Por Soledad Segadesegade.soledad@diariouno.net.ar
Está acusado de haber asesinado a golpes a su hija, quien murió el 30 de noviembre de 1999, dos días después de haber cumplido un año. Mientras él declaraba, su actual pareja y su hermana lloraban desconsoladas.
Declaró Alejandro Amitrano y aseguró que todas las decisiones las tomó junto a la madre de su hija

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“Nunca ningún médico nos habló de maltrato ni de lesiones óseas de Rosarito, en ningún momento. De eso me enteré todo en este juicio”, dijo Amitrano en su declaración ante los jueces Rafael Escot, Liliana De Paolis y Alejandro Gullé. “Nosotros nunca le pegamos a nuestra hija”.
El problema grave surgió en noviembre de 1999. “Esa mañana iba con Rosarito en el auto, ella iba en su sullita en el auto y ahí vomitó, medio verde y pasé por el trabajo de Cecilia –su ex pareja y madre de la nena-. Ella me dijo que la bañáramos y viéramos como estaba. Yo dije que había tomado un poco de gaseosa para aportar algo más para ver qué tenía Rosarito, no era para ocultar algo”, relató Amitrano.
Mientras el acusado relataba lo ocurrido en 1999, en el fondo de la sala su actual pareja Rosana Godoy y Valeria Amitrano, su hermana, no paraban de llorar.
“La bañó Cecilia, fuimos al Policlínico de Cuyo pero Rosarito no estaba inconsciente como se dijo. Ahí el médico no nos habló nunca de gravedad, ni que se podía morir o que estaba en estado crítico”, señaló el acusado de matar a golpes a su hija.
“Cuando salimos del médico yo le pregunté a Cecilia si la veía como para estar internada y a los dos nos parecía que no. Le dimos unas gotitas de reliverán, la veíamos bien, la acostamos a dormir. Después Cecilia quiso ir a una iglesia en el Challao para buscar agua bendita. Me dijo ‘así nos sacamos un poco la mufa’”, recordó Alejandro Amitrano, “Cuando volvimos ahí sí la vimos decaída”.
Aseguró: “Yo nunca me negué a que estuviera internada, fue una decisión de los dos. Habíamos pasado una situación horrible en el Hospital Italiano”.
Finalmente Rosario fue llevada ese mismo día al Hospital Notti, donde según Amitrano los médicos le dijeron que tenía un cuadro severo de meningitis. Pero al otro día fue operada de urgencia por un estallido en el intestino delgado.
“Al principio nos atendieron muy bien, pero al otro día empezaron a tratarnos mal. A mi me dejaron entrar una sola vez a terapia a verla y después no me lo permitieron más. Decían que lo que le pasaba a Rosarito era culpa mía”.
Sostuvo que la nena, quien murió dos días después de haber cumplido un año de vida, nunca tuvo un impacto fuerte como para tener lesiones óseas.
Dijo: “Mi papá hizo venir a dos abogados amigos de él, quienes me contaron que me iban a arrestar, pero no sabían a dónde me iban a llevar. Lo hablé con Cecilia y me dijo que no sumara más problemas y que tomara distancia. Todo creyendo que Rosarito iba a vivir”.
Alejandro se fue el 26 de noviembre se fue de Mendoza y el 29 habló con Cecilia quien le dijo que estaba muy contenta porque Rosario iba a salir adelante. “Al otro día me enteré por mi mamá la muerte de mi hija y a partir de ahí fue todo peor. Cecilia no me quiso atener más el teléfono. Mi vida perdió el rumbo y no supe que más hacer”.
Sostuvo que pensó en entregarse, pero su padre le había pedido que no lo hiciera porque no estaban dadas las condiciones de seguridad para él. Tiempo después un abogado penalista le dijo que si se entregaba iría preso y debería esperar el día del juicio en la cárcel. “La causa estuvo muy cerca de prescribir, yo estaba esperando eso para poder venir, denunciar todo lo que pasó y no correr peligro como ahora que estoy preso.
“Si mi idea hubiese sido desaparecer me hubiese ido a cualquier parte del mundo. Tuve 14 años de ventaja y no lo hice. También me quise suicidar dos veces. Después me aferré a mi actual mujer, -con quien vivía en Entre Ríos- con quien me puse en pareja en el 2005. Me acostumbré a esa vida”.