Síndrome de Amok

El extraño caso del mendocino que sufrió un ataque de furia ciega en pleno centro de la ciudad

Ocurrió en 2022, pero la historia trascendió hace unos días. Efectivos del grupo GRIS tuvieron que lidiar con el hombre que, tras cortarse, exhibía sus vísceras

También aparecen dos vestiditos de niña, pero para eso falta.

Aquel 21 de diciembre de 2022, cerca de las 11 de la mañana, hacía calor en el centro de la Ciudad. Los efectivos del GRIS estaban apostados cerca de la Legislatura: los habían destinado ahí ante un posible acampe de manifestantes en la Plaza Independencia.

Una persona se estaba cortando hasta el punto de exhibir sus vísceras Una persona se estaba cortando hasta el punto de exhibir sus vísceras

Entre bombos y cantos, se escuchó una alerta por radio. El Centro Estratégico de Operaciones informaba que en una comisaría de Ciudad, ahí cerca, una persona se estaba cortando "hasta el punto de exhibir sus vísceras".

►TE PUEDE INTERESAR: En el inicio de 2024 hubo casi un suicidio por día en Mendoza

El síndrome de Amok

La Asociación Americana de Psiquiatría caracteriza al Síndrome de Amok como un comportamiento violento que se desata de forma explosiva y que pone en peligro a todo lo que esté alrededor de la persona afectada.

Amok es un vocablo de origen malayo -amuk, "locura homicida"-; y en Asia y Oceanía se ha hablado del fenómeno aludiendo a individuos que, tras sentirse expulsados de la sociedad o padecer una gran vergüenza, salen corriendo y matan a todo lo que encuentran, incluyendo animales, humanos o a ellos mismos. Lo que sea.

Como se verá, aunque suelen calificarse como "no provocados", estos episodios no se producen en el vacío: están atravesados por circunstancias sociales, económicas, colectivas e individuales.

En Mendoza, el GRIS no conocía otros casos documentados de Amok, salvo esta historia que se conoció en los últimos días, cuando se publicó un informe interno sobre la experiencia.

Volvamos, entonces, a la puerta de aquella comisaría céntrica en aquel día de diciembre.

"Ya estoy muerto"

"Totalmente bañado en sangre y aduciendo que sería portador de VIH, el hombre intentaba ingresar por la fuerza a la sede de la Oficina Fiscal (al lado de la seccional), en busca de una ayudante fiscal de turno a quien culpaba de sus desgracias (...)", reza el informe.

Este breve video fue tomado en aquel momento:

Embed

Los negociadores del GRIS corrieron desde la Legislatura hasta la comisaría -unas tres cuadras- y se encontraron con que el desquiciado tenía en la mano un par de hojas de afeitar con las que amenazaba a los presentes y se seguía lastimando.

Encima, las manifestaciones continuaban. La calle había sido acordonada, pero la zona estaba llena de gente. Y al llegar los efectivos, el sujeto los desafiaba para que le dispararan.

"Mientras más sangre, mejor. Ni los chalecos ni los cascos sirven de nada y no me asustan las armas", insistía el hombre. La explicación era que él ya estaba muerto, porque "la única razón para vivir se la habían quitado".

Mientras gritaba esto, se presionaba una de las hojas de afeitar contra el cuello -ya se había hecho un corte ahí- y se embroncaba más y más al borde de un canal con mucha agua. Si se caía, sacarlo vivo iba a ser difícil.

negociación gris (1).jpg
Una foto tomada durante el incidente. El hombre estaba al borde de un canal. Foto: gentileza grupo GRIS.

Una foto tomada durante el incidente. El hombre estaba al borde de un canal. Foto: gentileza grupo GRIS.

La historia del Willy

De a poco empezó a destaparse la trastienda de la escena. El tipo -el informe lo llama Willy- tenía 45 años. Había salido de la cárcel hacía tres meses, tras purgar una condena de 8 años por robo.

Durante todo ese lapso, según el relato que -lleno de angustia- alcanzaba a balbucear el propio Willy, lo único que lo había mantenido con vida era pensar en sus dos pequeñas hijas. Más precisamente, la ilusión de pasar la primera Navidad con ellas y llevarles un regalo.

-Te juro por mis hijas que esta vez yo no hice nada. Yo sé que me las mandé, yo fui cañero, pero ya pagué y estoy limpio. Solo quiero ir a comprar los vestidos para Navidad a mis hijas- repetía.

Horas antes, para juntar la plata, el hombre había estado limpiando autos. Con eso quería comprar las prendas infantiles que había visto en un comercio. Sin embargo, alguien había llamado al 911 denunciando la presencia de "trapitos" y un móvil policial lo había llevado a la comisaría. Allí, la justicia contravencional le retuvo la plata y los elementos para limpiar vidrios.

Willy había pensado que después de ese procedimiento le iban a devolver el dinero, pero le respondieron que era imposible porque tenía que comparecer ante el Juzgado de Faltas la otra semana, ya después de Nochebuena y Navidad. Recién entonces se resolvería lo que iba a pasar con su plata.

Luego de escuchar esa novedad, el hombre había salido de la oficina fiscal, había entrado a un kiosco y le había explicado al kiosquero que no tenía para pagar pero que por favor le fiara una máquina de afeitar descartable.

►TE PUEDE INTERESAR: Bandas, presos peligrosos y muchos datos: el "ajedrez" de quienes hacen inteligencia en la cárcel

Desenlace

Sin remera, el pecho cruzado de viejas cicatrices y sangre nueva que le salía bajo el sol del mediodía veraniego, el Willy persistía en la puerta de la comisaría/oficina fiscal.

Había extraído las hojas de la máquina de afeitar; ya se había cortado brazos, cuello y abdomen. Caminaba y dejaba sobre el suelo un rastro rojo.

Forcejeó con la guardia, explicando que el problema no era con la Policía sino con la ayudante fiscal. En eso estaba cuando se coló en la batahola un flaco de gorrita con barba de un par de días:

-¿Podemos hablar?- dijo el recién llegado. Levantó las manos para mostrar que no tenía armas. En la espalda de su remera se leía: “negociador”.

El efectivo -un miembro del grupo GRIS, claro- le contó a Willy que él también tenía una hija, que también estaba pensando en ella en vísperas de Navidad, y le pidió su palabra de caballero de que no iba a atacar a nadie sin antes charlar con él en privado.

Desde un costado, otro negociador del grupo GRIS apareció con una gaseosa y un alfajor del mismo kiosco que le había fiado al hombre la máquina de afeitar.

Entre lágrimas, el padre desesperado pidió guardar el alfajor para sus hijas porque "al menos iba a poder llevarles eso" para Nochebuena.

-Willy, ¿te puedo preguntar algo? ¿Cómo son los vestidos que les querés regalar?-, dijo el negociador que dialogaba cara a cara.

-Tengo fotos- respondió el Willy. Sacó un celular del pantalón y le empezó a mostrar imágenes con dedos temblorosos que intentaban limpiar el enchastre de sangre sobre la pantalla.

-Mirá, este es el de la mayor-.

Era un vestido rojo con vuelos, cuello blanco, cinturón y un moño en el hombro.

Para la más chiquita, Willy había visto un conjunto tipo jardinera color rosado con una mariposa bordada a la altura del pecho. Pensar en los regalos de sus hijas le causó alegría, y sonrió.

Iban casi dos horas de negociación.

El Willy había perdido mucha sangre y aceptó que una ambulancia lo asistiera. Alrededor seguían los del grupo GRIS, vecinos y comerciantes curiosos. Y el kiosquero, que debe haber sentido que estaba adentro de una película.

Entre todos surgió una idea. Armar una "vaquita" para que el Willy cumpliera su sueño. El trapito, que ya estaba dentro de la ambulancia, lloraba y juraba que iba a devolver cada centavo.

►TE PUEDE INTERESAR: Los olivos mendocinos y su centenaria historia de muertes y resurrecciones

Algo en común

El relato anterior es, de acuerdo a fuentes del grupo GRIS, el primer caso de Síndrome de Amok documentado por ese cuerpo especial.

Al Willy le cosieron los tajos y fue atendido por especialistas en salud mental. Pasó aquella Navidad algo maltrecho, pero con su esposa, sus hijas y "los regalos de Papá Noel".

Vino el 2023, se sucedieron las distintas estaciones. La ciudad, que a veces nos hace olvidar al que está al lado, continuó sus rutinas de picadora de carne.

Y un día, uno de los negociadores del GRIS iba por una esquina de Mendoza y reconoció la cara del Willy. Se saludaron y se dieron un apretón de manos: ambos conocían el abismo del que habían logrado salir juntos.

* A continuación, un informe completo sobre el caso elaborado por miembros del Grupo GRIS:

Intervención GRIS 21-12-2022 (2).pdf

►TE PUEDE INTERESAR: Dos mendocinos subieron y bajaron con bicicletas un cerro de casi 6.000 metros en sólo 12 horas