En Mendoza hace 8 años que existe un área de Inteligencia Penitenciaria (IP). Se ocupa, entre otras cosas, de procesar datos para evitar conflictos dentro de los penales. En ese lapso el ambiente criminal fue mutando, tanto en el mundo como en la provincia; y las nuevas autoridades de la división -que fueron nombradas el 29 de febrero- encaran una época que no dará tregua.
Bandas, presos peligrosos y muchos datos: el "ajedrez" de quienes hacen inteligencia en la cárcel
El avance tecnológico y una nueva era de conflictos entre bandas son algunos de los factores que ponen a la inteligencia penitenciaria ante un nuevo territorio. El mapa de un ambiente casi desconocido
Al abordar el tema son muchos los fantasmas que rondan y el lector seguramente los tiene en mente: los tiroteos y homicidios orquestados desde las cárceles de Rosario en los últimos días, las discutibles postales con las que Nayib Bukele promociona su lucha contra las maras en El Salvador, los motines en los penales ecuatorianos, etcétera.
Los especialistas mendocinos dicen que su meta es evitar esos escenarios, lo que requiere -aclaran- atención permanente.
De hecho, a diferencia de los vaivenes que ha sufrido el ámbito en la Nación, en el servicio penitenciario santafesino o en el bonaerense, la IP local tuvo sus victorias y derrotas; pero nunca discontinuó sus actividades.
"Nuestra misión es monitorear a los internos y a nuestro propio personal; y evitar la circulación de drogas en los penales, aparte del análisis de perfiles y redes sociales", sintetiza una fuente calificada ante la consulta de Diario UNO.
Suena simple. Pero el "ajedrez" de hacer inteligencia entre rejas es complejísimo. Se desarrolla sobre un tablero que en Mendoza involucra a casi 5.000 privados de la libertad -64 son mujeres- que se alojan en 14 penales provinciales. Todas esas personas mantienen vínculos entre sí: amistades, lazos familiares, rivalidades y venganzas pendientes.
Evitar que el polvorín explote es un juego peligroso que además guarda una paradoja: cuando se hace bien, pasa desapercibido.
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Perfiles y bandas
Guillermo Coppola, el compañero de andanzas de Diego Maradona, contó alguna vez cómo fue su llegada a la hoy cerrada cárcel de Caseros (CABA), donde pasó 37 días en 1996 tras ser detenido por la famosa "causa del jarrón":
“Recuerdo que el jefe de la Unidad me dio la bienvenida y me ofreció un palo gigante, como de béisbol. ‘¿Esto para qué es?’, consulté inocente. Me aclararon que de los pisos superiores se deslizaban por las cañerías unos internos a los que llamaban Los Pitufos", describió Coppola.
Y siguió: "(Los Pitufos) eran chiquitos, muchos tuberculosos, enfermos. Bajaban con jeringas que decían que estaban infectadas, para hacer daño y robar. Eran tan pequeños que se metían por aberturas significantes. ‘Usted se turna de noche con su compañero, y cuando asoman (por la cañería)...¡pin! Les da con el palo. Va a tener tiempo, porque demoran un momento en meterse’, me indicó el jefe".
Así se gestionaban algunos complejos por entonces: un jefe que te daba un palo para defenderte. Hoy el panorama es distinto, al menos en Mendoza.
Sin embargo persiste una imagen estereotípica de la inteligencia en las cárceles. Lo cierto es que apuntalar la seguridad ahí adentro es mucho más que contar con informantes en los pabellones o ubicar penitenciarios en lugares estratégicos.
"Lo primero -repasa la fuente local que consultó UNO- es hacer un análisis de perfiles y dividir a los internos según criterios de riesgo muy alto, alto, medio o bajo, de acuerdo a clasificaciones objetivas y científicas. En eso influye, por ejemplo, si la persona ha tenido intentos de fuga o fugas, si dispone de recursos económicos como para corromper a otros; esas y otras informaciones".
Los perfiles son dinámicos. Por ejemplo: si le acaban de pegar un tiro en una esquina al hijo de un interno usualmente tranquilo, o si su madre se está muriendo, es probable que su nivel de peligrosidad suba. Incluso puede volverse impredecible.
Otra variable que se ha vuelto relevante para distribuir a los detenidos es su pertenencia -o no- a alguna de las diversas bandas que operan en la provincia, especialmente en las barriadas del Gran Mendoza.
Es que aunque se le intenta bajar el tono al tema, en la periferia de la zona metropolitana los antagonismos entre grupos se están volviendo más frecuentes, al ritmo de una economía nacional que no remonta. Y se efectúan detenciones, pero las peleas pueden continuar puertas adentro.
"Para minimizar ese riesgo, lo que se hace es cruzar datos con otros organismos del Estado, tanto la Policía como el Ministerio Público", explican desde IP.
Es más: hasta hay que analizar los barrios de donde vienen los detenidos, porque si se pone a un penitenciario a vigilar a sus vecinos, es muchísimo más probable que surjan inconvenientes.
La fuente se explaya: "Imaginate que la familia del interno puede vivir cerca de donde está la casa del efectivo. Pueden mediar amenazas, amedrentamientos...".
En síntesis, la clasificación de perfiles puede hacerse por edades, por delito, por bandas, por barrio y por toda una constelación de factores que luego se procesan con el objetivo de distribuir a los internos evitando la posibilidad de conflictos, pero también las alianzas problemáticas.
"De no existir estas informaciones, sus análisis y posteriores pronósticos, terminaríamos como en Rosario, donde las prisiones fueron el centro de mando de los conflictos externos y múltiples homicidios", calculan desde IP.
Y está la contrainteligencia. Básicamente, se trata de cuidar que las bandas no consigan información que pueda serles útil. Ejemplo a evitar: el 2 de marzo pasado, dos colectivos que trasladaban a casi 100 guardiacárceles santafesinos fueron atacados a tiros por hombres que se trasladaban en un auto e interceptaron al grupo.
Por suerte, en ese incidente no hubo heridos de gravedad. Pero quedó claro que el dato del traslado se filtró de alguna forma y se sospecha que el tiroteo tuvo que ver con “presos de alto perfil” del penal de Piñero, donde están segundas y terceras líneas de las bandas más importantes de esa provincia y donde los jefes narco siguen operando hace años a través de teléfonos celulares.
Dicho sea de paso: en Mendoza el tema teléfonos también está en agenda. Hay intención de ir sacando los más de 3.000 aparatos que hubo en su momento en los complejos locales -pandemia mediante-, aunque todo indica que no será un proceso sencillo.
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El control del personal y las drogas
Otro frente es el del personal propio. Si bien los penitenciarios se han ido profesionalizando con el correr de las décadas, el contacto cotidiano con los delincuentes puede producir acercamientos y, en el peor de los casos, la incorporación de efectivos al mundo del hampa.
No son hipótesis descabelladas: el 12 de diciembre de 2023, toda la cúpula del Sistema Penitenciario cordobés fue presa, acusada de asociación ilícita y vinculada a un "call center tumbero" con el que se hacían estafas virtuales. En Santa Fe también abundan los indicios de que las bandas han penetrado hondo en las filas de la fuerza. El plan es que por estos pagos eso no ocurra.
Por último, la IP se ocupa de detectar e incautar las drogas que circulen dentro de las cárceles. La Policía de Mendoza tiene una Dirección de Lucha contra el Narcotráfico, pero tras las rejas los operativos corren por cuenta del propio Sistema Penitenciario, bajo la órbita del juzgado federal de turno.
Tres funciones primordiales, entonces: monitoreo y clasificación de los internos, control de los propios efectivos y combate a las drogas dentro de los penales.
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El futuro de la Inteligencia Artificial en las cárceles
Cuando un detenido ha pasado años en el mismo entorno, un cambio mínimo puede ponerlo en guardia. Conoce cada centímetro de ese paisaje.
Un penitenciario que se para en un lugar distinto, el gesto casi imperceptible de tensión en su cara o las inflexiones de una voz despertarán alarmas.
"Para resolver eso se pueden utilizar dispositivos electrónicos -cámaras, etcétera-. Lo que pasa es que no alcanza con el aparato solo y a la vez hay que mantener el derecho a la intimidad del interno. Aparte, no te sirve tener grabaciones de horas y horas si no podés analizarlas. Tenés que usar software de inteligencia artificial que detecte patrones de conducta. Si un tipo no salió de su celda en todo el día, por ejemplo. O si circula por lugares por donde antes no iba", reseña el especialista consultado.
Por ahora, esas potencialidades no han sido aplicadas en los penales provinciales. Pero están en carpeta.
"La verdad, no es eficiente tener a una persona revisando las cámaras 8 horas diarias -analiza la fuente-. La IA te permite, en cambio, sintetizar esos comportamientos. Y no siempre tiene que ver con los conflictos, sino que puede relacionarse con la salud. Tengo un interno que hace tiempo no sale al patio: ¿qué le pasa?, ¿sufre depresión?, ¿le duele algo?".
A la vez, referentes del área reconocen que no se puede confiar 100% en la tecnología, porque un corte del suministro eléctrico podría traer caos. "El factor humano, pase lo que pase, seguirá siendo fundamental", recalcan.
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