Una pausa para almorzar se transformó en una escena de extrema violencia y crimen en La Matanza. Juan Manuel Oviedo, un pintor de obra de 36 años, fue asesinado de tres disparos mientras comía un pancho parado frente al lavadero de autos de un amigo, en la zona de Villa Dorrego. El crimen está desconcertando a los investigadores.
Crimen sin piedad: se estaba comiendo un pancho en la puerta del negocio de un amigo y lo fulminaron
Un pintor de 36 años fue asesinado de tres disparos mientras comía un pancho, en un crimen que ha desconcertando a los investigadores

El crimen en La Matanza se produjo cuando Juan Manuel Oviedo se estaba comiendo un pancho en la puerta del negocio de un amigo.
Quienes están a cargo de la investigación han puesto bajo la lupa los llamativos baches e incongruencias en el testimonio del único testigo directo y propietario del lavadero, quien tras declarar optó por ausentarse y es buscado por la Justicia.
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Crimen en La Matanza: la secuencia fatal
El crimen de La Matanza se desencadenó cuando Juan Manuel Oviedo, oriundo de la zona de Laferrere, se encontraba en las inmediaciones del comercio de su amigo, identificado como José.
Según los primeros elementos que recolectó la investigación, la víctima estaba tranquila comiendo un pancho cuando fue sorprendida por una balacera letal que le provocó la muerte casi en el acto a raíz de tres impactos de bala.
En las horas posteriores al crimen, José brindó su versión ante las autoridades policiales para explicar el origen del violento ataque. Sin embargo, su coartada y los argumentos comenzaron a hacer agua a medida que los peritos de la Policía Científica y los investigadores judiciales profundizaron las requisas en la escena del crimen.
Elementos comprometedores en el crimen
El giro en la causa se precipitó tras una serie de inspecciones oculares dentro y fuera del lavadero. Los efectivos constataron un detalle por demás sugestivo: las cámaras de seguridad que habrían debido registrar el ataque habían sido retiradas del lugar.
Además, durante el rastrillaje interno en el lavadero, los uniformados secuestraron vainas servidas y un cargador calibre 9 milímetros, indicios que debilitan fuertemente la hipótesis inicial aportada por el dueño y abren la puerta a escenarios más oscuros, vinculados quizás a disputas internas o actividades ilícitas que se tejían tras la fachada del negocio.
Por el momento, la fiscalía a cargo del expediente caratuló la causa y mantiene abiertas múltiples líneas de investigación.