante y una vez que ambos estuvieron acomodados, apareció otro individuo.
Éste estaba armado, ingresó al auto, amenazó a la mujer y se puso al frente del volante.
La pasearon hasta la 1 de este martes y durante ese tiempo uno de los delincuentes la manoseó.
Finalmente llegaron a un descampado del carril Barrancas, en Maipú, donde la sacaron del coche a los tirones y golpes. Luego la empujaron y arrojaron al piso de tierra.
En ese momento comenzaron a pegarle, sobre todo patadas. La ataron y uno de los sujetos, el que la había manoseado en el auto, intentó violarla. Pero la mujer se resistió y logró impedir el ultraje, aunque no se salvó de las trompadas del individuo, que además le pegó con una piedra en la cabeza. Al no poder abusarla, la abandonaron.
La mujer quedó maltrecha y descalza, con varios hematomas en su rostro y cuerpo, sin dinero porque le robaron la billetera, sin celular para pedir auxilio y sin zapatillas.
La mujer esperó un par de minutos y se desató. Subió a su auto, extrañamente los delincuentes no se lo llevaron, y se trasladó por el Acceso Sur hasta dar con un control policial. En ese lugar, a los gritos le dijo a los efectivos lo que había sucedido y después se fue a su casa.
Al parecer se tranquilizó en su hogar, porque alrededor de las 8.30 fue a la Oficina Fiscal Nº 11, de Luján de Cuyo, a denunciar el hecho. “Estaba muy mal, muy angustiada, dolorida y con marcas en el rostro, pero ya no tan enojada”, reveló una fuente judicial que estuvo presente durante la declaración.
Sobre los delincuentes no hay datos y los pesquisas no tienen muchos elementos para buscarlos y dar con ellos.