Fue una durísima jornada la de ayer para los parientes y amigos de la familia Miguel, cuyos cuatro integrantes fueron masacrados a puñaladas el jueves en su casa de Las Heras.
Es que a la mañana sepultaron en el cementerio Los Apóstoles a la madre, Mónica Miguel, a los abuelos (Alí y Sara) y al niño, Ezequiel, todos asesinados en la casa de calle San Pedro 1953 del barrio 8 de Mayo.
Y a la siesta afrontaron la ingrata tarea de limpiar a fondo esa vivienda donde se cometieron los crímenes, casa que la policía les devolvió después del mediodía y que había quedado intacta, como si el tiempo se hubiera detenido tras los ataques.
Mientras el adolescente de 13 años que incriminó de los múltiples asesinatos a Ezequiel y admitió haberlo matado en defensa propia ya está alojado en un centro psiquiátrico a cargo de la DINAF, en el velorio además del dolor de la despedida se vivieron escenas terribles con los restos del otro niño.
Algunos presentes insultaron al cuerpo de Ezequiel en el ataúd, culpándolo por los asesinatos, a pesar de que aún hay muchas dudas sobre la autoría criminal.
En el lugar sobrevino además el reproche de los parientes de Ezequiel a, situación que desmintieron.
A la tarde afrontaron una casa que aun conservaba los signos de la masacre en los pisos, en las paredes y en el desorden que dejó la muerte.
“No tenía esquizofrenia”
Mientras estaban en esa faena, parientes de la familia aseveraron a Diario UNO que “Ezequiel no tenía esquizofrenia”No sólo lo negaron sino que además mostraron un estudio médico, una resonancia magnética, que le hicieron al menor el 21 de noviembre pasado en la Fuesmen y cuya conclusión dice que “los resultados de la resonancia cerebral están dentro de los límites normales”.Una de sus primas aclaró: “No tenía esa enfermedad , tenía problemas de conducta porque fue un niño criado con mucha permisividad por mi tía, sin límites, entonces era muy caprichoso. Sus crisis eran porque quería cumplir sus caprichos. En la escuela empezó a mostrar problemas de conducta normales y lo derivaron a un psiquiatra que le dio una medicación porque era muy hiperquinético”.
La resonancia cerebral sin embargo no permite diagnosticar una esquizofrenia, tal cual lo explicó el psiquiatra Benigno Gutiérrez (ver página 29) pero sugirió en diálogo con Diario UNO que “por las características que describe del niño es muy difícil que la haya padecido porque los esquizofrénicos tienden a la abulia, que es lo contrario de la hiperquinesis, y muestran una alta tasa de suicidios pero no de criminalidad”, poniendo así en duda que padeciera ese cuadro psiquiátrico.
Las dudas que aquejan
Algunos vecinos amigos de la familia que ayudaron ayer a la limpieza general de la casa descartan que Ezequiel haya matado a su mamá y sus abuelos como lo incrimina su amigo de 13.“Era reflaquito y bajo. ¿Usted cree que un niño así puede arrastrar hasta la cocina (tramo de unos 10 metros) a don Alí (el abuelo asesinado), que medía casi 1,90 metros?”, expresó un allegado a la casa.
También señalaron que más allá de los berrinches habituales Ezequiel “era un niño que adoraba a su mamá (Mónica Miguel) que lo había adoptado cuando tenía ocho meses, que sabía que lo era y lo sobrellevaba sin problemas”.
Cabe recordar que Ezequiel a pesar de ser culpado de la masacre por su vecino de 13 años terminó muerto con más de 10 puñaladas y un corte en el cuello.
En cambio, el de 13 no tiene puñaladas, sólo un tajo y siendo testigo dio tres versiones distintas de lo que ocurrió en esa casa el jueves.