Policiales Jueves, 27 de septiembre de 2018

Los chicos del Próvolo, felices pero disconformes

Las víctimas presenciaron el momento en que Jorge Bordón confesó todos sus ataques sexuales contra ellos.

La primera condena a uno de los miembros del Instituto Católico Antonio Próvolo para niños sordomudos, por múltiples abusos sexuales contra ex alumnos menores de edad, caló muy hondo en las víctimas, muchas de las cuales presenciaron en vivo y en directo en la audiencia preliminar cómo el monaguillo Jorge Bordón (62) reconocía y confesaba haberlos atacado en reiteradas oportunidades y confirmaba que los sacerdotes Nicola Corradi, máxima autoridad del instituto, y Horacio Corbacho, participaban a la par en las vejaciones.

Uno de los principales apuntados. El cura Corradi, con arresto domiciliario por su salud.
Uno de los principales apuntados. El cura Corradi, con arresto domiciliario por su salud.

Sorprendidos, pasaron de la euforia a cierta desazón cuando por la lengua de señas de una intérprete se enteraban de que Bordón se declaraba culpable de 11 hechos por abuso sexual con acceso carnal, abusos gravemente ultrajantes, abusos simples y corrupción de menores.

La felicidad y la sorpresa sufrieron un duro golpe cuando se enteraron de que la fiscalía, sus propios abogados y la defensa habían acordado 10 años de cárcel, una pena ínfima a juzgar por las víctimas hipoacúsicas.

Así se fueron de la audiencia oral, atravesados por una mezcla de alegría e insatisfacción, tal cual lo confirmó Paola González, una de las referentes del grupo de padres de las víctimas del Próvolo.

En diálogo con Diario UNO, la mujer dejó en claro que entienden que el reconocimiento y la confirmación por parte de Bordón de que esos ataques sexuales existieron y de que los sacerdotes y otras personas participaban es un paso gigantesco a favor y también un envío crucial para el juicio oral y público contra los curas.

Pero admitió que los chicos no tomaron bien los 10 años de cárcel y tampoco algunos papás. Es un proceso que las víctimas y sus familiares tendrán que digerir.

Paola González contó que "a algunos no les gustó nada la condena, la verdad todos lo vemos como insuficiente, pero viendo esto en el fondo, es magnífico para nosotros que uno de ellos se haya declarado culpable, haya reconocido los abusos y la participación de los curas Corradi y Corbacho".

Para las víctimas, enterarse de que Bordón, quien en el instituto Próvolo fue monaguillo, encargado del albergue nocturno, chofer y mano derecha del cura Corradi y empleado administrativo, estaba confesando fue un golpe grandísimo: "Hay algunos que lo tomaron muy mal. Fue terrible para ellos lo que pasó en la audiencia porque había chicos que tiritaban o se escondían", reveló Paola González.

Recalcó que "los chicos alcanzan a entender, nos mandaban mensajes a todos diciéndonos que era la verdad, que nunca habían mentido, que él (Bordón) lo estaba diciendo. Ellos necesitaban eso, les dolía mucho que los acusaran de mentirosos. Tanto les costó revelar lo que les pasó y después padecer que los trataran de mentirosos, han sufrido mucho".

Sin embargo, Paola, quien es mamá de una de las víctimas, una adolescente que apenas tiene 15 años hoy pero que fue atacada siendo mucho más pequeña, rescató la importancia de la sentencia.

"Jamás nos esperábamos que pudiera pasar esto, ni siquiera los abogados tenían la información de que pudiera llegar a pasar. Lo principal es que uno de ellos hablara y habló. Ya se pudo ver cómo atacaron a los chicos en las últimas pericias, dijeron como que alucinaban, que los intérpretes no eran confiables, hasta los periodistas eran cuestionados diciendo que todo era un invento de la prensa, le echaron culpa a todo el mundo y ya está, con esto se acabó. Ahora esperamos el juicio mucho más tranquilos".

La mujer dijo que esta sensación, esta comprensión de lo que está pasando "es común a la mayoría de los papás y las mamás de los chicos del Próvolo. Algunos están menos conformes que otros pero todos entienden lo fundamental de este fallo".

En lo personal, González graficó su vivencia: "Lo primero que hice, cuando salí del trabajo, miré al cielo y le agradecí a Dios porque fue algo inesperado. Además revivir todo, el asco, el dolor, todo junto porque yo sé todo lo que ese individuo le ha hecho a mi hija y sabemos que en un plazo muy corto va a tener salidas transitorias, pero bueno, había una condena social muy importante y ahora hay una judicial".

La hija de Paola no es su hija biológica sino, como ella le gusta decir, "del corazón". Es su madrina y la tiene desde los 10 años, luego de que falleciera la mamá de la menor.

La envió al Próvolo, donde nunca aprendió la lengua de señas y donde ella supo después, horrorizada, que había sido violada.

Las vejaciones que sufrió la niña han sido acreditadas por el Cuerpo Médico Forense de Mendoza, que dio cuenta de secuelas de contactos sexuales de vieja data en la hija de Paola.

Ella en su experiencia personal detalló su calvario y el de su hija: "Fue durante 7 años. Yo me daba cuenta de que le pasaba algo porque tenía reacciones muy agresivas, muy depresivas. Un día me llegó con la ropa interior manchada".

Concluyó: "Empecé a pedir ayuda, primero en el colegio pero ellos me decían que ella venía así, rara, de la casa, siempre le echaban la culpa al entorno familiar. Después busqué ayuda externa pero no encontré eco ni repercusión. Cuando aparecieron las primeras denuncias yo entonces até todos los cabos, de cómo se contradecían desde la celadora hasta la asistente social que terminó siendo la apoderada. Ahí me cerró todo y eso me dio fuerza para ir para adelante y llegar hasta aquí".

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