En enero de 1998, Chad MacDonald, un adolescente de 17 años de Estados Unidos fue detenido por posesión de metanfetaminas durante un control de tránsito . Presionado por las autoridades, aceptó colaborar como informante confidencial para evitar cargos más graves. Pero terminó siendo víctima de un atroz crimen.
La Policía lo obligó a convertirse en un informante y los narcos terminaron cometiendo su atroz crimen
Tres condenados a la máxima pena y una millonaria indemnización en dólares fueron las consecuencias del crimen del chico de 17 años

Chad MacDonald.
La Policía de Estados Unidos le colocó un dispositivo de grabación oculto y lo envió a comprar drogas en casas de narcotraficantes conocidos. Lo que comenzó como un acuerdo para reducir su condena se convirtió rápidamente en una trampa mortal, exponiendo al joven a un mundo de violencia del que no pudo escapar.
Recomendadas
De informante a víctima de un crimen
Chad MacDonald realizó al menos una compra supervisada y proporcionó información sobre el narcotráfico local de metanfetaminas. Sin embargo, su identidad como informante se filtró rápidamente en los círculos de dealers. Lo etiquetaron como “soplón” y comenzaron a amenazarlo.
A pesar de que la Policía terminó su colaboración formal poco antes del fatal desenlace, el daño ya estaba hecho. El adolescente, aterrorizado, se refugió en hoteles transitorios y evitó su casa, consciente del peligro inminente que enfrentaba por haber cooperado con las autoridades.
El 1 de marzo de 1998, el adolescente y su novia, también menor de edad, fueron llevados a una casa controlada por miembros de una pandilla. Los sometieron a una tortura brutal. La joven fue violada, golpeada y baleada en la mandíbula, pero sobrevivió milagrosamente y logró dar testimonio clave. Chad MacDonald, en cambio, fue atado, golpeado salvajemente, estrangulado y torturado durante horas. Su cuerpo apareció 3 días después del crimen en un callejón .
Tres miembros de una banda de narcotraficantes fueron arrestados y juzgados por el crimen. En 1999 y 2001, un jurado los condenó por tortura y homicidio, enfrentando posibles penas de muerte o cadena perpetua. En tanto que la familia del adolescente asesinado Chad demandó a la ciudad y se acordó pagar un millón de dólares a la madre como parte de un acuerdo extrajudicial.