José Luis Verderico
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El fiscal de Cámara Fernando Guzzo le pedirá esta semana a la Quinta Cámara del Crimen que Alejandro Gabriel Amitrano sea condenado a prisión perpetua por la muerte a golpes de su beba, Rosario Belén Amitrano, en noviembre de 1999.
Rafael Alfonso Escot, Alejandro Luis Gullé y María Liliana De Paolis, experimentados jueces de sentencia en lo criminal, tendrán la última palabra: cárcel o libertad.
Será a partir del miércoles, después de una deliberación secreta entre los tres magistrados que, se prevé, durará varias horas.
El juicio oral y público ya entró en la recta final.
Se reanudará mañana a las 9 en el primer piso del Palacio Judicial tras un receso de cuatro días, que comenzó tras la declaración de Cecilia Cousau, ex esposa de Amitrano y madre de la nena, que en algunos pasajes resultó muy valiosa para darle carnadura a la acusación fiscal por el delito de homicidio agravado por el vínculo de sangre entre el acusado y la víctima.
Desenlace posible I
Si los magistrados admiten la pretensión de Guzzo y sus argumentos, ya sea en fallo unánime o dividido, automáticamente Amitrano pasará a cumplir una condena que lo mantendrá en prisión y le otorgará el derecho a solicitar el beneficio de la libertad condicional recién dentro de 18 años y 6 meses, a mediados del año 2033, cuando tenga 60 años de edad.
Desenlace posible II
En caso contrario, al acusado lo absolverán y lo dejarán inmediatamente en libertad.
Será siempre y cuando los usías consideren, también en forma unánime o dividida, que las pruebas testimoniales y los peritajes médicos y científicos acumulados en más de 1.500 fojas de expediente durante casi 15 años no son suficientes para demostrar que Amitrano golpeó a su hija y le provocó el estallido de órganos digestivos, lo que desencadenó una infección generalizada y definitiva en pocas horas.
En este momento decisivo del proceso penal, si el tribunal decide condenar a Amitrano deberá tener la certeza comprobada y comprobable de que atacó a su hijita. De no ser así, el imputado será beneficiado por lo que técnicamente se llama “la duda en favor del reo”.
La teoría condenatoria
Está basada principalmente en las exposiciones de algunos médicos que atendieron a la beba entre el 23 y el 30 de noviembre de 1999 en el entonces Policlínico de Cuyo y posteriormente en el hospital Notti, donde falleció.
Durante varias audiencias en los años 1999 y 2001 (cuando la madre fue juzgada y absuelta) y en el juicio que terminará esta semana, Héctor Mackern (fallecido en 2008), Inés Foschi y Miguel Guisasola dieron ciertas claves que a la Fiscalía le permiten concluir que Amitrano tuvo relación directa con el golpe fatal.
Esas pistas son: que Mackern declaró haber recibido a la nena, a las 13.30 en el Policlínico, en estado de “inconsciencia” por lo que les ordenó a los padres que la internaran en el Notti de “inmediato”; que Foschi dijo que nunca dudó de que el grave cuadro clínico con el que entró al Notti recién “a las 22 horas aproximadamente” se produjo “sin dudas por lesiones propias de maltrato”; que Guisasola expuso que durante la cirugía detectó el estallido de yeyuno (porción del intestino delgado) únicamente compatible, en el 95% de los casos tratados, con un “traumatismo o golpe directo” sobre la pared abdominal anterior; y que otra profesional dijo que Rosarito entró grave a terapia intensiva, posiblemente como consecuencia de la “caída sobre algún elemento contundente” o un “golpe con algún elemento” de esa característica.
Profundizan esta tendencia los detalles declarados por los peritos que hicieron la necropsia y el estudio psicológico a Amitrano, ya preso en Mendoza, tras su detención en Paraná en enero de 2013.
Acerca del primer tema, Francisco Olivares, del Cuerpo Médico Forense, informó en la sala de debates que la niña murió por un golpe recibido en la zona abdominal y “realizado con algo como un puño, un pie, un palo o un codazo (...) La demora en internarla le quitó chances de responder positivamente a los tratamientos recibidos”. El deceso “no se debió a falta de accionar médico. Se descartó cualquier otra patología y se confirmó el diagnóstico de abdomen agudo y shock séptico”.
El pasado mendocino
La psiquis del imputado también ha dado mucho que hablar, especialmente después de sus breves respuestas del martes 14 de octubre, apenas iniciado el debate, cuando se le preguntaron sus datos personales. Que Amitrano “nacido en Capital Federal”, haya hablado únicamente de su pasado reciente y no de su vida mendocina en los ’90 invita a pensar, especialmente a los profesionales y a la Justicia, que prefiere borrar su pasado.
De hecho, cuando dijo que estuvo casado “con una chica de acá, de Mendoza”, con referencia a Cousau, que con ella tuvo una hija “llamada Rosario Belén, fallecida” y que tiene título de “martillero público” no lo hizo de manera espontánea, como se esperaba, sino a instancias de cada una de las preguntas puntuales de la fiscalía acerca de su pasado, ya que únicamente había contestado ser concubino de la entrerriana Rosana Godoy –lo acompaña en el juicio–, ser el padre de una beba que nació en 2013 (un mes después de su captura) y ser comerciante. “Polirrubro; despensa, juguetería”, explicitó con gesto adusto y desgano, con referencia al minimarket en O’Higgins 311 de Paraná, donde fue apresado.
Allá sus clientes lo conocían como el Gringo, según él mismo contestó cuando le preguntaron si tenía algún apodo.
Aquí, nunca usó ningún apelativo.
